Capítulo 11

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El dolor de una supuesta traición.

Había llegado con muchas esperanzas y regresaba con desilusiones. La noticia sobre el compromiso de Candy le había golpeado con tanta fuerza que todavía se sentía aturdido. Eran las 10 de la mañana cuando subió al tren ansiando que volará tan rápido como fuera posible, talvez la encontrara, no, era en vano, no era posible, llevaba muchas horas de viaje que ya no la alcanzaría. En su lugar en el tren se hacía acompañar de otro joven con aspecto sombrío, quizás de un peor semblante que el suyo. No le importó, total su personalidad esquiva e introvertida era la barrera perfecta en esos momentos, huraño desde su nacimiento, que el entablar plática con alguien no era su fuerte, si por él fuera habría viajado absolutamente solo. Pese a todo lo sucedido Terry había dejado de ser aquel niño avasallado y había aprendido a soportar los embates de la vida, cada golpe sufrido ahora lo soportaría con dureza. Su rebeldía seguía estando y su arrogancia y demás continuaban en su mismo lugar. El libro en sus manos ayudaría quizás a aplacar un poco la ira y la frustración que cargaba a cuestas, lo mantendría ocupado y de paso el sujeto al frente con mirada suspicaz entendería que no quería ser interrumpido.

-¡Siento mucho molestarle!- dijo de improviso, Terry dejó a un lado su libro

-¿Disculpe?

-Que siento mucho interrumpir su lectura, pero ¿cree usted que vale la pena encerrarse en sí mismo?

el castaño volvió su mirada con gesto reprobatorio ¿quién era ese metiche para opinar sobre él?- pensó- sea lo que sea lo que le esté pasando, no lo haga.

-No sé de qué habla... Señor...y si me disculpa trato de leer un libro.

- ¡Lo sé!, pero también he visto como no ha podido concentrarse en su lectura. Lo he observado por largo rato.

-¿y?...

-Soy Lorenzo Giardi de la Ciudad de Florencia...Psicólogo... no tengo idea de lo que pasa en su vida, pero no es bueno que se encierre. Un consejo escuche.

-¡Me va disculpar si resulto grosero!, pero ¡No pretenderá que le cuente a un desconocido mi vida!...muchas gracias.

-¡Esta bien! Solo trataba de hacer un poco de plática y hacer llevadero estas horas que nos faltan de camino- El médico volvía su vista a la ventana y sonreía al sentir la brisa vespertina. El castaño recapacitó que había sido muy poco amistoso con el Médico.

-Soy Terence Graham, actor de la Compañía Stratford en Nueva York. Soy inglés y siento haberme comportado de mala manera.

-Creo haber escuchado su nombre en algún lugar, pero que ahora no lo recuerdo...bueno no importa y no se preocupe que todo en la vida tiene solución excepto la muerte, esa es inevitable y sin embargo aprendemos a vivir con esa situación. Nos lamentamos en años y luego el dolor se va desvaneciendo-Terry asintió mirando a su interlocutor.

-Tiene usted razón. La vida es tan corta que no logramos apreciar las cosas maravillosas que tiene- dicho esto Terry le sonrió débilmente y se volvió a su libro. El italiano tan solo se encogió de hombros entendiendo de nuevo su gesto. Salió de la habitación para tomar un poco de aire, se sentía cansado pues llevaría casi dos días viajando, mientras Lorenzo leía un enorme libro sobre conceptos humanos y comportamiento, regresaba cansado y dormiría en el sofá cama dispuesto a cada viajante.

Candy y Debbie habían arribado a Nueva York. En cuanto pusiera un pie en la mansión se encargaría de la visita al Señor Barheton y sin dar un respiro regresaría de nuevo a Chicago. Quería ver a Terry de forma discreta, aunque sea solo para saludarle, pero desistió, si lo viera no iba a contener los deseos de lanzarse a sus brazos y no, no era lo que debía hacer.

Vuelve  a mis brazosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora