—Tijera gana a papel —dice y me extiende el casco —¿Vas al frente o atrás?
Lo tomo, pero antes alzo mi mano con el índice levantado.
—No presumas ante el perdedor y dame un minuto de luto.
Ríe.
—Eres una dramática, Martins.
—No dirás lo mismo si salimos volando —murmuro colocándome el casco y abrochándolo. Me sorprendo al no tener que ajustarlo.
—Manejaré con cuidado —afirma bajando suavemente el visor de mi casco.
—No es por ti, el resto de conductores suelen estar locos.
Si pueden hacer trizas un carro, ¿cómo no mandarían volando una moto?
Un frío me recorre los huesos y me estremezco. No, no siempre pasan accidentes. Y aunque me repito aquello, mis manos se vuelven heladas. Al menos lo sé porque Alan se queja cuando al querer ayudarme a subir, toco sus manos.
—Estás helada.
—Lo siento.
—Espera —dice y pone el pedal antes de bajarse. Lo veo sacarse un guante y pedirme mi mano —Colócate esto, tal vez ayude un poco.
—¿Me das tu guante?
—Es un mitón —afirma y lo abotona con un click en mi mano derecha. Al verlo ríe —Se te ve un poco grande.
Muevo mis dedos y al ver que está flojo, río también. Sin embargo, dejo un deja vú me hace fruncir el ceño. Yo...ya he llevado este mitón y moví la mano de la misma forma.
—¿Martins?
—¿Sí?
—¿Lista?
Entrecierro los ojos aceptando su mano.
—Tú sabes que no, pero diré que sí.
Ríe entre dientes y me abrazo a él. Claro que hacerlo me hace cerrar los ojos con fuerza mientras trato de calmar mi corazón y cara caliente.
¡Maldición, esto es mucho para mí!
—Voy a encender el motor —murmura y yo asiento pegada a su espalda tomando aire. Las vibraciones se sienten y siento que puedo temblar con la moto —Arrancaré.
Asiento y de nuevo tomo aire antes de sentir como el monstruo empieza a moverse. No abro los ojos, en su lugar me enfoco en mi respiración. No pasará nada. La tercera es la vencida parece ser algo fallido.
Es más, ¿qué probabilidad...? ¡No, no! ¡No pensaré en nada! ¡No pienses en nada!
La moto se detiene, pero asumo es por un semáforo porque no la apaga, y me tenso cuando mi mano izquierda siente como su mano cubre la mía. Quiero abrir los ojos, pero me da miedo que justo llegue a ver cuándo arranque. Sin embargo, me dedico a disfrutar el calor de sus dedos y a sentir su mitón.
Nunca se retira el guante de la mano izquierda. Y hay muchos rumores que rodean eso. Dicen que hay cicatrices de pelea con arma blanca, o que por pelearse mucho con la gente sus nudillos están con horribles cicatrices.
Sin embargo, dudo en creer que su mano, la que me acaricia de una forma tan suave, haya sido brusco con alguien más.
Retira suavemente su mano y suspiro leve al sentir que de nuevo se mueve mi alrededor.
No, aquí vamos de nuevo...
***
—Llegamos, puedes abrir los ojos.
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Te enamoraré (EDITADO)
Teen Fiction¿Cuál es el peor error que has cometido ebrio? Unos se casan en las Vegas, otros amanecen en la cama de alguien más, y los que corren con mucha suerte, solo terminan con resaca y siguen conservando su celular. No fue el caso de Abigail. Eso explic...
