Votja y su padre regresaron al internado una hora antes de la cena. Votja tenía los labios manchados de chocolate, por lo que deduje que habían estado comiendo helado. Sonreí, porque el chico parecía genuina y completamente feliz.
- ¿Lo habéis pasado bien? – le pregunté.
- ¡Sí! ¡He montado en skate!
- No me digas. ¿Y qué tal se te dio?
- Papá dice que demasiado bien.
Me reí y pude ver como el hombre se reía también. Pero después se puso serio y me miró.
- ¿Hay algún sitio donde pueda hablar con usted? – me preguntó. – En privado.
- Claro. En una de las salas de visitas.
El padre le dijo algo a Votja en su idioma nativo y luego me hizo un gesto como para que le indicara el camino. Le llevé a unas pequeñas habitaciones de las que disponía el internado para las reuniones con los padres. Eran dos o tres cuartitos con un par de sillas, una mesa y un sofá.
- Gracias por recibirme sin haber concertado cita – me dijo.
- Ha cogido un avión hasta aquí, es lo menos que podría hacer.
- Voy a ser breve: quiero pedirle disculpas por el comportamiento de mi hijo.
- Votja tiene un problema. Sé que no tenía mala intención. Por eso quería que viera a un especialista...
- Sí, estoy de acuerdo con que debe hacerlo. Pero eso no es justificación. Debería haber sabido cuando pedir ayuda.
Apreté los labios. Quería interceder por el muchacho, pero no conocía al padre lo suficiente como para saber la mejor forma de hacerlo.
- Algunos chicos no reaccionan bien a los primeros días en un internado, en especial cuando es tan lejos de su casa... - le hice notar.
El hombre adoptó una mirada culpable.
- Yo sabía que era demasiado pequeño todavía.
- ¿Puedo preguntar...? Es decir, solo por curiosidad, ¿por qué está Votja estudiando aquí?
- Es el mejor internado. Mejor que los de mi país – me explicó. Asentí, sin pedir más explicaciones, pero él continuó. – Me acabo de casar recientemente y mi mujer y Votja no congeniaron. Eran incapaces de estar juntos en la misma habitación.
Sentí que me hervía la sangre. ¿Qué clase de padre elige una mujer sobre su hijo? De no haber sido profesor en aquel internado, de no ser muy consciente de que me habría costado mi puesto, le habría dicho cuatro cosas a aquel tipo. Votja le adoraba, podía verse en la forma en que le miraba, y él le había dejado de lado.
- ¿Me mantendrá al tanto de su comportamiento y sus resultados académicos? – me preguntó.
- Por supuesto – respondí, con el tono más correcto que supe poner.
La conversación fue tensa a partir de entonces. Creo que el hombre se dio perfecta cuenta de lo que opinaba yo sobre sus decisiones parentales y se sintió incómodo. Finalmente, me pidió si podía hablar con Votja en aquella habitación, para despedirse. Asentí y le fui a buscar.
Votja voló por el pasillo, como si quisiera aprovechar cada segundo posible con su padre. Era un chico tan, pero tan bueno. Mi larga experiencia como profesor en tantos centros me había hecho ver que algunos niños a esa edad ya son un poco desafiantes o violentos. Muchos de ellos no habrían corrido de esa manera para encontrarse con su padre, ni siquiera aunque hubieran pasado dos semanas sin verle.
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El ángel entre las rejas
General FictionVíctor no ha tenido mucha suerte en la vida. Tras aceptar que su familia está rota, tiene una segunda oportunidad en el lugar menos pensado: un internado lleno de normas y falto de cariño. Esta historia está ambientada en una realidad paralela o en...
