• treinta y cuatro

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final trágico

Me quedaré aquí esperando,

pretendiendo ser una chica mala

sentada en la acera,

con los cascos enredados

y una nube negra garabateada

en la frente.

He de confesar que nadie se tragó

lo de la abeja reina,

todos sabían que yo de abeja

tenía la miel dulce

no la corona manchada

con la sangre de sus súbditos,

así que diremos que no existió

ese reino

y seremos un poco obedientes.

Por un momento creí

que me estabas mirando

desde la acera de en frente,

podría hacer algo mejor que pensar

en lo que me afecta.

No sé, cambiar de aires, de personas,

tirarme a la carretera.

Un día dejare de mirar esas chicas

llorando en pantallas,

gritando que nunca han sido ellas,

que son los demás

quienes les han robado sus almas,

por eso actúan mal,

porque son títeres.

Me da miedo recordarnos

en aquel mirador,

ya no estamos

por eso temo.

Madura, joder, deja de dar tumbos

de amanecida

por cada puerta, cada portal.

Termina con los besos

que dejaste en cada esquina

y coge la estela neón

de todos los edificios

que admiraste en la capota

de mi coche,

mientras calentabas mis manos

y mi corazón.

En un principio me dio igual

que me contases historias,

pero ahora me doy cuenta

de que la protagonista era yo.

Y, ¿adivina qué?

se trataba de una chica buena que,

solo en una de ellas,

tuvo su final feliz.

Abril ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora