-Cap. 13. [Libro 2]

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Escuché un golpe seco procedente del comedor. Me levanté de la cama, asustada. Mierda, ¿sería un ladrón? Empecé a buscar mi teléfono, dispuesta a llamar a la policía, pero joder, el asqueroso no estaba por ninguna parte. ¡Mierda, mierda, mierda! Resoplé por las napias, enfadada.

Bueno, ¿que era lo peor que me podría hacer? ¿Robarme? No tenía muchas cosas de valor. ¿Pegarme? Mientras no me matase.... Aunque... ¿Matarme? De todos modos ya estaba más muerta que viva, así que, ¿por qué no aligerar el proceso de este calvario? No tenía mucho por lo que seguir viviendo, la verdad.

Me armé de valor, y ciertamente no sabía de donde lo sacaba, pero encontré fuerzas para salir por la puerta de mi microscópica habitación, caminando sobre las puntas de los pies. Los ruidos parecieron cesar durante un instante. Aguanté la respiración, ahora que el miedo empezaba a afectarme. Miré hacia el salón, escondida en el pasillo. Y entonces, algo me tocó el hombro. 

        -¡JO-DER! -Grité, cuando le ví.

Rubius estaba de pie, enfrente de mí, con cara de sorprendido, mientras me miraba. El muy idiota estaba en pijama, con unas ridículas pantuflas de dinosaurio.

        -¡¿Qué cojones haces aquí? ¿TÚ ESTAS LOCO O QUE TE PASA? -Le grité, mientras empezaba a pegarle, totalmente enfadada.

        -¡Callate, no grites, vas a despertar a tus padres! -Susurró, al tiempo que ponía una mano en mi boca. Se la aparté de un manotazo.

        -Pero... ¡¿TÚ ERES GILIPOLLAS O QUE TE PASA?! ¿QUÉ        COÑO        HACES        EN        MI        CASA!  -Dije, arrastrando las palabras con rabia contenida.

        -¡Se me había escapado Raspy! Salió por mi patio y saltó hasta el tuyo, y venía a por ella.

        -¿Y no sabes llamar a la puerta o qué? -Le espeté.

        -Sí, como si fuera tan fácil llamar a las dos de la madrugada a la casa de tu nov... vecina para decirle que se te ha escapado el gato y ha ido a parar a su patio. -Ironizó, y no me gustó un pelo lo que casi se le escapa.

        -Te puedo denunciar.... Te puedo denunciar por allanamiento de morada, y es lo que voy a hacer. -Dije, y le miré desafiante.

        -No tienes pruebas, pelirroja. -Dijo, algo cabreado.

        -¡No me hacen falta! Seguro que algún vecino te habrá visto, o escuchado.

     -No creo que nadie me haya visto. Además, no serías capaz. -Dijo con una sonrisita de suficiencia. Parecía muy pagado de si mismo.

        -¿De verdad crees que me faltarán huevos para denunciarte? ¡JA! -Solté, cruel.

        -No, sé de sobra que tienes bastantes cojones, pero no me refería a eso. 

        -¿Entonces a qué te referías

        -A que no querrías hacerlo.

        -De todas las cosas ridiculas que he...

        - Sino, ¿porqué no has llamado aún a la poli? —Sonrió.

Mierda. ¿Y ahora que le decía?

       -Eres peor que una hiena de mierda. —Se me ocurrió decirle, puesto que estaba hasta las narices de todo.

       -Una hiena no mola. Un lobo, en plán Crepúsculo, ¿no crees?

       -¡Me pones de los nervios! —Dije, y salí corriendo hacia alguna parte de la casa.

      -¡Espera! ¿No sabes que sino quieres que te atrape un lobo, lo peor que puedee hacer es correr? —Dijo mientras se reía, y me abrazó por detrás.

Entonces, todo se me vino encima.

La hora. Su respiración jadeante en mi oreja. Sus pálidos brazos alrededor de mi cintura. Su risa. Sus ojos. Su todo. Sentí un leve mareo, y la habitación empezó a darme vueltas sin parar. Perdí el equilibrio, pero el me sostuvo más fuerte.

        -¡Eh! _____, ¿estás bien? —Dijo, examinando mi cara.

        - S... sí... —Murmuré.

Abrí los ojos, y la coraza que había intentado crear para apartarle de mi lado se vio reducida a cenizas.

La luz de la luna relampagueando en sus ojos de los verdes. Sus labios... que me suplicaban a gritos que los besara. Toda mi determinación se desvaneció por completo cuando empezó a acercar su rostro al mío, mientras sus ojos ya empezaban a cerrarse. Empecé a sentir su atenuada respiración en mi boca. Justo cuando pensaba que iba a juntar nuestros labios, noté como cogía un mechón de mi pelo pelirrojo, y lo acariciaba con ternura.

       -Tu pelo es muy bonito.

       -¿En serio? —Discrepé, incrédula.

       -¿Qué? —Preguntó, divertido.

        -Pensaba que ibas a...

        -¿A besarte? Pero si soy un animal, no puedo besar a las niñas guapas. —Rió.

Se me encendieron las mejillas.

-¡Fuera de mi casa! —Grité.

-Espera, voy a por Raspy.

Desapareció de la habitación durante unos 5 minutos. Yo me quedé de pie, en la oscura habitación, intentando que no se me saliera el corazón del pecho y aterrizara en mitad del salón.

-Ya está. —Dijo cuando volvió de Dios sabe donde, con un gato blanco y negro en brazos.

-Ale, adiós.  —Intenté sonar indiferente.

-¿No me das un beso de buenas noches? —Se mofó.

-Adiós he dicho. —Dije entre dientes.

No me moví del sitio. Solamente me limité a esperar a que desalojara. Por fín, escuché la puerta cerrarse. ¿Que cojones acababa de pasar?

Solo cuando te ví (Rubius&Tú)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora