Veintiuno

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Se quedó parado delante de mi con una sonrisa muy bonita, muy distinta a la que siempre tenía.

-Creo que es momento de que regresen- nos dijo.

Ginebra me miró y beso mi mano antes de levantarse.

-Me alegra que este más tranquilo, Daishinkan. Ahora me gustaría pasar algo de tiempo con el señorita Salieri- le señaló mi ángel.

-Me temo que eso tendrá que ser más tarde, Ginebra. La señorita Salieri y yo tenemos que discutir algunos asuntos- señalo el Gran Sacerdote.

-¿Qué asuntos?-le pregunté sin entender.

-Se lo explicaré, ahora...salgan de mi mente por favor-nos dijo y chasqueo los dedos.

Un viento huracanado nos arrastró hacia fuera. Ginebra impacto contra la pared, lo mismo Korn y Whis; pero a mi me atrapó Merlot en sus brazos.

-¿Se encuentra bien?-me preguntó algo preocupado.

-Sí, no pasó nada- le dije mientras me abrazaba a su cuello.

Me puso en el piso mientras el Gran Sacerdote se despertaba y en esta oportunidad si parecía haber descansado bastante bien. Se veía de buen ánimo, todos lo comentaron. Ah y si se lo estaban preguntando, Whis estuvo tomando el té con uno de los Gran Sacerdote todo ese tiempo y si, eso molestó mucho a Korn quien pasó por una experiencia menos agradable.

-Bueno, es momento de que todos retomen sus labores y eso me incluye- indico el Gran Sacerdote- Lamento haberles ocasionado tantas molestias, mas el problema esta resuelto. Pueden ir tranquilos.

Me miró cuando dijo eso y recordé que aún no descubria de cual de mis lectoras estaba cautivo, pero la apuesta la había ganado él, después de todo Ginebra y Merlot sabían quién era yo.

-Señorita Salieri ¿Podría quedarse unos días más? Me gustaría hablar algo con usted- me dijo Daishinkan.

-Claro no hay problema- le dije preguntándome qué era eso de que quería hablar conmigo.

-Se lo agradezco- me dijo y haciendo una reverencia en forma de despedida desapareció.

Todos se fueron déjame con esos dos a solas, lo que era algo incómodo o al menos para mi. Disfruto la atención tanto como cualquiera, pero esos dos me brindaban demasiada. Les dije que estaba cansada y no mentí. Me recosté en esa cama donde antes durmió Daishinkan y me dormí rápidamente. Desperté cuando las dos lunas de mi mundo estaban en lo alto del cielo dando al paisaje una tonalidad ámbar, en la que los árboles se agitaban en un viento agradable que arrastraba hojas como si fueran confeti. No ví a mis ángeles y no los sentí cerca así que me levanté sin prisa.

Las noches en mi mundo son siempre calladas y a veces muy extensas. Estaba sola, aparentemente, asi que me puse a contar. Lo hago bien. No como para convertirme en una estrella de la canción, pero no está mal. Reflexionaba respecto a tantas cosas relacionadas a la escritura, pero también en el arte en general. Yo vengo de una familia de artistas y de alguna forma, mis hermanos y yo seguimos esa senda ¿Es el arte una expresión del ser o es el ser una expresión del arte? ¿Por qué un pintor pinta,por qué el escritor escribe? ¿Qué nos hace levantar mundos ficticios? ¿Qué nos hace creer personajes? ¿Qué nos lleva a escribir, a componer música, etc? Tal vez todos tienen motivaciones distintas para realizar estas actividades, pero en general ¿Qué buscamos al crear todo eso? ¿La perfección? ¿La belleza? ¿O es que somos blasfemos y queremos sentirnos dios? En la literatura un escritor es dios; eso me lo dijo Daishinkan la primer vez que estuve ahí.

"Las penas se van
Y vuelven a estar
Ancladas en un mar
Que suele callar
Tus lágrimas, tu devoción
Un pez que vence todo su temor
Para vivir, para existir
Y descubrirse cada día más..."

Cantaba yo a media voz, pero el silencio de mi mundo amplificaba el sonido y me perdí en la canción cuando alguien a mis espaldas dijo:

-Recuerdo que una vez dijo que cantaría para mí, pero nunca sucedió.

El gritó que escapó de mi boca fue agudo y el saltó que me hizo dar su repentina aparición por poco me hace perder el balance. Estaba parada en el borde de aquel lugar que era una especie de quiosco grande,de piedra en la ribera del lago.

-Lo siento- me dijo el Gran Sacerdote- No fue mi intención asustarla.

-Lo sé, supongo que ya debería haberme acostumbrado- le dije.

No hizo comentarios respecto a eso y caminó hasta quedar parado a mi lado para ver el paisaje. No habló durante varios minutos al fin rompió el silencio preguntandome:

-¿Sabe quien es la persona que me a cautivado?

-No- le dije algo confundida con la pregunta- Honestamente no tengo idea de quién pueda ser. Nunca me ha sido fácil saber lo que usted piensa y no sé nada de sus gustos o preferencias como para descubrir algo así.

-¿Gustos y preferencias?-repitió.

-Sí,es decir, debe haber cosas que le agreden y otras que no- le dije y me senté en el escalón abrazándo mis piernas.

Daishinkan se llevó la mano a la barbilla para pensar un momento y luego de un rato camino hasta posesionarse delante de mí.

-Me desagrada la impertinencia, la falta de modales, la exacerbación, el ruido y la ingratitud- me dijo inclinandose un poco para verme a la cara- Me agradan las personas que piensan fuera de lo convencional, las que ven más allá y también me gustan las cosas frágiles. Creo que tengo predilección por mundos calmos y acogedores como este.

Lo último lo dijo mirando a su alrededor y regresando a su habitual postura.

-Eso lo confirma...tiene usted un alma- le dije y me sonreí, algo que parecío llamarle la atención.

-Alma-repitió

-Sí, alma...ya se lo había dicho.

-Alma...es la que hace diferente a cada individuo, ahí se guarda la savia que nutre al ser -dijo con aire de filósofo reflexionando- El alma está en alguna parte de cada ser o de los objetos u ideas a las que se les a otorgado una. A veces callada, sumisa, amordazada a raíz de la falta de conexión que tenemos con ella que es la que trasciende y nos hace inmortales...

Lo mire algo perpleja con la profundidad de su súbita reflexión y luego solté una pequeña risa. Era el Gran Sacerdote, no tenía nada de extraño que llegará a una conclusión como esa tan rápido.

-Creo que eso es muy acertado- le dije.

-Gracias, pero el mérito es suyo. Usted me ha enseñado todo esto. A aceptar que es lo que soy y definir quién soy más allá del argumento y las páginas en blanco.

No supe que decir a eso,guarde silencio.

-Sabia que usted era la indicada para ayúdame- me dijo obsequiandome una sonrisa amorosa- Repecto a esa persona que se asoma en sus historias. Le diré quién es si me dice que debo hacer con Ginebra y Merlot.

-¿A qué se refiere?- consulte un poco preocupada.

-¿Los borro o los conservo? Es su decisión- me dijo.

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