Capítulo 16.
Año 2011.
Con toda su indignación, el señor Greaves estaba disfrutando y mucho de la dramática situación surgida de la visita de Will a la casa de Nancy Price.
«A ver lo que encuentra. Tiene que haber algo que le ayude a aclarar las cosas», le había dicho al darle la llave.
Ninguno de los dos sospechaba que lo primero que encontraría Will sería una chica tiritando y delirante en la cama del piso de arriba. Y sin embargo, a una parte pequeña de Will no le había extrañado descubrir que era ella. Lo había sabido desde el principio, solo que no se había fiado de su instinto.
—Y encima una chica —decía ahora el señor Greaves, gesticulando con ímpetu con la mano buena a medida que se iba entusiasmando con el tema de conversación—. ¡Eso ya sí que es el colmo! A ver, ya sé que salen en las noticias tambaleándose tan borrachas como soldados de permiso, pero ¿allanando moradas? —Negó con la cabeza—. No entiendo nada… En mis tiempos las damas eran damas. Con alguna que otra excepción, claro… Will fue hacia la puerta y carraspeó nervioso para interrumpir al señor Greaves antes de que empezara a contarle sus experiencias con mujeres de dudosa moralidad.
—Debería volver con ella, señor Greaves. La verdad es que está bastante mal…
—Bueno. Pues le está bien empleado. ¿O no?
—Pues no sé qué decirle… Es bastante joven y creo que es muy posible que esté asustada. —Recordó la manera en que se había sobresaltado y luego retrocedido cuando le había dirigido la palabra la primera vez. Recordó la tensión de sus movimientos y el pánico en sus ojos abiertos de par en par y se preguntó qué le habría ocurrido para que hubiera acabado allí—. Tengo la impresión, y ya sé que eso no justifica lo del allanamiento de morada, de que lo hizo porque no tenía alternativa. Estoy seguro de que está allí porque no tenía adónde ir. El señor Greaves no dijo nada; estaba tan silencioso que, por un aterrador momento, Will pensó que había tenido otro ictus y se alegró fugaz e inmensamente de que hubiera una ambulancia en camino. Entonces el anciano emitió un pequeño gruñido de aprobación.
—Es culpa del gobierno. Los jóvenes de hoy en día ¿qué futuro tienen? No hay trabajo ni viviendas. No es de extrañar que terminen en las calles.
—Desde luego. —Will abrió la puerta para, ahora sí, escapar—. Voy a esperar con ella a que llegue la ambulancia y luego vuelvo. El anciano gruñó de nuevo. Estaba mirando por la ventana y la expresión de su cara se había dulcificado.
—Me acaba de recordar algo que me dijo Nancy hace años. Dijo que esa casa llegó a su vida cuando no tenía adónde ir. Así que quizá lo que ha hecho esta chica no sea tan malo. —Rio en voz baja—. No es más que la historia que se repite. En cuanto Will abrió la puerta, el frío lo envolvió y la humedad le tapó la nariz y la boca igual que una mordaza.
No era de extrañar que la chica estuviera enferma, viviendo de aquella manera desde Dios sabía cuánto tiempo. La tarde daba paso a la noche y encendió el interruptor que había en el arranque de las escaleras con más esperanza que confianza. La oscuridad persistió y se preguntó cómo se las habría arreglado sin calefacción ni luz; sin poder cocinar o poner agua a hervir. Recordó el día que la vio en el centro de ocio metiendo monedas en una máquina para comprarse un café barato y casi gimió en voz alta. Si le hubiera dejado ayudarla entonces…
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A UN PASO DE PERDERTE
RomanceUnirse en matrimonio en tiempos de guerra es difícil, pero es más difícil descubrir que tus sueños se derrumban el primer día de casados. Pero entonces Candy conoce el verdadero amor con Terry y sin embargo un abismo lo separa. Él juro amarla toda...
