CAPÍTULO 20

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Las clases ya habían acabado y los chicos estaban haciendo los deberes en la biblioteca. Ninguno había querido quedarse en el cuarto, porque yo les había preguntando al respecto de la navaja y como nadie parecía saber nada, me enfadé un poco. Les dije que de alguien tenía que ser y que no me gustaba que me mintieran.

- Solo digo que como sea de alguien de este cuarto, que se prepare. No solo tiene un arma, sino que encima me está mintiendo a la cara.

- ¡Que ya te hemos dicho que no es nuestra! – protestó Gabriel. Él fue el primero en irse, y los demás no tardaron mucho en seguirle. Supongo que pensaban que era mejor dejarme solo mientras me durara el mal humor.

Yo me quedé en mi cuartito, mirando la navaja desde todos los ángulos, como si así fuera a descubrir a su dueño. Tan concentrado estaba que me asusté un poco cuando llamaron a mi puerta. Era Darío. Miraba al suelo con algo de vergüenza y tenía un papel en la mano. En seguida recordé que le había mandado un informe por la pelea del día anterior. Se me había olvidado por completo. Le sonreí y le indiqué que pasara. Lo hizo, y miró mis manos con sorpresa.

- E... Eso es mío – dijo, señalando la navaja. Rápidamente se dio cuenta de su error, pero ya era tarde.

- ¿Ah, sí? Vaya, vaya, ¿y qué haces tú con esto en el colegio?

- Yo... yo... Es un regalo... Y suelo tenerla guardada... Hace un par de días que me desapareció...

Le miré fijamente. Así que no era de mis chicos. Aunque... alguno de ellos la había cogido, y la había escondido bajo la cama de Bosco.

- Estoy jodido, ¿no? – preguntó Darío, bastante abatido.

- Por usar ese lenguaje, desde luego. ¿Tengo que ponerte a copiar como a los niños pequeños?

Darió entreabrió los labios y negó enérgicamente con la cabeza.

- ¿Tu vuelves a casa los fines de semana? – le pregunté, y él asintió. – Te daré la navaja el viernes y quiero que la dejes fuera, ¿estamos? No la vuelvas a traer al colegio.

- Sí, señor.

- Víctor, no señor. Espero que cumplas tu palabra. Si te la vuelvo a ver sí estarás en problemas, ¿entendido?

- ¿Se lo va a decir a mi guardián? – preguntó, preocupado.

- ¿Crees que estoy loco? Iván te mata. No, no le diré nada, pero no te acostumbres. Te ha ido bien solo porque no te he visto usarla y confío en tu palabra de que la tenías guardada, pero no puedes tener aquí cosas como estas.

- Nunca más, de verdad...

- Está bien. Ahora veamos ese informe – le pedí y le eché un vistazo. Le sonreí. – Esto está muy bien.

- No sabía cómo hacerlo...

- Eso es culpa mía, que no te di indicaciones de ningún tipo, pero lo hiciste muy bien. Ahora a ser un buen chico, ¿eh?

Darió sonrió con algo de vergüenza y asintió. Se dio prisa en marcharse, quizá temiendo que cambiara de opinión con lo de la navaja.

Cuando se fue, me quedé pensando en que al menos mis chicos no me habían mentido, y ninguno era el dueño de aquel artilugio. Pero, peor que eso, la habían cogido sin permiso. Ya había visto lo que hacía el colegio con los ladrones y no quería eso para mis chicos. ¿Quién la habría cogido?

Me encaminé a la biblioteca para hablar con ellos, pero por el camino me crucé con Benjamín, que justo venía a buscarme.

- No encuentro mi compás – me dijo.

El ángel entre las rejasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora