Una amiga peluda (parte 3)
Cabeceo un par de veces y cuando estoy por cerrar los ojos, la puerta es abierta de golpe haciendo que me sobresalte y desapegue de la pared en la que estaba empezando a dormirme. Veo ingresar a más personas con batas, son tres hombres y una mujer, su mirada va por todo el lugar y se detiene en mí haciendo que me estremezca cuando empiezan a venir en mi dirección.
Oh, yo odio a los doctores...
Menos a mamá.
Así que es normal que entre en pánico cuando me rodean y me toman por los brazos sin decirme nada.
—¡¿Qué hacen?! —grito cuando me empiezan a llevar —¡¿A dónde me llevan?!
Cooper y Josep se levantan de sus asientos, pero es Alan quién da un paso hacia el frente y Josep lo detiene. ¿Qué carajos? Trato de plantar los pies en el suelo, pero eso no evita que entremos dentro de la vitrina, y menos que cierren la puerta dejándome encerrada. Corro hacia el vidrio cuando me doy cuenta que de verdad encerraron a una persona dentro de una jodida vitrina.
¡¿Qué decía Josep sobre el no secuestro?! ¡Maldición!
—¿Hola? —pregunto empezando a golpear el "vidrio", y lo digo de ese modo porque no logro ver nada —¿Holaaa? ¡Maldición! ¡No puede ser! —mascullo y golpeo de nuevo —¡No me estoy quejando de no estar secuestrada, ya que estar encerrada es muy, muy diferente, ¿verdad?! —ironizo sonriendo sin gracia —¡Solo quiero qué alguien me explique qué demonios está pasando! ¿Pueden? —sacudo mi cabeza y vuelvo a golpear —¡No, exijo que me expliquen qué demonios está pasando! ¡Es más, quiero un abogado! ¡Es mi derecho!
Golpeo un par de veces más, pero nadie dice nada. Cansada de ello me desplomo sobre el suelo arrimando mi espalda al vidrio. ¡Vaya día! Creo que no pude haber abierto más sal que este día en mi vida.
Mientras me lamento sobre aquello, la puerta se abre y alzo mi cabeza para ver cómo entran los señores con bata menos la señora y me hacen levantarme con cuidado. Oh, ¿ahora qué?
—¿Qué hacen? —pregunto y cierro los ojos con fuerza al sentir la luz directamente en mi cara.
¡Maldición, eso dolió!
Las cortinas de metal que estaban rodeando al vidrio han sido alzadas y me permiten ver a los que están afuera. La señora está poniéndose unos guantes mientras Josep le lee algo, y a su lado está Cooper, sentado observándome. Me sacudo tratando de que me suelten y él me hace una seña para que me detenga. Entrecierro mis ojos y él alza las manos en forma de inocencia, gruño, pero dejo de moverme y ellos parecen soltar un suspiro colectivo. Los miro mal, no es que sea muy fuerte, exagerados.
—Señorita Martins ¿me oye? —pregunta la señora golpeando el vidrio.
Enmarco las cejas sin tener la intención de responderle, pero Cooper se acerca e imita la acción de ella golpeando el vidrio dos veces.
—Te sienta bien un minuto de silencio —dice el idiota sonriendo de forma ladeada a lo que me sacudo para enseñarle mi dedo cariñoso.
Él ríe levemente y se voltea hacia la señora.
—Tome eso como que sí nos oye.
Ella asiente y procede a entrar mientras los demás me sueltan y empiezan a retirarse. Me da una sonrisa cálida la cual no correspondo.
—Bien, empecemos —se agacha frente a mí y procede a quitar la cinta de mi pierna —¿Cuántos años tienes?
—Dieciocho recién cumplidos.
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Te enamoraré (EDITADO)
Romance¿Cuál es el peor error que has cometido ebrio? Unos se casan en las Vegas, otros amanecen en la cama de alguien más, y los que corren con mucha suerte, solo terminan con resaca y siguen conservando su celular. No fue el caso de Abigail. Eso explic...
