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A UN PASO DE PERDERTE 18

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Capítulo 18.

31 de julio del 43

Mi querida niña:

Hoy ha sido una locura. Demencial, una pesadilla de diecinueve horas de duración. No estoy seguro de estar despierto, porque oigo motores y siento las manos agarrotadas como si las tuviera todavía en la palanca de mandos. Necesito dormir, pero necesito más hablar contigo, aunque sea por escrito. Candy, daría casi cualquier cosa por una noche contigo ahora mismo. Me conformaría con poder abrazarte y oler el aroma de tu pelo. Dos misiones más completadas. Me quedan cuatro. Si salgo vivo de esta te casarás conmigo, ¿verdad? No sé cómo lo haremos. Me da igual si es los dos solos en la ruinas de St. Clement Danes al amanecer, siempre que me prometas pasar el resto de tu vida conmigo. Te quiero, Candy.

Cuídate mucho, hazlo por mí.

Terry x.

8 de agosto del 43.

Querida Candy: Perdona el largo silencio y también mi última carta, que tengo la sensación de que debió de parecerte algo descabellada. Entonces no lo sabía, pero cuando la escribí estaba incubando la gripe. No me he librado de nada: fiebre, alucinaciones y un dolor tal por todo el cuerpo que estaba seguro de que me habían disparado y se me había olvidado. Cuando recuperé la consciencia en el hospital, pensé que la enfermera rubia era alemana. Lo peor de todo es que los chicos han terminado su periodo de servicio sin mí, pero puesto que también lo han hecho sin Johnson y sin Harper, supongo que debo considerarme afortunado. Morgan y Adelman vinieron a verme después de su última misión. Se las arreglaron para colar una botella de bourbon y conseguimos emborracharnos como cubas antes de que la enfermera nos pillara y los echara a los dos. Si hay algo peor que tener la gripe es tener la gripe con una resaca monumental. Créeme. He estado diez días de baja y, tumbado aquí hora tras hora, no he podido evitar pensar en todo lo que podríamos haber hecho de no haberme puesto enfermo. Podría haber estado en Londres, en la casa de Greenfields Lane, contigo. Pienso en ti todo el tiempo, lo que me produce un placer entre dulce y amargo. Amargo porque me hace echarte más de menos y dulce por…, bueno, por razones obvias. Espero que en los próximos dos días me declaren apto para volar otra vez y me asignen una nueva tripulación. Va a ser duro, pero solo me quedan cuatro misiones y entonces podremos empezar el resto de nuestras vidas. No sé lo que pasará, pero ahora tenemos un sitio donde estar juntos, cómo y cuándo podamos. Cuídate mucho, mi niña querida, hazlo por mí.

Terry x.

--¿Te vas a comer eso? —Nancy miró el trozo reseco de bizcocho de frutas que Candy estaba desmigajando, distraída—. Porque si no, yo estoy muerta de hambre. Candy empujó el plato hacia ella. Había pedido el bizcocho porque había percibido la desaprobación de la camarera uniformada al decir que solo quería té. Nancy había llegado tarde y, al ser sábado, había mucha gente esperando para conseguir una mesa. Candy no tenía apetito últimamente, suponía que debido a la preocupación. Terry había salido ya del hospital y se había reincorporado al servicio y cada día se levantaba sintiéndose indispuesta sabiendo que podía estar volando y dirigiéndose al corazón de Alemania con toda la artillería del enemigo apuntando hacia él. Al otro lado de la mesa, Nancy se terminó el bizcocho y sacó del bolso un paquete de cigarrillos de aspecto caro. Encendió uno y se recostó en el respaldo de su asiento.

—Qué dolor de pies —dijo, cruzando las piernas para llamar la atención sobre sus zapatos de piel color crema de tacón alto. Había dejado el salón de belleza y, financiada por Len, dedicaba sus días a cuidar la suya propia, aunque no parecía obtener de ello gran satisfacción—. Llevo todo el día dando vueltas por Debenham y Freebody buscando un vestido, pero esos trapos finos como el papel que venden no sirven más que para fregar suelos. Necesito algo espectacular. Algo exclusivo.

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