Doce

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Daishinkan me veía casi como si me estuviera preguntando : "¿Qué le hizo sentir ese beso?" o algo como eso. Fingió toser y dijo que volvería a retomar sus actividades. Me dió las gracias por ayudarlo a descansar y le dijo a Merlot que lo acompañara.

-Pero yo...-balbuceo el ángel de la túnica celeste.

-Volverás con la señorita Salieri más tarde, ahora acompañame-  insistió el Gran Sacerdote.

Merlot tomo mis manos y les dio un tierno beso antes de irse. ¿Por qué lo bese? Era algo difícil de poner en palabras. No podría definirlo y eso que me quedé pensando en eso durante horas. ¿Puedes abrazar, tocar o saborear una idea? No, no puedes. Yo hice lo más parecido a eso. Amaba la idea de la que nació Merlot. No el hecho de que fuera parte de Daishinkan, sino la dicotomía de la que emergió está personificación. Esa confrontación entre la oscuridad de los anhelos y la luz de los sentimientos nobles. De ahí venía Merlot y esa sola idea me causaba algo que no podría explicarles. Además en ese mundo él era un ser tangible, con su propio criterio y demás ¿Hacia algo malo? No. Aunque no sentí ganas de repetir eso, pero Merlot es tan intenso que sabia, muy pronto, vendría a buscarme. Me retiré a un lugar tranquilo donde descansar. Hace poco había puesto un castillo, no lejos de ahi, hacia allá me encamine. Se que podía volar, pero prefería caminar, me ayudaba a pensar.

Mi castillo estaba al interior de un lago y en palabras simples estaba construido en el tronco de un gran árbol de follaje turquesa. Una construcción en madera verde, viva y perfumada donde volaban mariposas multicolores. Habían peces koi también y estos flotaban aquí y allá, en fin. Mi lugar favorito era la torre de libros. Una biblioteca llena de libros (de que más podría estar llena una biblioteca), pero hechos de hojas de árbol verde. En fin, ese lugar era tan silencioso que a veces llegaba a oír el latido de mi corazón. Necesitaba silencio, pero en ese momento escuché una voz que me llamaba allá a fuera. Traje a mi, inoportuno, visitante ante mi presencia. Era Zen Oh Sama que quería jugar conmigo. No lo rechacé. Jugar es bueno a veces, me ayudaba a recordar tiempos inocentes donde los problemas amorosos no existían, donde todo era sencillo. En esa etapa la mente está casi en blanco y nuestra mirada es curiosa, cándida.
Corría por el castillo tratando de alcanzarlo y si que el Rey De Todo es escurridizo. Terminamos en una habitación dedicada a mi familia. Allí hay un gran retrato de mi madre que le llamó la atención a Zen Oh Sama.

-Mmmm se parece a tí-me dijo y me sonreí.

-Eso dicen- le dije y antes de que preguntará le conté que era mi madre y que pasó con ella.

Pareció insensible al saber que ella murió, pero la verdad es que no lo era. Su naturaleza actual era muy inocente. Sus emociones y juicios estaban en retroceso, el nivel de sus criterios estaban reducidos a bueno o malo; agradable o desagradable. Rechazaba todo lo que le molestaba y apreciaba todo lo que le hacía sentir bien. Todos fuimos así alguna vez, así que su actitud no me dolió. Jugamos muchas horas y cuando se sintió cansado lo lleve a un lugar agradable donde dormir.

Yo busqué un lugar cómodo donde estar. Hay un jardín interior con un columpio donde me gusta ir a pensar. Por un momento me olvidé del Gran Sacerdote y sus asuntos para enfocarme en mis cavilaciones. Me balanceaba mientras pensaba en todas esas cosas que se nos escapan cuando escribimos. A mi se me escapan muchas más de las que digo. Si les preguntara a quienes me leen ¿Cuál es mi historia favorita? Todos sabrían cual señalar, pero si les preguntara ¿Cuál es la más especial para mí? Con toda certeza sólo una persona podría señalarla y darme el real motivo. La tinta del alma es la que se derrama invisible entre los renglones de la prosa, incluso la virtual.

