"A nuestra historia le hace falta una segunda parte, aunque nos digan que eso nunca sale bien"
(Aitana)
Jueves 12 de Octubre de 2017
—¡Pero si te ves mucho mejor!
—No finjas cuando sabes, como yo, que me han quedado marcas.
—Bueno, pero serán temporales, hasta que la piel cicatrice. Nada que una costosa crema no solucione —musitó Malú, sonriente, mientras se quitaba la chaqueta y la colgaba en el perchero. A Melina le quedaban algunas cascaritas en el rostro y otras tantas marcas, que a decir verdad, daban impresión a primera vista. Se sentía como una mancha andante—. Cuando salgas a la calle, ponte protector solar, eso funciona para que no se te manche la piel.
—Cat me dijo lo mismo, igual no pienso salir, al menos hasta que deje de parecer una constelación de marcas y manchas —respondió, intentando sonreír. Estaba mucho mejor desde que la varicela se había ido de su sistema, solo quedaban las secuelas en su piel. La enfermedad había sido una terrible mierda, dolorosa, asquerosa y kármica si se ponía espiritual—. Me alegra verte, Malú.
—A mí también, cariño —contestó su amiga, mientras le daba un fuerte abrazo—. Los días en la oficina sin ti son demasiados aburridos.
—Ya volveré, ni bien los médicos me den el alta —masculló, enojada, porque parecía tan lejano el hecho de volver a la oficina—. En fin, ¿quieres algo de beber? ¿Café? ¿Té? ¿Pepsi? ¿Jugo de naranja? ¿Agua?
—Un café está bien —Melina sonrió, dirigiéndose a la cocina para preparar el café. Su amiga la había ido a visitar, puesto que todavía no podía salir a la calle para evitar infecciones en su rostro y, sobre todo, que la gente hablara sobre su enfermedad. Por suerte, podía hacer su trabajo en el departamento, aunque necesitaba salir a la calle y retomar la rutina, porque el encierro la estaba volviendo loca—. ¿Sisy?
—Salió de la escuela a las dos, fue a almorzar con Eneas y ahora debería estar saliendo de natación. No tardará mucho en estar aquí.
—¿Le quedaron marcas?
—En la nariz —respondió, poniendo las tazas con café sobre la mesita ratonera—. Como a Giovanni.
—Oye, hablando de Giovanni. ¿Qué tal va todo?
—Bien —respondió, mientras servía el café en las tazas—. Supongo.
—¿Cómo que supongo? ¿No me dijiste que habían vuelto a intentarlo? ¿O yo interpreté mal en la llamada del otro día?
—No, no me interpretaste mal. Hemos vuelto a intentarlo, pero con nosotros nunca se sabe, así que esta vez voy con cuidado. Además, somos precavidos con Sisy, no queremos generar falsas ilusiones y que luego todo se vaya al demonio como... siempre. La prioridad es la felicidad de ella.
—Oh, ya entiendo. Ella estaría muy feliz de verlos juntos.
—Sí, es lo que más querría. Por eso, por el momento, ella no lo sabe. Ya habrá tiempo de contarle, pero... vamos con calma. No la quiero lastimar.
—¿O no te quieres lastimar tú? —Mey largó la risita—. Todo va a salir bien.
—Sí, eso espero.
—¡Oye, casi lo olvido! Andrés está en Madrid.
—Sí, lo sé, me envió un mensaje —respondió Mey, sonriente—. Tiene que hacer algunas notas, al parecer, desde el New York Time están muy interesados en las elecciones de España.
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Miradas eternas
Ficción GeneralMelina dejó Madrid tras una serie de eventos desafortunados y puso tierra de por miedo con Giovanni, sin embargo, una repentina y dolorosa muerte la obliga a permanecer a España. Mientras que Giovanni, lucha día a día por conseguir la tan ansiada ca...
