CAPÍTULO 8

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Mientras comemos charlamos de cosas sin impotancia, aunque me lo paso bien.

Mi móvil suena avisando que me ha llegado un mensaje nuevo. Lo cojo del bolso y lo enciendo. Observo que tiene muy poca bateria. Es mi padre quien me ha mandado el mensaje.

"Voy a salir un rato con Vincent, no vuelvas tarde, mañana tienes universidad. Ten cuidado, te quiero." -Papa.

Vincent es policía y es el padre de Shantel, son amigos desde hace mucho tiempo. 

Le respondo un "ok" y un "yo también te quiero". 

Vuelvo a guardar el móvil y sigo hablando con Christian. 

-¿Qué te ha parecido la universidad? -me pregunta mientras le pega un buche a su cerveza.

-Esta bien, y los profesores no son malos. No me puedo quejar. 

Bebo de mi cerveza. 

Cuando terminamos de comer y queremos pedir algo de postre su móvil suena. 

Lo descuelga y se lo lleva a la oreja. 

Observo como le cambia la cara. Parece enfadado y aprieta la madíbula. 

Se levanta de su silla y sin dejar de hablar por teléfono coge la taquella de la silla y se la pone como puede. 

-Si, voy para allá. -es lo único que oigo que dice antes de colgar y meterlo en el bolsillo. 

Yo lo miro estupefacta y confusa sin decir nada. 

Él saca su cartera y unos cuantos billetes. Me mira y pone los billetes en la mesa. 

-¿Pero qué...? -digo mirándolo. 

-Tengo que irme. -me corta- paga con eso y tienes que irte como puedas, llama a una amiga o un taxi, lo que sea. 

-¿Pero... te vas a ir así? ¿Sin ninguna explicación?...

-Me ha surgido algo, lo siento. Tengo que irme. 

Dicho esto y dejándome con la palabra en la boca empieza a andar. Dejándome allí sola. 

El camarero viene y yo le pago con el dinero que él me ha dado. Se que debería darle al menos la mitad. Pero como me ha dejado aquí, sola y sin ninguna explicación, no lo voy a hacer. 

Me levanto de la silla y me dirijo a la puerta, donde unos quince minutos antes salió Christian. 

Él me trajo así que no tengo como irme. Saco el móvil, llamare a Shantel o a mi padre. 

Lo enciendo. 

Mierda. 

Un dos por ciento. 

Cuando me meto en llamadas mi móvil muere. 

-¡Mierda! -no puedo evitar decir. 

Camino unos pasos y busco una cabina telefónica. Pero claro, no hay por ningún lado. Estamos en el siglo veintiuno, y todo el mundo llevo móvil encima. 

Supongo que me tocara caminar hasta que encuentre una cabina o un taxi. 

Empiezo a caminar por la acera por el lugar por donde vinimos antes. Pero antes estaba acompañada, iba en moto y era por la tarde, ahora es completamente denoche, pasada medianoche, estoy sola, hace frío y voy andando. 

¡Cualquiera sabe a cuanto esta mi casa de aquí  andando!

Me abrazo a mi misma intentando coger algo de calor. 

No pasa ningún coche cerca. 

Unos veinte minutos después sigo andando y odiando a Christian.

Las apariencias engañan Donde viven las historias. Descúbrelo ahora