Juro matar a Hailey
Es lo único que se me repite en mi cabeza y lo único que puedo pensar. Las madrugadas y yo no somos para nada compatibles. Así que aún estoy tonteada y anhelante a mi cama.
Maldición, quiero llorar.
Son las cinco de la mañana y tengo que recorrer las calles como la llorona en busca de Hailey y no de mis hijos. Bien, sabía que madrugaba para el colegio, pero ¡esto era el colmo! Yo me despertaba a las seis, ¡y una hora era una hora!
¡Yo de verdad mataré a Hailey!
Lloriqueo un poco más y mientras lo hago soy consciente de que a esta hora hay todavía más personas que cuando me levanto. Aquello no era de sorprenderme, pero lo hacía, pese a que sabía que las demás personas tienen una vida ya profesional.
Supongo que algún día yo misma me encontraría a las cuatro de la mañana tomando café para ir a trabajar. Sería algo curioso ver como aquella Abigail se enfrentaría en una lucha contra las sábanas. Mientras, esta Abigail se encontraba haraposa con su pijama cubierta por una chompa extremadamente grande y unas sandalias por donde se colaba el frío.
Tenía pantuflas como Hailey y eran mi tesoro más preciado, por la misma razón no las iba a usar para recorrer todo un barrio y maltratarlas. Las usaría de buena manera, así las conservaría más y luego compraría otras, sonaba cruel con mis cosas materiales, por lo mismo las cuidaba.
Si algún día me caso, mi esposo me tendría que ver con mis pantuflas y entenderlas del mismo modo. Seríamos dos en uno, y no, jamás de ellas me iba a divorciar.
Estoy en medio de mi divague cuando una bocina me hace saltar y abrir los ojos que estaban medios cerrados. Un carro pasa al frente mío con suma rapidez cuando me detengo. ¡Mierda! Si sigo así moriré atropellada antes de poder casarme con alguien que me acepte con todo y pantuflas.
El viento sopla de nuevo y me estremezco mientras trato de taparme más, siguiendo mi camino. Y sí, repito de nuevo mi mantra personal sobre como odio a Hailey.
Solo detengo mi balbuceo cuando estoy frente a la casa de Kayle de nuevo, ahí suspiro y toco esperando que abran. Siempre me he sentido incomoda cuando tengo que esperar, y esta no es la excepción. Me remuevo inquieta. Finalmente, la puerta es abierta y la madre de Gema me sonríe. Le devuelvo la sonrisa sintiendo como mis mejillas congeladas truenan.
—Buenos días, señora Dresser, ¿cómo está?
Yo estoy helada y de mal genio.
—Abigail, que gusto verte. Estoy muy bien, gracias por preguntar. Hailey bajara en unos segundos. Toma asiento.
—Gracias.
Ella sube las gradas y mientras espero a que la reina de Francia se digne a bajar, observo la sala. Sin tanta gente la casa se ve más grande y... ¿por qué demonios vuelvo a recordar a Cooper? ¡Mierda! Cierro los ojos dejando de ver la silla y ahora me concentro en el jardín. Ahí vuelta hago una mueca. Yo sí amo joderme a mí misma.
Los pasos me avisan que ya están bajando por lo que dejo de ser masoquista y veo las gradas. Mi hermana se acerca y me recibe con un asentimiento de cabeza y Kayle con una sonrisa. Miro con reproche a mi hermana menor por su frío recibimiento haciendo que ella ruede los ojos y me abrace.
—Hola hermana mayor.
—Hola gruñona.
—De las dos, la que gruñe a despertar eres tú.
Ruedo los ojos ante su respuesta listilla. Disimuladamente y aprovechando que Kayle se va a la cocina, golpeo con mi mano su nuca haciendo que se queje.
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Te enamoraré (EDITADO)
Fiksi Remaja¿Cuál es el peor error que has cometido ebrio? Unos se casan en las Vegas, otros amanecen en la cama de alguien más, y los que corren con mucha suerte, solo terminan con resaca y siguen conservando su celular. No fue el caso de Abigail. Eso explic...
