Cuando acabaron de merendar, me reuní con ellos en la habitación y les pedí que se sentaran todos en el suelo, frente a mí. Wilson seguía esquivando mi mirada, pero no parecía enfadado, sino más bien avergonzado. Le sonreí cuando nuestras miradas por fin se cruzaron, para indicarle que yo ya había olvidado lo que había pasado y que él podía hacer lo mismo.
Mientras ellos hablaban entre sí, medité mis palabras para asegurarme de escoger las correctas.
- Chicos, alguien de esta habitación está cogiendo cosas que no son suyas. Os llevo repitiendo esto todo el día y sé que ya estáis cansados de oírlo, pero es que sigo sin saber quién es el culpable. Por eso os pregunto una vez más: ¿quién ha sido? –inquirí, pero no obtuve ninguna respuesta. Esperé unos segundos y solo recibí silencio, así que decidí presionar un poco más. - Ya habéis visto lo que ha pasado esta mañana con uno de los mayores – les recordé, y por el rabillo del ojo vi como Benja se ponía tenso. – No quiero eso para ninguno de vosotros.
- Era el hermano de Benja, ¿no? – preguntó Damián. Miré a Benjamín para ver si estaba de acuerdo con que lo supieran y como no dio signos de oponerse, asentí. De todas formas ya debían saberlo por cómo había actuado él en el gimnasio y seguro que lo habían hablado entre ellos durante las clases. – Tuvo suerte, pensé que iban a darle mucho más...
- Enrique le castigó ya antes – replicó Gabriel. – El director solo pretendía humillarle. Y además esa paleta es más grande que la que usan contigo.
Gabi había captado bastante bien el meollo del asunto. El director le hubiera dado muchos más si hubiera pretendido castigarle, pero pensaba que Enrique ya se había encargado de eso. Solo quería dejar claro un punto, demostrar quién tenía el poder. Una de las peores cosas que puede hacer un profesor, a mi parecer. Imponer su autoridad de esa manera.
- Tienes razón, Damián, tuvo suerte y es que él en realidad no robó nada. Solo cogió un poco de leche. Y aun así mira lo que le pasó – apunté. – Ahora imaginad lo que haría el director si descubre que aquí dentro hay alguien que roba compases, libros y navajas, o al menos que los coge para esconderlos en otro sitio luego, aunque el compás de Benja aún no ha aparecido.
- Nos mata seguro... - murmuró Damián. – Yo no quiero que me peguen con eso otra vez – gimoteó, con una cara de pena que era el paso previo a un puchero.
- Yo no voy a permitir que eso pase – le tranquilicé. – Pero por eso mismo quiero saber ya quién fue. Por más que yo me enfade, no seré tan duro como el director.
- En cuanto sepas quién fue se lo dirás – replicó Borja. – Primero nos castigarás tú y luego él, así funcionan las cosas aquí.
- Así funcionaban. Os repito que yo no voy a hacer eso. Pero sí necesito saber quién fue, porque si esto va a más, no podré defenderos.
- Benjamín y yo somos inocentes, porque dos de las cosas que desaparecieron eran nuestras – declaró Borja. Estaba esencialmente de acuerdo con él y además me atrevía a decir que Bosco y Damián no habían sido tampoco. Pero no podía descartar a nadie.
- Para mí, todos sois inocentes, hasta que se demuestre lo contrario. Pero como nadie ha dado la cara, al mismo tiempo tengo que presuponer que habéis sido todos. Así que os tengo que pedir que salgáis del cuarto por un rato, porque voy a registrarlo.
- ¿Qué?
- ¡No, no puedes!
- ¡Eso es una violación de nuestra privacidad!
Varias voces se opusieron con vehemencia y unos cuantos más manifestaron su desacuerdo con miradas iracundas o gruñidos incoherentes. Esperé un rato a que se calmaran, pero eso no funcionó para todos.
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El ángel entre las rejas
General FictionVíctor no ha tenido mucha suerte en la vida. Tras aceptar que su familia está rota, tiene una segunda oportunidad en el lugar menos pensado: un internado lleno de normas y falto de cariño. Esta historia está ambientada en una realidad paralela o en...
