Capítulo 18

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Hoy es uno de esos días en donde solamente quieres meterte debajo de la tierra.
Dirán, tan malo es? Pues para ser sincera sí.
Bueno, estoy exagerando un poco, es solamente que las situaciones incómodas escapan de mis manos.
Generalmente suelo escapar o alivianar  el ambiente con mi humor, mis chistes, o mi actitud ligera, pero hoy todo es imposible.
Generalmente en la sala de desayuno solamente estamos Evan y yo. Hay una pequeña mesa en donde nos sentamos frente a frente y hablamos de cualquier cosa mientras tomamos el té.
Pero hoy no estamos solamente nosotros dos, Ean nos acompaña y es imposible quitarle la cara de mal humor a Evan.
Me aclaro la garganta y dos par de ojos me observan curiosos. Tengo una idea
-Evan. - digo. - me enseñarías a tocar el piano?
Evan arruga un segundo el ceño en sorpresa, pero luego se recupera rápidamente
-Quieres tocar el piano?. - su voz suena incrédula, aunque su rostro no muestre emoción.
-Hay algún problema con eso?. - digo alzando la barbilla en gesto desafiador
Se rectifica rápidamente
-No, no, no. Es solo que..
-Cómo sabes que mi hermanito toca el piano?. - interrumpe Ean
Me pongo colorada a lo tomate al recordar esa vez y Evan le lanza miradas de "métete en tus propios asuntos"
Sus cejas están casi tocando su cabello en sorpresa, cuando la comprensión llega a él su rostro cambia rápidamente.
Estalla en carcajadas tan repentinas que Evan y yo nos miramos en confusión
Sigue desternillandose de risa y golpea una de sus rodillas. Alejo la mirada rápidamente
Evan también hace ese mismo gesto cuando ríe completamente y no quiero pensar en Ean como si fuera Evan.
Evan es mucho mejor.
-Caray hermanito. - dice Ean recuperándose del ataque de risa y con los ojos aguados de tanto reír. - estás totalmente colado verdad?
Arrugo el ceño sin entender
-Qué quieres decir?. - pregunto casi inconscientemente
Evan desvió la mirada como si esto le aburriera completamente
-Sabes pequeña?. - Ean que está al otro lado de la mesa acerca por encima de ella y apoya los codos como si fuera a contar un gran secreto. Escucho como Evan gruñe ante el apodo que Ean me dio y él solamente se ríe con diversión.
Me quise morder la lengua cuando pregunté eso. ¿Porqué se supone que yo debo hablar con Ean siendo que él me besó?
-Mi hermanito no tocaba para nadie ni nada, tan sólo lo hacía para si mismo y cuando estaba su tutora. - se encoje de hombros. - ni siquiera yo lo he escuchado ni una sola vez
Abro la boca y los ojos en total sorpresa. ¿Evan me dejó escuchar su música y no a su propia familia? No sé como aceptar todas las emociones que me causa.
En esa madrugada prácticamente me dejó ver su alma y su vulnerabilidad
Evan sigue mirando hacia otro lado como si ni siquiera nos estuviera prestando atención. Pero sus hombros tensos me demuestran todo lo contrario.
-Evan?. - comienzo, pero él se levanta bruscamente de su asiento
Sofoco un grito por que ese movimiento me tomó con la guardia baja.
-Me voy. - anuncia Evan a nosotros dos en general.
-Pero.. - quiero protestar, pero él me mira sobre su hombro y alza el brazo contrario al mismo
-Es hora. - dice como si eso lo explicara todo y apunta a su reloj de armazón de oro
Rueda los ojos al ver que no entendí.
-Todos debemos prepararnos para el ensayo de la sucesión. - fija su mirada un instante en Ean y luego la vuelve a poner en mí.
-Dile a tus doncellas que tienen media hora
Prácticamente va trotando y se pierde en los pasillos, dejándome sola con quien menos quiero estar
Oigo a Ean suspirar
-No ha cambiado absolutamente nada en estos años. - apunta mirando todavía al pasillo. - Lastima a las personas con su indiferencia.
Me tenso instantáneamente lista para defender a Evan, cuando me mira y sonríe como la primera vez que lo vi
-No te preocupes fiera. - dice levantándose suavemente del asiento. - me tengo que preparar, guarda las garras. - se ríe él solo de su propio chiste. - y apuesto a que tus doncellas se volverán locas con tan poco tiempo de preparación
Pasa a mi lado y fija su mirada en mi mano, en especial en el dedo en donde sigo teniendo el anillo que Evan me dio, de forma simbólica claro. El que arrancó de mi vestido.
Un brillo malvado aparece en sus ojos y resisto la urgencia de tapar mi mano.
Me guiña un ojo, se aleja a paso lento y relajado mientras se pierde también en los pasillos pero con un camino diferente al que Evan tomó.
Suspiro con cansancio, un mareo repentino hace que coloque la cabeza contra la mesa y cierro los ojos fuertemente.
Debo enfrentarlo, debo hacerlo. Debo decirle que no le corresponderé jamás sus sentimientos y lo más importante de todo. No seré suya.
Me levanto a paso decido hacia mi cuarto, mientras regalo una sonrisa que no me llega a los ojos a la servidumbre y una sensación horrible me inunda. Esa maldita sensación que me avisa que algo saldrá irremediablemente mal.

El ContratoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora