CAPÍTULO 26

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Me encontraba ante un dilema con fácil solución pero difícil ejecución. Antes de que llegara al padre de Votja, tenía que informar al director. No tardaría mucho en enterarse de que había un padre en el internado fuera del horario establecido. La cuestión era cómo hacerle participe de su visita sin contarle el motivo. No quería meter en problemas a Votja.

Suspirando, porque se acababa el tiempo, llamé a la puerta del despacho del señor Bennett. Escuché un ronco "adelante" y entré.

- Señor Medel. ¿Qué puedo hacer por usted?

No me pasó inadvertido que ya no era "Víctor". Debido a lo que pasó con Lucas me había ganado su enemistad. Lo normal entre profesores de un mismo colegio era tutearse, aunque en mi largo historial de centros en los que había trabajado había llegado a ver de todo.

- Venía a decirle que el padre de uno de mis alumnos va a venir hoy...

- ¿A hablar conmigo? – se extrañó, seguramente porque no recordaba haber concedido ninguna cita.

- No, a ver al chico – respondí.

- No es fin de semana – me recordó, sin levantar la vista de sus papeles.

- Lo sé, pero se trata de Votja. Su padre no va a poder venir prácticamente nunca...

- Entiendo. ¿Lo saben en conserjería?

Parpadeé, gratamente sorprendido. Pensé que iba a poner alguna pega, aunque solo fuera porque se lo estaba diciendo yo. Pero la verdad era que las visitas fuera de hora no eran tan extrañas allí. Los padres de muchos de los niños eran famosos o grandes empresarios, con una vida complicada y una agenda casi imposible de cuadrar.

- Sí, ya se lo he dicho.

- Intentaré recibirle, pero no sé si me va a ser posible, tengo que ocuparme de varios asuntos. Encárguese usted de atenderle...

- Por supuesto.

- ¿Sucede algo con el niño? – preguntó el director, cuando ya iba a salir triunfante de allí.

- N-no... Solo... no está pasando una buena racha. Su padre cree que tal vez le venga bien ver a un especialista – respondí. No era del todo una mentira. Al menos, eso me dije para convencerme.

- ¿Un psicólogo? Aquí tenemos uno.

- Sí, pero... Ya sabe cómo son algunos padres, digamos... adinerados. Quiere que su hijo vea alguien de fuera.

El director resopló y rodó los ojos.

- No diga más. Estoy harto de los padres ricachones y sus exigencias. Un padre de un chico de tercero me acaba de pedir que permita que su hijo utilice ropa de marca en vez del uniforme deportivo para la competición de baloncesto del viernes.

Sonreí, intentando mostrarme amable y conciliador. Estábamos teniendo una conversación bastante cordial y él debía de pensar lo mismo, porque dejó lo que estaba haciendo y se puso de pie, mirándome como si quisiera decirme algo. Le vi luchar con las palabras durante unos segundos y al final resopló.

- No hace ni una semana que trabaja aquí. El otro día, cuando llegó, le dije que me alegraba de tener a alguien que no... fuera a desquitarse con los muchachos. Sigo pensando así. Pero tengo el presentimiento de que vas a ser un grano en el culo mientras estés aquí – terminó, pasando a un tono mucho más informal. - No quiero que todos mis profesores sean como Iván, pero Dios me libre de que todos sean como tú – se sinceró y aquello me sorprendió un poco. ¿Estaba intentando arreglar las cosas después de la discusión que habíamos tenido por lo de Lucas? ¿A él tampoco le gustaba la rigidez del maldito "señor López"?

El ángel entre las rejasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora