Dieciocho

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La mente del Gran Sacerdote parecía una especie de desierto de arenas blancas con enormes construcciones a medio sepultar. Gigantescos edificios que el viento cubría de arena, en cuyos pórticos ardía un blanco fuego. Nos quedamos viendo esa extensión infinita un momento. Era sobrecogedor y abismante a la vez. El viento se intensificó súbitamente. Arrastraba el polvo que se volvió una especie de bruma áspera que nos obligó a permanecer inmóviles un instante. Me ampare los ojos como los brazos, pero me era imposible mantenerlos  abiertos. Sentía la mano de alguno de mis compañeras en mi hombro  cuando un campo de energía se formo a nuestro alrededor. Ginebra conservaba gran parte de sus facultades en la mente de Daishinkan, porque salió de ella. Gracias a él pudimos caminar por aquel paraje a resguardo de esa tormenta de arena, que parecía querer tragarnos y sepultarnos en las profundidades del desierto.

Ginebra y Merlot. "Hijos literios" tengo varios, pero estos dos son especiales. Recuerdo que no estaba seguro si debía crear un personaje para la historia "No", pues al principio pensaba que al ser un fanfic debía ser muy apegado a la historia original, mas al leer otras historias entendí que estaba permitido, sin embargo, en el caso de Merlot no lograba sentirlo mío,  debido a que simplemente aparte una parte del Gran Sacerdote para crearlo, mas con el paso del tiempo lo acepten como obra mía. Ginebra, en cambio, era sólo obra mía y es el único personaje al que le construí un pasado. Él necesitaba un pasado, que tal vez no era el mejor, pero que lo sostenía y nos hacia entenderlo mejor ¿Por qué me dolía tanto su indiferencia? Porque era injusto, desde mi punto de vista, que me tratara así. Le di un buen final e incluso estaba participando en una segunda historia. Ginebra era un personaje prácticamente sin páginas en blanco.

¿Por qué Ginebra y Merlot? De pronto tuve la respuesta más acertada. Merlot es corazón, es puro sentimiento y por eso me aceptaba con tanta facilidad. Me amaba porque es natural amar lo que nos crea. Amamos a nuestros padres naturalmente, mas es el tiempo, sus acciones y otros factores los que nos modifican un poco ese afecto, mas sigue estando ahí. Por eso nos duele si no nos aceptan o se equivocan, etc. Merlot me amaba porque era corazón y el corazón acepta ciegamente. Merlot entendía quien era, lo que era y porque surgió. Era eso lo que le entregaba la plenitud y le permitía amarme, cayendo en la devoción. Yo era su diosa.
Pero Ginebra era conciencia, era pensamiento por lo que naturalmente estaba hecho para cuestionar. Si bien comprendía lo que era se negaba a aceptarlo sin antes escarbar en las razones de su existencia y de como fue concebido. Su papel en ese mundo, de mi mano forjado, era algo que podía ser juzgado y él lo hacía despiadadamente.

Daishinkan estaba buscando aceptar lo que era, mas no sabía quien era realmente. Cuando quedó en el paréntesis, fuera del argumento original, Daishinkan quedó lejos de la mano de su dios y a la deriva. Conciente de que era, pero negándose a aceptarlo. Sabía lo que era, mas no quien era y ya que su dios no le dejó más que vacíos, terminó buscando a otro dios que le brindará plenitud mediante la construcción de sus pasado y presente, sin embargo, al ser conciente de lo que era no podía no cuestionar las ideas entorno a él y el como era tan sencillo hacer de su persona cualquier otra. Todo lo que Daishinkan leía le gritaba una sola cosa: no tenía voluntad.

Caminamos por varios minutos hasta que un Daishinkan apareció delante de nosotros y se quedó viendo a Whis y Korn. La tormenta de arena pasó y ahora había un cielo azul resplandeciente.

-¿Es nuestro padre?-le preguntó Korn a Whis.

-No estoy seguro...

-No lo creo. Parece una de las personificaciones de las historias que lee- dijo Ginebra.

Tenía bastante sentido que Ginebra las reconociera así de fácil. Nos quedamos a la espera de que ese Daishinkan hiciera algo, pero sólo se quedó ahí parado hasta que un temblor bajo nuestros pies nos hizo caer en el tejado de un nuevo edificio que se levantaba de las arenas. Por poco caigo al suelo desde una gran altura sino es porque que Korn me sujeto del brazo. Quedar en vilo al borde del templo aquel me hizo ver a ese Daishinkan desaparecer en un viento que entró en esa construcción.

-Creo que cada edificio es una representación que guarda las ideas de las historias que ha leído- declaro Ginebra.

-Entonces es sólo cosa de destruir estos templos para que las ideas desaparezcan- señalo Whis -Se me hace demasiado fácil...

-A mi también- murmure viendo a mi alrededor.

De pronto unos ocho o diez Gran Sacerdote aparecieron y nos rodearon para sin darnos tiempo de nada, saltar sobre nosotros, tomarnos y separarnos arrastrandonos en diferentes direcciones. Ignoraron a Ginebra por lo que pude ver y este se quedó allí un momento antes de decidir qué hacer. Finalmente lo ví volar hacia mí e intentar salvarme, pero todo se hizo oscuro después de eso.

Cuando recobre el sentido estaba en en una especie de campo de flores al interior de un gigantesco edificio. Me dolía algo la cabeza y me pregunté qué hacia en ese lugar, entonces recordé que hay historias donde Daishinkan se enamora de la autora o de la lectora...así mismo hay historias donde Daishinkan sostiene relación amorosas con sus hijos o donde los protege, donde los castiga o donde simplemente es él, pero si se llevo a sus hijos... No quería imaginarlo las posibilidades en las que los pobres podían estar metidos en ese momento, además tenía que preocuparme por mi misma. Cuando el Gran Sacerdote apareció delante de mí con un ramo de flores ya comencé a preocuparme y materialice una espada en la mano que tenía tras la espalda.

-Hola Gran Sacerdote-le dije con una sonrisa nerviosa.

-Muy buenas...

No alcanzo a decirme nada más, pues una enorme esfera de energía lo atrapó y lo hizo polvo.
Ahí estaba Ginebra mirándome fríamente.

-Dese prisa y busquemos a los otros-me dijo

-¿Cómo entraste aquí?

-Puedo volverme intangible e incorporeo-me explico secamente

Me sonreí levemente mientras me ponía de pie para verlo a los ojos.

-Una habilidad que te otorgue-le dije con seriedad-Aceptalo de una vez, Ginebra...Yo soy tu diosa. Te guste o no.

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