Me estaba jugando el trabajo y lo sabía, pero al menos Enrique estaba de mi lado, así que tenía más posibilidades de ganar. Además, tenía otras cosas a mi favor: el director era un hombre orgulloso y seguramente me iba a guardar rencor eterno por hacerle rectificar cuando había reunido a todos los alumnos, pero lo cierto era que no podía enfrentarse a los padres del chico. Adornando un poco la verdad, le había dado a entender que podía esperar una demanda si seguía adelante con aquello. Eso era algo que cualquier hombre en su posición tenía que meditar cuidadosamente, porque si perdía la demanda su carrera se acabaría.
El director me miró con furia justo antes de darse la vuelta y caminar hacia el fondo del gimnasio para llamar la atención de los alumnos. Echó también una mirada envenenada a Lucas y algo en ese gesto me dio mala espina…
- Casi todos sabéis ya el incidente relacionado con la cocina. Alguien entró allí esta noche y cogió algo que no le pertenecía. Las normas del centro son claras al respecto: robar no está permitido. Así pues, el culpable, Lucas Moreno, será expulsado del internado de forma irrevocable.
Aquello no me lo había esperado. Sentí una rabia enorme subirme desde el estómago a la garganta, en forma de acidez, pero luego pensé que en realidad le estaba haciendo un favor. Ese chico estaría mejor en cualquier otro lado. Por más puertas que el prestigio del internado pudiera abrir, no podía ser a costa de su dignidad. Sin embargo, Lucas no era de la misma opinión.
- ¿Qué? ¡No, no puede hacer eso! Por favor, ¡no! Solo me queda un año, después de este curso me iré y no me verá más… por favor… - suplicó Lucas.
Me pregunté por qué tenía tanto interés en permanecer allí. Su padre no parecía del tipo de los que se enfadaban si sus hijos eran expulsados, más bien tenía pinta de que no le iba a importar un pimiento. Tal vez estaba equivocado, y su padre sí iba a enfadarse, pero aun así, casi le merecía la pena. Tendría que estar deseando que le expulsaran. Me estaba dando cuenta de cómo era el colegio donde había ido a parar, y empezaba a odiarlo: él llevaba seis años allí, tendría que estar harto. Por otro lado, me había dado la impresión, por el estado del uniforme de Benjamín y también por el de Lucas, de que su familia no tenía mucho dinero, pero seguro que tampoco tenía problemas para encontrar otro colegio donde pudiera ir becado o algo así. Entonces, ¿a qué venía ese tono desesperado? Una rápida mirada de Lucas a Benjamín me dio la respuesta: por su hermano. Quería quedarse allí, porque era el mismo colegio donde estaba su hermano pequeño.
- Ya está decidido, Lucas. Tu padre se ha opuesto a que te sancionemos como estipula el reglamento, así que aplicaremos otro tipo de sanción – declaró el director. En ese momento deseé darle un puñetazo en su estúpida barbilla cuadriculada.
- Pero… ¿solo por un vaso de leche? – preguntó Lucas, incrédulo. "No chico", quise decirle, "no tiene nada que ver con la leche. Esto es una cuestión de orgullo y soberbia". – ¿Mi… mi padre se ha opuesto? ¿De verdad? ¿Mi padre? ¿Seguro que no se han equivocado de padre?
Lucas no consideraba a su padre capaz de tomarse esa molestia y la verdad es que, después de hablar con él, yo tampoco. Benjamín se puso de pie y fue junto a su hermano, importándole poco que todos les miraran.
- No quiero que te echen… - le dijo, con la voz algo tomada. Lucas frotó su brazo con cariño, como si quisiera abrazarle pero le diera vergüenza. Al final le abrazó, no tanto para reconfortar a Benjamín como para reconfortarse a sí mismo. Luego levantó la cabeza y sus ojos se cruzaron con los míos. En ellos no vi más que determinación.
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El ángel entre las rejas
General FictionVíctor no ha tenido mucha suerte en la vida. Tras aceptar que su familia está rota, tiene una segunda oportunidad en el lugar menos pensado: un internado lleno de normas y falto de cariño. Esta historia está ambientada en una realidad paralela o en...
