Capítulo 25: Giovanni el hijo de puta

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"¿Qué clase de persona eres?

Creo que soy de esas personas que están destinadas a querer tanto a alguien que casi les mata"

(Con amor, Simón)


Sábado 18 de Noviembre de 2017

—Mierda, Melina.

—¿No responde? —preguntó Connie, preocupada. Cat negó, nerviosa, con los ojos rojos de no haber podido pegar el ojo en toda la noche. Lo cierto es que no entendía qué mierda sucedía con su mejor amiga—. ¿Llamaste a Giovanni?

—Sí, pero el muy cabrón me dijo que estaba ocupado como para atender asuntos de Melina.

—¿Qué diablos le pasa a ese imbécil?

—No lo sé, pero hace una semana que no ve a Alfonsina. Melina debe saber qué ocurre, pero la muy idiota ha desaparecido.

—¿Y si damos aviso a la policía?

—¿Tú crees? —inquirió Cat y, cuando estaba a punto de colgar, le respondieron—. ¡¿Melina?!

—¿Cat?

—¡¿Dónde estás, pedazo de estúpida?!

—Yo... eh... no lo sé, Cat.

—¿Estás bien? —preguntó, al escucharla con una extraña voz—. Melina, por favor, me tienes preocupada.

—No sé dónde estoy, Cat.

—¿Te encuentras bien?

—Yo... eh... no lo sé.

—¡Mándame tu ubicación, por favor!

Melina sentía un punzante dolor de cabeza, mandó su ubicación como pudo y se levantó de la cama. Había olor a vómito, a marihuana y a sexo. No entendía nada de lo que sucedía. Miró una botella de vodka, se la llevó a la boca y no paró de beber hasta terminarla. Sonrío, miró que se encontraba en un hotel alojamiento y río a carcajadas. Río porque su vida era una mierda, río por los recuerdos de mierda, río porque tenía el corazón en mil pedazos una vez más. ¿Qué clase de masoquista era para dejar que su corazón se rompiera una y otra vez por la misma persona?

Volvió a recostarse en la cama, cerró los ojos y cuando creyó caer de nuevo en un sueño profundo, escuchó un griterío fuera. Se levantó asustada, abrió la puerta y vio a Catalina peleando con un guardia.

—¡Ahí estás, cabrona de mierda! —chilló Cat, tomándola del brazo con enojo—. ¿Qué mierda haces aquí? —Melina no respondió, solo se abrazó a Cat y comenzó a llorar desconsoladamente. Catalina miró la deplorable habitación, sintió el olor del alcohol que desprendía su amiga y, poco a poco, comprendió que Melina había desatado la tormenta—. Mierda, Melina —susurró, abrazándola—. Ya, tranquila, estoy aquí.

—Lo odio, Cat. Lo odio —gritó—. Me despreció. Nos despreció.

—Ya, tranquila. Nos vamos a casa.

—Yo no quiero que ella me vea así.

—Shh, ella no va a verte así.

Catalina guió con cuidado a Melina hacia el coche de Constanza. Connie esperaba atenta y abrió los ojos como plato cuando vio el estado deplorable en el que se encontraba Melina. Bufó, agradeciendo que Norma esa mañana se hubiera llevado a Alfonsina de paseo, porque la niña no debía de ver a su mamá en ese estado. Bajó del coche, acercándose a ayudar a Cat.

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⏰ Última actualización: Feb 20 ⏰

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