• treinta y cinco

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romance moderno

Allí,

me sentí tan estúpida,

apoyada en tu hombro

con ese vestido prestado,

en una fiesta improvisada

con botella en mano.

Allí dijiste: quiérete un poco más.

Traté de decirte

que eso no era suficiente

si todo era necesidad

cuando pasabas como la brisa.

Olerte el pelo cuando no me notabas

o acariciarte los lunares

y las cicatrices

y sin querer descubrir

veintisiete galaxias.

Es cierto que todos caemos

por ensoñación,

pero me siento más cuerda

que nunca,

en el escenario de esta primera vez

que llaman vida

a los novatos que no se han ido nunca.

Te mentí como lo habría hecho

una enamorada,

en cartas llevadas

por palomas mensajeras,

con un vestido de cuadros

en una peli vintage de los 70.

Y si de verdad crees

en los finales felices,

hagamos uno

que cause un beso en la mejilla.

Uno donde no comamos perdices,

pero si sushi un viernes por la noche

en la azotea más alta

de toda la ciudad.

Abril ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora