¿Habría visto bien? ¿Votja había cogido algo de la chaqueta de otro chico? Tal vez tenía permiso para hacerlo... O tal vez no. Tal vez él era el ladrón que estaba buscando. Durante unos segundos dudé si debía enfrentarlo en ese momento. No quería hacer una escena, pero al mismo tiempo le había pillado con las manos en la masa y no podía dejar pasar esa oportunidad. Caminé hacia él lentamente y Votja no debió sospechar nada, porque me recibió con una sonrisa.
- Aló – me saludó.
- Hola – respondí, dispuesto a llevar aquello con la mejor diplomacia posible. - ¿Te saliste del partido?
- Solo un rato. Hace mucho calor – dijo y bebió un largo trago de agua.
- Sí, ya he visto que todos os habéis quitado las chaquetas. ¿Cuál es la tuya? Si quieres te la llevo a la habitación, yo ya me subo.
- Oh, es esa de ahí, pero no hace fal... - comenzó Votja, con su fuerte acento, pero entonces se detuvo, como percatándose de un error irreparable. Mi pregunta fue demasiado evidente y en sus ojos se formó la sospecha de que tal vez yo supiera lo que había hecho.
- ¿Esa? Qué extraño, antes me pareció ver cómo cogías algo de esta de aquí...
- Sí, esa quise decir, es que confundí, son todas parercidas. – balbuceó, pero para ese momento era evidente que mentía. No tenía grandes dotes de interpretación.
- ¿Qué cogiste, Votja? – pregunté, serio, deseando que no hubiera más mentiras ni excusas.
- Yo no cogí nada, estás confuso...
- Confundido. Y no, no estoy nada confundido. Tú estás confundido, si crees que voy a dejar que me tomes el pelo así.
Votja guardó silencio, abrumado por esa sensación de vergüenza y pánico que experimenta uno cuando le descubren en medio de un acto socialmente condenado o directamente prohibido. Pero además percibí en él algo diferente... Por un segundo, sentí que estaba viendo un espejo rajado a punto de romperse.
- No sé qué hablas, yo no hice nada.
- ¡Deja de negarlo! – me frustré. – Acabo de verte. Vacíate los bolsillos.
- No llevo nada...
- ¡Vacíalos! – le exigí. Votja se llevó las manos a los bolsillos y sacó un paquete de chicles.
- Son míos – me dijo.
Sabía que no era cierto, pero la verdad es que con eso como única evidencia mi caso se tambaleaba un poco, porque no había nada personal en un paquete de chicles. Nada que diferenciara uno de otro, y por tanto probara que Votja había sustraído los de otra persona. Pero entonces vi algo más que asomaba de su bolsillo, que se había salido un poco al sacar los chicles.
- Mi cartera – susurré, al reconocer una de las esquinas.
- No – se apresuró a decir Votja, empujándola hacia dentro. – Es otra cosa...
- Sácalo – le ordené. – Déjame verlo.
Votja se resistía a la idea, pero finalmente comprendió que no tenía muchas salidas, así que metió la mano en el bolsillo y lo sacó. Efectivamente, era mi cartera. Prácticamente la saqué de entre sus dedos y me apresuré a abrirla, para comprobar con alivio que la foto de mis hijos estaba ahí.
- ¿Lo vas a seguir negando? – le increpé.
- Me la... encontré – susurró, batallando con las palabras no solo porque le costara pronunciarlas, sino porque no era tan rápido improvisando mentiras como lo era con las manos.
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El ángel entre las rejas
General FictionVíctor no ha tenido mucha suerte en la vida. Tras aceptar que su familia está rota, tiene una segunda oportunidad en el lugar menos pensado: un internado lleno de normas y falto de cariño. Esta historia está ambientada en una realidad paralela o en...
