CAPÍTULO 25

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Antes de poder llevar a Votja con un psicólogo, sus padres tenían que autorizarlo, obviamente. Eso me hizo dudar un poco. ¿Debía ponerles al corriente de lo que había pasado? Claro que debía, pero no sabía cómo iban a reaccionar. En mi escaso tiempo en el internado, me había llevado una decepción con varios de los padres. No sabía si los de Votja eran de los que se preocupaban por su hijo o no. Con el teléfono de un especialista encima de la mesa y con el expediente de mi alumno justo al lado, respiré hondo y marqué el número de su casa.

Me atendió una mujer de voz dulce que apenas hablaba mi idioma, pero entendía lo suficiente como para saber que tenía que pasarme con su marido, que lo hablaba perfectamente. Apenas tenía acento, de hecho, y eso explicaba por qué Votja apenas cometía errores aunque no fuera nativo.

Descubrí con alivio que sí se interesaba por su hijo. Me preguntó cómo estaba, si se estaba adaptando bien al colegio, si había hecho amigos. Respondí con todos los detalles que supe dar, contento porque no se pareciera al padre de Benjamín.

- Bueno... Supongo que no me ha llamado solo para contestar a mis preguntas. ¿Se metió Votja en algún lío? – me preguntó, después de un rato.

Pensé cuidadosamente mi respuesta. Realmente era algo que prefería hablar en persona, pero ni siquiera vivían en el mismo país.

- No, no exactamente. En realidad, yo también tengo algunas preguntas... Verá, no hay una forma sencilla de decir esto. ¿Su hijo tiene... mmm... ha tenido alguna vez un comportamiento impulsivo?

- ¿Impulsivo como qué?

- Como.... coger cosas... acumular cosas, más bien... Cosas que no son suyas.

- ¿Robar? ¿Está hablando de que mi hijo es un ladrón?

El enfado en su voz era evidente. No supe si contra mí por insinuar aquello o contra su hijo.

- No, no. No digo que sea eso... Creo que es algo más... complicado.

- ¿Cogió o no cogió algo que no le pertenece? – insistió el hombre.

- Sí, pero nada de valor. Creo que su hijo tiene un problema y...

- Oh, ya lo creo que lo tiene – me interrumpió, con una risa sardónica. - Cogeré el primer vuelo disponible, estaré allí por la mañana.

- ¡No, eso no será necesario! Es decir, si puede venir, estoy seguro de que Votja querrá verle y le hará bien. Pero no le estoy diciendo esto porque crea que su hijo está fuera de control, lo que creo que necesita es ayuda. Por eso... quería pedirle su permiso para llevarle a un especialista.

El hombre guardó silencio durante un rato que se me hizo eterno. Tal vez me había extralimitado. Siempre me implicaba mucho en mi trabajo y cogía cariño con facilidad a mis alumnos, más con esos chicos que estaban a mi cargo en un lugar donde no tenían a sus padres. Pero a lo mejor aquel hombre veía con malos ojos que le estuviera sugiriendo cómo lidiar con el problema de su hijo.

- ¿Está hablando de un psicólogo? – quiso aclarar.

- Sí... - admití, cruzando los dedos para que saliera bien. En seguida me di cuenta de que había altas probabilidades de que me hiciera llevar a Votja al psicólogo de la escuela, algo que yo quería evitar por varias razones; la principal, que quería mantener al director al margen.

Sin embargo, me había olvidado del detalle de que a esa familia le sobraba el dinero y por lo visto también el orgullo.

- Como le he dicho, mañana mismo estaré allí. Hablaré con Votja y si considero que tiene que ver a un psicólogo, lo verá. Pero no será ese medicucho que tienen en el colegio. Mi hijo irá al mejor especialista de la ciudad.

El ángel entre las rejasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora