El lunes siguiente estaba bajando del auto que Julian había contratado para que la llevara, él había vuelto el fin de semana para tener todo listo a su llegada. No le dijo nada a nadie, los trabajadores del rancho sabían de su llegada, pero solo como su secretaria. Aunque cuando vio cómo los hombres se quedaban embobados viendo a la joven bajar del vehículo, se arrepintió de no haberlos advertido de las verdaderas razones de su estancia allí, ahora corría con el riesgo de que alguno de sus hombres intentara algo con ella, y que ella aceptara, después de todo, solo estaba ahí como su secretaria, y tenía total libertad de salir con cualquier hombre. Miró a sus hombres con mala cara.
-Vuelvan al trabajo! no les pago para quedarse con cara de idiotas mirando a mi secretaria!- inmediatamente los hombres volvieron a lo suyo.
Se acercó con paso decidido y muy malhumorado por la actitud de sus hombres, pero sobre todo por no poder decir que aquella mujer hermosa, que miraba a su alrededor maravillada era suya. Porque no lo era. Todavía.
Oriana miraba todo encantada, ese lugar parecía salido de una historia del salvaje oeste, el calor, los olores, los vaqueros, todo era perfecto, esperaba poder adaptarse, aunque no lo veía muy difícil, no era una chica muy moderna, a la que le gustara salir de compras o de fiesta. Finalmente su mirada se posó sobre el vaquero que se acercaba a ella con paso firme, al principio se asustó, hasta que por fin lo reconoció. Se quedó impresionada, mirandolo de la cabeza a los pies. Aquel hombre no se parecía en nada a su jefe. Los trajes le daban un aire de elegancia, y no podía decir que le quedaban mal, para nada. Pero así vestido, con unos vaqueros, una camisa a cuadros roja, botas y un sombrero vaquero, cortaba la respiración de cualquier mujer, y ella no era la excepción a la regla. Venía con una sonrisa forzada, podía notarlo, dado que le había dedicado tantas sonrisas amables y sinceras mientras trabajó para él en la empresa. Por un momento pensó que se había arrepentido de contratarla, pero cuando estuvo más cerca su rostro se relajo.
-Buenas tardes! como fue el viaje?- Estaba hermosa, siempre lo estaba.
-Buenas tardes señor Serrano. El viaje estuvo bien, gracias, no debió molestarse.
-Tonterías! Es un viaje muy largo. Ven, voy a presentarte a Jovita y a mostrarte tu habitación.
Entraron a la casa y él la guió hasta la cocina, donde una señora entrada en años estaba cocinando. Al oírlos se giró y saludo a la joven con una amable sonrisa.
-Jovita, ella es Oriana. Va a quedarse con nosotros un tiempo.
-Buenas tardes señorita Oriana, es un placer tenerla con nosotros.
-Muchas gracias señora Jovita.
-Nada de señora! solo Jovita.
-Entonces solo llámeme Oriana, o Ori.- después de un amable intercambio de palabras, el ranchero se la llevó.
-Bien, ven que te muestro tu habitación entonces.
Subieron las escaleras hasta dar con un pasillo que tenía varias puertas.
-Esta es mi habitación- dijo señalando la primera- y esta es la tuya- dijo abriendo la segunda puerta. Aquello incomodó a Oriana, pensó que tendría un lugar lejos de él en la casa. Estando tan cerca podía oírla si tenia pesadillas, y aquello no le hacía ninguna gracia.
-Pense que estaria en un lugar más alejado- dijo sin pensar mucho, no había querido ofenderlo. Pero aquello no ofendió a Julian, sino que lo hirió, no pensó que ella quisiera tenerlo lejos.
-Te molesta que tu habitación esté al lado de la mia, Ori?- ella se sonrojo.
-No!.. no es eso... es que, como soy su empleada, pense que estaria en otro lugar- eso relajo un poco a Julian, pero la expresión en su rostro le dijo que habia algo mas detras.
-Si estás más cómoda, Podría pedirle a Jovita que te prepare la habitación que está más al fondo.
-Si no le molesta, me gustaría.
-De acuerdo, pero te molestaria que lo hiciera mañana?
-No, por supuesto que no. Lamento causar tantas molestias, señor Serrano.
-No es ninguna molestia, pasa, te quedarás aquí esta noche y mañana te mudaras de habitación.
Mientras bajaban le explico que ella comería solo con Jovita la mayoría de los días, él sólo comía en la casa al mediodía cuando no había tanto trabajo en el rancho y solo si estaba cerca de la casa, dado que había días que había que hacer arreglos en los límites. Sin embargo cada noche iban a cenar juntos. Ella debía encargarse del papeleo del rancho durante el día, a cualquier hora, pero debía estar listo para que él lo revisara y firmara, en caso de ser necesario, antes de acostarse. Si tenía todo hecho podría tomarse el tiempo para hacer lo que quisiera. Le dijo también, que al otro día la llevaría a dar una recorrida por el rancho cuando ella se levantara, entonces le pregunto a qué hora se levantaban todos.
-Los hombres y yo salimos con el sol. Pero no es necesario que tu te levantes tan temprano. De hecho, Jovita llega a la casa una hora o dos después que yo me haya ido. Puedes desayunar con ella si quieres.
-Llega a la casa? No vive ella aquí?
-No, Jovita vive en una de las casas que hay dispuesta para los empleados que tienen familia, vive con su esposo, Bill.- Oriana no se esperaba aquello, ella jamás había compartido el techo con un hombre. La situación la incomodó un poco y no pudo evitar sonrojarse.-No tienes de qué preocuparte, Oriana. Yo jamás te haría daño.
-Lo se. Lo siento, es que esto es todo muy nuevo para mi.
-Tranquila- dijo posando su mano en su hombro. Aquel contacto creó una corriente eléctrica por el cuerpo de la joven.- Todo irá bien, ya lo verás.
Esa noche cenaron solos, y aunque al principio Oriana se sentía incómoda, la charla amena que tuvieron hizo que se relajara y pensara que tal vez él tuviera razón, todo iría bien. Hablaron de los gustos de ella y los de él. Se enteró que tenía 29 años, aunque parecía que tuviera menos, así se lo hizo saber, pensó que cuando sonreía no parecía tener más de 25, pero cuando se dio cuenta que lo había dicho en voz alta se sonrojo, aunque se sintió mejor al ver que él también lo hacía. Julian le dijo que amaba el rancho, que nunca lo cambiaría por la ciudad, y ella comprendió por qué. Habia estado alli solo una tarde y jamas habia sentido tanta paz. Solo se oía el sonido de la naturaleza, el mugir de alguna vaca, el relincho de los caballos, y el viento soplando contra los árboles creando una hermosa melodía al rozar las hojas de éstos. Mágico. Esa era la palabra que elegiría para describir el lugar. Aunque no quiso mostrarse tan entusiasmada ante él y no se lo dijo.
La cena terminó, y el momento más temido para Oriana llegó. La hora de acostarse. De dormir. De las pesadillas. Las tan temidas pesadillas. No las tenía a diario, aunque sí seguido, y de verdad esperaba que esa noche no aparecieran. Julian se iba al estudio, asi que se despidió de ella al pie de la escalera. Le deseó buenas noches y la beso en la mejilla. Oriana se derritió ante el contacto de sus labios contra su piel. Murmuró un buenas noche adorada y subió las escaleras de dos en dos. Rogando nuevamente poder dormir toda la noche de corrido.
Él se quedó mirándola hasta que desapareció dentro de su habitación y se fue a terminar con su trabajo.
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Y que le guste el Rancho (Adaptada)
RomantizmJulian Serrano, un apuesto ranchero, lleva años buscando a la mujer ideal. Ésta debe ser hermosa, carismática, humilde, amable, y por supuesto, debe gustarle vivir en el rancho. Oriana Sabatini es, efectivamente, hermosa, amable, humilde y tal vez...
