CAPÍTULO 13

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Robar era una de las faltas más graves del internado. Era lógico, no podíamos permitir que los chicos se convirtieran en ladrones y se quedaran con dinero o con cosas de los demás. Lo que no tenía ningún sentido es que llamaran "robar" a lo que había hecho Lucas. Había cogido un poco de leche. Es como si uno se levanta por la noche y bebe agua. ¿También le llamarían ladrón por eso? Si hubiera dependido de mí, solo le hubiera regañado por entrar en la cocina sin permiso: él era mayor, y seguramente no iba a hacer tonterías, pero los pequeños podían seguir su ejemplo, y un grupo de niños de once años haciendo el tonto era capaz de prender fuego a la cocina o de ponerse a hacer el cafre con los cuchillos. Que uno pensaría que ya eran mayores para jugar con cosas peligrosas, pero tenían justo la edad perfecta para empezar a retarse a hacer tonterías. Y si retas a un adolescente a hacer algo, lo hace, aunque le retes a lanzar un cuchillo y clavarlo contra una pared.

Si el internado estuviera atravesando problemas económicos, que no era el caso, tal vez le hubiera explicado también que esa leche era necesaria para el desayuno de todos. Pero lo cierto es que la situación del colegio no era para nada crítica, y la comida y en especial la leche sobraban. Lucas sabía eso de sobra y por eso había pensado que no pasaría nada si cogía un poco para el gato. Y seguramente no habría pasado si hubiera sido más discreto y no hubiera dejado la puerta abierta ni la jarra en el fregadero. Se veía que era bastante torpón para actuar en secreto, lo cual era adorable, pero también algo desesperante, dada la situación. Al menos, había sido lo suficientemente prudente como para omitir al gato, ya que visto cómo se las gastaban allí no sé cómo hubieran reaccionado. Lucas había dicho que la leche se la había bebido él, la noche anterior, porque le estaba costando dormir y pensó que un vaso le ayudaría a conciliar el sueño. Y el director le creyó por completo, pero por alguna razón lo vio como algo inadmisible.

- Mientras tus compañeros desayunan, tú irás al gimnasio, Lucas – dictaminó el director.

Imaginé que, si Lucas hubiera tenido un guardián, ante una acusación de robo le habrían ordenado que fuera a su cuarto, su guardián le habría castigado y luego hubiera tenido que ir al despacho del director, donde seguramente hubiera recibido otro castigo. Pero los de último año no tenían guardián, ya que el día anterior me habían ofrecido a mí el puesto, y como escogí a los de primero, seguía vacante. Lo que no terminaba de entender era por qué le enviaba al gimnasio, pero para Lucas sí debía de significar algo.

- No... no, por favor... Ya he dicho... ya he dicho que lo siento. Yo no robé nada, solo tenía sed...

- Para eso tenéis agua en el cuarto.

Aproveché que tenía a Enrique cerca, que había llegado ya con su curso, y le toqué el brazo para llamar su atención.

- ¿Por qué al gimnasio?

- Solo se me ocurre un motivo y realmente espero que no lo haga – me respondió. Eso no me tranquilizó demasiado.

- ¿Qué motivo? Habla, Enrique, por favor...

- Le va a castigar delante de los demás alumnos.

- ¿Qué? Pero eso no se puede... - protesté.

- No hay nada que lo prohíba... Es cierto que los castigos suelen ser en privado, pero cuando ocurre algo grave a veces se hace para... para darle un escarmiento o... para dar ejemplo... A mí tampoco me gusta – añadió Enrique, frunciendo el ceño. – Ese chico no ha hecho nada serio, y aunque así fuera, no consigue nada humillándolo.

Me indigné mucho. Más que indignado, estaba furioso. Yo jamás había hecho algo como eso, castigar a un chico así. La verdad es que en mis anteriores colegios tampoco había dado muchos castigos, porque allí solo era profesor, no guardián, y mi trabajo en principio era solo dar clase. Pero en alguna ocasión algún alumno se ponía difícil... Hubo una vez que uno me lanzó un diccionario a la cabeza. Y recuerdo perfectamente que incluso esa vez, que estaba muy cabreado, esperé hasta el final de la clase hasta que se fueron todos antes de castigar al chico. No obstante, sabía de otros profesores que sí lo hacían frente a toda la clase... Jamás hubiera esperado que a alguien se le pudiera ocurrir hacerlo frente a todo un colegio. Ya que estábamos, tampoco me parecía normal castigarle dos veces. Precisamente habían inventado el sistema de los formularios para no ser demasiado duros con ellos y aquello lo contradecía.

El ángel entre las rejasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora