Capítulo 5 (¿Un trato o una apuesta?)

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Conseguí un segundo helado.

Darwin fue algo considerado luego de haber dicho que nos dejarían solos, lo que provocó otra ronda de gritos y que mi cara explotara más. Al final, antes de irse entró a la tienda, me dio un helado, a Cooper también y obligo al resto del equipo a irse.

—Esto será interesante —murmura Josh y mueve la mano en mi dirección —Adiós Abigail.

—Gracias por lo de antes, y adiós Josh.

Él asiente y dice que no es nada antes de caminar con el equipo mientras siguen haciendo bulla por la calle.

Oh...

Bueno, ¡¿y ahora qué?!

¡Maldición Abigail! ¡Tu boca se abrió de nuevo sin que se lo pidas!

Y sí, sé que tengo que hablar con él, lo iba a hacer en algún momento, pero miento si digo que con cada segundo que pasa estoy perdiendo el valor que tenía para emitir un sonido delante de él.

¡Mierda! ¡Esto es vergonzoso y humillante!

Me había declarado ebria, había hecho el ridículo, lo único en lo que corrí suerte y agradecía al cielo por esa misericordia, era que lo único grabado fue mi momento ridículo y no la confesión.

Hay niveles...nunca supe, pero había niveles de humillación.

Y si eso hubiera sido grabado...

Las palabras que jamás habrían salido de mi boca, unas que las guardaba con tanto fervor en mi corazón y era tal el recelo, que cuando supe de ello quise llorar. No era solo cuestión de dignidad y orgullo, hablábamos de mis sentimientos. Los primeros sentimientos de afecto que tuve hacia alguien con quien no compartía un vínculo sanguíneo y estaba por lejos, de ser mi amigo.

Nunca lo vi con esos ojos.

Él es mi primer amor.

Y el poder que tenía de jugar conmigo, era aterrador.

Para este punto es comprensible que mi corazón lata de ese alocado modo y el porque me encuentro mirando el suelo.

—¿Vas a desperdiciarlo de ese modo? Creí que te lo comerías.

Parpadeo sin entender las palabras de Alan hasta que bajo la mirada y noto que en mi mano el pobre helado ha sido triturado.

—Lo-o comeré.

Abro la funda y hago una mueca al ver todos los trocitos que he provocado. Supongo que empezaré a comer lo que sigue unido al palo. Es así que doy un mordisco antes de soltar mi pregunta principal.

—Cooper... ¿qué tan ebrio estabas anoche?

—Para tu fortuna... —me mira y luego desvía la mirada —o desgracia, mi estado era contrario al tuyo.

Oh. Está batalla estaba perdida.

—¿Nada ebrio?

Puedo ver sus ojos brillar con diversión.

—Sin una gota de alcohol.

—Bebiste —afirmo y asiente.

—Un vaso, no una docena de ellos. Soy responsable al respecto y sé cuándo detenerme. Y aunque estuviera ebrio, no soy de los que besa a todo el mundo y baila sobre una mesa.

Siento mis mejillas calentarse por su indirecta y trago el helado.

¡Yo tampoco sabía que era de esas personas!

Te enamoraré (EDITADO)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora