CAPÍTULO 6

2.1K 92 8
                                        

Estaba mirando a Damián demasiado fijamente, pensando en lo que me había dicho Enrique. Ya habían vuelto todos los chicos de sus actividades extraescolares, y les había reunido en el dormitorio tal como habíamos quedado. Estaban hablando entre ellos y yo me limité a observarles, consciente de que así podía aprender bastante sobre cómo eran. Me di cuenta de que uno de los chicos estaba algo marginado del resto. Era bastante alto y llevaba gafas. Era de los que se quedaban los fines de semana, conocía su nombre... hice un esfuerzo por recordarlo...

- Borja – dije al final, agradecido por haber sido capaz de acordarme con mi pésima memoria.

- ¿Sí? – respondió el aludido, pensando que le llamaba.

- Mmm... ¿Cómo te ha ido hoy en las clases?

- ¿Hice algo mal? – preguntó con desconfianza.

- No, solo me tomo interés... Soy tu guardián, quiero conocerte un poco – le expliqué. No me gustaba ver a los chicos solos, y lo cierto es que el aspecto de ese niño gritaba "empollón" a los cuatro vientos, así que imaginé que tal vez no tenía muchos amigos.

- Los guardianes no "se toman interés". Te gritan y te regañan, nada más – replicó Borja. Caray.

- Vaya... ¿y eso lo dices basándote en tu experiencia de una semana en el internado? – pregunté, sin poder evitar sonar ligeramente sarcástico.

- Es suficiente. Además, para tu información, llevo aquí más de una semana. Estoy repitiendo este curso.

Y ahí se acabó mi teoría del empollón. Me estaba bien empleado, por dejarme llevar por las apariencias. Sin embargo luego recordé que había visto las edades de todos ellos en la lista, y todos habían nacido en el mismo año, no había repetidores. Pensándolo mejor, recordé que aquel era un colegio de élite, al que solo accedían alumnos que sobresalían por sus calificaciones o en los deportes. Era improbable que fueran malos estudiantes. Para asegurarme, fui un momento a por los papeles. Efectivamente, Borja no era repetidor. Tenía once años y además era de los que los cumplían más tarde.

- ¿Por qué me has mentido? – me extrañé, porque no tenía ningún sentido. Esa mentira no le beneficiaba en nada. – No eres repetidor. 

- Borja es mentiroso compulsivo – intervino Damián. – No te creas nada de lo que diga, solo quiere llamar la atención – añadió, poniéndole una mueca.

- Habló el llorica. Bwaa, bwaaa, hacedme caso – se burló Borja.

- Basta – corté, antes de que fueran a más. – No peleéis. Y Borja, no me gustan las mentiras. Yo sí me tomo interés, y no estoy solo para regañar, pero sí tengo algunas normas, que es por lo que os he reunido aquí a todos.

Con un gesto hice que todos me prestaran atención y me aclaré un poco la garganta.

- Veinte personas en un dormitorio pueden ser muchas. Estoy seguro de que entendéis que tenemos que tener cierto orden para no caer en el caos. ¿El señor López os puso alguna norma mientras estuvo a cargo de vosotros?

- No hacer ruido – musitó Damián. Eso me parecía algo inespecífico.

- ¿Algo más?

Damián se encogió de hombros.

- Imagino que se refería a que no gritarais mucho... Bien, eso está bien, creo que podemos mantenerlo... Algo de ruido será inevitable, pero podemos intentar tener un tono conversacional normal, ¿de acuerdo? Como hace nada, que estabais todos hablando, pero nadie gritaba. Pero necesitamos añadir algunas cosas más. ¿Se os ocurre algo?

Los veinte chicos me miraron como si estuviera loco. Por lo visto, fue muy extraño para ellos que quisiera hacerles partícipes del establecimiento de las normas... Solo obtuve un gélido silencio como respuesta, pero finalmente Benjamín levantó la mano con bastante timidez.

El ángel entre las rejasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora