"Yo te extrañé mucho, ¿sabes? Y te odié mucho, o quise odiarte mucho. Para que no me lastimaras"
(Eduardo Galeano)
Miércoles 1 de Noviembre de 2017
—¿Y a qué te dedicas, Osqui?
—Pues... soy... chofer.
—¿Chofer?
—Sí, soy su chofer, señorita Alfonsina.
—¿Por eso siempre me llevas a todos lados cuando mis papis no pueden? —Oscar asintió, sonriendo de lado, mientras observaba por el espejo retrovisor a la niña Alfonsina con un peluche de oso color rosa. A su lado, se encontraba Giovanni, que hablaba por teléfono en inglés—. ¿Y tienes hijos?
—Sí, tengo dos hijos.
—¿Son niños como yo?
—No, ellos ya son grandes.
—¿Grandes como el tonto de Gus? —Oscar meneó su cabeza sonriendo. Lo cierto es que la pequeña hija de Giovanni lo divertía mucho, era parlanchina, ocurrente y muy pícara—. Oh, bueno. Y... ¿no los extrañas? Nunca estás con ellos.
—No viven aquí.
—¿Y a dónde viven?
—En Argentina.
—¿Argentina? ¿El país de mami? —Oscar asintió—. Dice mi mami que me llevará a Argentina para navidad.
—¿Ah, sí? —inquirió Giovanni, mientras terminaba con la llamada. Abrazó a su hija y le dio un beso en la coronilla—. ¿Con que mi princesa se va a ir sin mí?
—No, papi. Le diré a mamá que te lleve con nosotras.
Giovanni sonrió, acariciándole la mejilla. ¿Cómo decirle qué no podría ir con ellas? ¿Cómo explicarle que el trabajo de presidente requería mucho tiempo dedicado a todo un país? ¿Cómo hacer entender a una niña, que cuando asumiera la presidencia, no podría estar siempre a su lado? Cerró los ojos, apretándose el puente de la nariz, su día había comenzado a las cuatro de la mañana con reuniones con sus asesores y, aunque deseaba descansar un poco, decidió ir a buscar a Sisy al colegio porque sabía lo feliz que eso hacía a su niña.
—¿Qué quiere almorzar, mi princesa?
—Hmm... no sé, papi. ¿Una hamburguesa?
—No, ya hemos superado el límite de hamburguesas en el mes.
—Entonces... ¿pizzas hechas por ti?
—¿Por mí?
—Sí —chilló ella, sonriendo—. Es que cocinas delicioso, papi. Mucho mejor que mamá. Pero... ¿no le dirás, verdad? —Alfonsina frunció el ceño y Giovanni negó, riendo—. Gracias, papi.
Giovanni la atrajo a su cuerpo para darle otro beso en la coronilla y allí se quedó, pensando, en que Alfonsina era lo mejor que le había pasado en la vida. Nunca antes le había tenido miedo a nada, pero desde que esa pequeña formaba parte de su ajetreada vida política, se sentía vulnerable porque temía que algo malo le ocurriera. Suspiró, cruzando una mirada por el espejo retrovisor con su jefe de seguridad, que seguramente entendía de su preocupación.
En los últimos dos días, no había parado de recibir amenazas, Giovanni las tomaba como parte del juego electoral, pero Oscar, que era uno de los mejores en seguridad, no se tomaba tan a la ligera las amenazas que su jefe recibía. Por el momento, dejarían que todo siguiera su curso, sin embargo, ya habían diseñado un minucioso plan en caso de que las cosas pasaran a mayores.
ESTÁS LEYENDO
Miradas eternas
General FictionMelina dejó Madrid tras una serie de eventos desafortunados y puso tierra de por miedo con Giovanni, sin embargo, una repentina y dolorosa muerte la obliga a permanecer a España. Mientras que Giovanni, lucha día a día por conseguir la tan ansiada ca...