Tinta del alma, páginas en blanco, corazón de prosa ¿Tienen almas aquellos que sólo existen en la ficción? ¿Puede un invento de la imaginación humana tener un alma? ¿Qué es el alma? Lo que mora más allá del corazón y la conciencia,eso es el alma o al menos para mi es así, a grandes rasgos y sin mayor explicación. Pensé en eso porque me hice una pregunta: ¿Qué define nuestra existencia? ¿Es el hecho de que estamos vivos? ¿Es tener un alma inmortal? ¿Qué define a una existencia? ¿Alma? Algunas ideas asiáticas dicen que el artista transmite una alma a sus obras al darles una intención...¿Estaría él dotado de un alma?

-Señorita Salieri- me llamó el Gran Sacerdote por medio de la telepatía-¿Me permite entrar?

Nadie podía ingresar sin permiso a ese castillo y yo se lo permití. Pronto estuvo a mi lado en esa postura casi perpetúa que tenía, la espalda recta y las manos detrás de ella. Me quedó viendo en silencio yo hice lo mismo, pero sentada en el columpio.

-¿Sucede algo?- le pregunté.

-¿Por qué beso a Merlot?- me preguntó directamente.

-Eso es algo personal que no tengo que discutir con usted-le respondí algo molesta y avergonzada.

-Me da curiosidad, no se ofenda- me dijo y se paro delante de mí -Pensé que el que le gustaba era Ginebra...

No le respondí y miré el espacio entre mis pies.

-Sí...-murmuré.

-No tiene que avergonzarse por eso- me dijo- Es natural amar lo que se crea, incluso si es algo malo o retorcido, incluso si ese comete errores o es nocivo. Al fin que son parte de usted en cierta forma. Los personajes no son más, que valga la redundancia, personificaciónes de muchas cosas...

Alce los ojos y me encontré con él mirándome con una expresión cansada.

-¿Por qué los trajo a ellos?-le pregunte.

-No lo sé- me respondió- Ellos sólo aparecieron...

-Esta mintiendo-le dije y él miró había el cielo con aire de dudosa inocencia.

-Sí me dice que es lo que quiere, me sería más fácil ayudarlo- le dije- Dígame quien es la persona que se asoma en mis historias y lo tiene en ese estado...

-Aunque se lo dijera, eso no cambiará las cosas- me dijo- Ella no podría estar a mi lado- añadió medio soñando.

-Pero podría hablarle, así como lo hace conmigo ahora- le dijo- Usted no se me hace alguien tímido, muchos menos inseguro como para temer hablarle a esa muchacha. Fácilmente podría convencerla de que le diera algo de su tiempo.

-Tal vez...déjeme pensarlo, pero ahora quisiera un cuento-dijo y se sentó en el suelo como un niño bueno.

-¿Le gustan las leyendas?- le pregunté ya que estaba reacio a hablar del asunto.

-¿Recuerda que una vez me habló de Sherezade? Quisiera oír su historia.

Una petición extraña,pero accedí.

-Todo empiesa con el sultán Shahriar- le dije de forma calmada- Un día sorprendió a su esposa engañandolo y la envió a matar. En venganza cada día tomaba a una virgen por esposa y la decapitaba al dia siguiente, hasta que conoció a Sherezade,la hija del visir...

Continúe la historia hasta que note que sus párpados se cerraban y la cabeza le caía sobre el pecho a ratos. Antes de que le siguiera algo al respecto ya estaba dormido. Pensé en cargarlo hasta el lugar donde tenía a Zen Oh Sama, pero me pareció que cometería una falta de respeto. Opté por dejarlo allí nada más sólo que le puse una almohada bajo la cabeza. Lo escuché murmurar algo que no entendí. Subitamente me tomo por la muñeca y me derribo. Quedé tirada en el suelo algo dolorida y él seguía murmurando algo, luego se sonrió ¿Me estaba jugando una broma? Me acerqué un poco para asegurarme de que estuviera durmiendo cuando una mano en mí hombro me hizo voltear.

-Déjalo descansar- me dijo Merlot- Y acompañeme por favor...

Me tomó por la muñeca para ayudarme a ponerme de pie, pero el Gran Sacerdote no me soltaba la otra y estaba apretando con fuerza desmedida. Apretaba los labios y frunció el ceño mientras hablaba, lo que entonces reconocí como el idioma de los dioses. Fue todo muy repentino... recuerdo luz y un dolor intenso.

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