¿Se han sentido cultivados por algún personaje alguna vez? Me atrevo a decir que sí, más de una vez y por razones muy diversas. Suele pasar en la adolescencia que nos enamoramos de un cantante, un músico, un actor e incluso personajes. Te puedes sentir ridícula o ridículo, pero es muy normal y no estás demente por eso a menos que se vuelva nocivo para ti y tu entorno. Como sea estos enamoramiento se desvanecen con el tiempo o bien se van modificando ¿Por qué les hablo de esto? Verán...
cuando era niña, el primer personaje de dragón ball que me gustó fue Shin. La razón es que me recordaba a los elfos y yo sabía de elfos por El señor de los anillos, un libro que toda mi familia habia leído, claro está Shin está bastante alejado de eso, pero fue la primera relación que hice al verlo. Luego puse atención y rápidamente se volvió mi predilecto por su carácter pacífico dentro de ese universo violento. A mis hermanos les gustaba Gokú, Vegeta, Piccolo y Broly, a mi me gusto Shin.
Pero los gustos cambian a medida que pasa el tiempo y esto se refleja en todo lo que hacemos, desde que música oímos, como nos vestimos o que tipo de personajes nos llaman la atención. Si bien yo seguía teniendo por Shin un profundo cariño arraigado en las memorias de infancia, en la actualidad mis gustos eran distintos y mostraba más afinidad por personajes de otra índole. En palabras simples mi nuevo personaje favorito de aquel universo ya no era Shin aún cuando le seguía teniendo un profundo cariño y me seguía recordando todas esas cosas buenas divertidas y familiares. En la actualidad había otro que me desperté algo que se podía entender como amor...uno platónico.
Ese amor de idealizada fantasía en la que no hay cabida para lo carnal porque es algo esencialmente puro y desprovisto de pasiones, porque estas son esencialmente ciegas, materiales, efímeras y falsas; el amor desprovisto de intereses de toda índole. El amor limpio que proviene de la idea, porque es en el mundo de las ideas donde todo es perfecto y el mundo real es una copia imperfecta de ese otro en donde tiene su origen. Ideas hay muchas y se ha muerto por defenderlas y se han desatado guerras por las ideas... enamorarse de una idea ¿Qué tan extraño puede ser?
El Gran Sacerdote me miraba y la verdad no tenía que decirlo, yo lo entendí bien. Los humanos amamos ideas de todo tipo y allá, en ese espacio, donde las ideas toman forma, donde adquiere alma e independencia ¿Seria tan raro que una de ellas se "enamorará" si además de ideas son personificaciónes? Él me miraba y yo busqué un punto neutro donde descansar mis ojos y el tiempo dejo de pasar entre nosotros. No sabía que decir o que hacer exactamente. Repasaba todas las indirectas de Daishinkan en mi mente sintiéndome casi como una imbécil por no haberlo notado antes e incluso Merlot. Mi Merlot que estaba y estaría siempre sujeto a los afectos del Gran Sacerdote...pensé en él en ese momento porque tal vez era sólo eso; afectos personificados, pero tenía su propia conciencia, sus pensamientos y él me aceptó con tanta facilidad.
-¿Qué sucede?- me preguntó el Gran Sacerdote.
-Pensaba en Merlot- le respondí con la mirada en mis zapatos.
-Merlot es y será siempre una extensión de mí. Es mis afectos personificados- me dijo tranquilamente- Entiende lo que quiero decir ¿Verdad?
-Sí...
-Aunque ambos sabemos que tiene su propia conciencia- señalo el Gran Sacerdote-Asi que si bien hay en él parte de mi sentir por usted, creo que Merlot a desarrollado su propio afecto por su diosa. No me complace decirlo, pues es casi irónico, pero el debe estar enamorado de su creadora.
-Yo- murmuré sin saber que decir.
-Es un amor sin categoría que fácilmente puede ser fraternal, maternal, de amigos o de amantes- me dijo Daishinkan estrechando la distancia entre los dos- Por eso puede besar a Merlot o verlo como a un niño...Porque lo que un autor siente por su obra es... ideal, perfecto porque es una idea y las ideas sólo son equivocaciones al volverse acciones. Digame ¿Estoy equivocado?
-No lo está-le respondí descubriendo que estaba inclinado hacia mí.
Tan próximo estaba que su nariz y la mía casi se tocaban. Siempre me molesto que se acercara tanto, pero a diferencia de otras veces, en esta oportunidad no lo aparte, ni me aparte. Me quedé ahí nada más poniendo en orden mis ideas que eran un huracán que me estaba revolviendo las entrañas y la sueve respiración de Daishinkan que acariciaba la piel de mi rostro, ambas sensaciones, me tenían en una especie de limbo del que no encontraba salida. La garganta se me apretó cuando vi que inclinaba la cabeza un poco a su costado izquierdo y sus labios tocaron los míos de una forma tan delicada como poderosa como si mil mariposas aletearan alunisono. El latido de mi corazón que tenía la vehemencia de unos timbales llevaba mi torrente sanguíneo a una velocidad desmesurada exaltando a su paso casa particular de mi ser. La energía de cada átomo que compone mi carne se agitó en ese momento haciendome entrar en el más alto estado de percepción en que se pueda estar. Podía oler su piel, sentir el calor que desprendía su cuerpo y sentir su toque; pero también podía ver su calor, oir su piel y oler su toque. Ese estímulo que la mente debe interpretar y coordinar en una sola respuesta era...
Respondí ese beso con la vehemencia de quien está sediento y se encuentra ante un racimo de uvas, a primera vista, jugoso y lo muerde para extraer el dulce zumo que apaga la sed, pero yo no tenía sed. Eran las ganas irresistibles de tener una idea sólo para mí y hacerla completamente mía así fuera de otro. Quería saborearla a mi manera, para disfrurla a mi manera. Porque así es al final de todo el proceso. Cuando la idea ya tiene alma, mente y cuerpo quedando a exposición del mundo, no queda más que aceptar que dependiendo de quien se encuentra con la idea personificada le dará su interpretación. Una vez toda la majestuosa obra está hecha y la compartes no puedes gobernarla y pasa todo con ella.
La idea de Daishinkan era atractiva para mi. Su personificación me cautivó y a medida que fui escribiendo de él, un buen día note que primaba su ser en mis obras y por tanto, en esa forma ya dicha, yo lo amaba y ese beso fue aceptado. No fue ni profundo ni superficial. Había en el una añoranza poderosa, pero muy blanca; desprovista de los anhelos de los intereses y las acciones, aunque sus dedos en mi barbilla al final de ese beso me causaron una sensación algo particular, mezcla de desconcierto y agrado, con un poco de pudor.
-Eso fue dulce-me dijo dejándome algo perpleja- Creo que, en cierta forma, cruzamos lo platónico.
-Supongo que si-dije perdida en razones sin razones.
-¿No me va a preguntar cómo pasó?-me dijo el Gran Sacerdote.
-Ya me lo dijo, pero ¿Soy cómo esa que imagino?
-Creo que no...es mucho mejor-me dijo.
Menos distante, menos formal y más suave, así se volvió Daishinkan súbitamente. Me extendió la mano invitándome a alguna parte. La sujete y partimos muy lejos de ese mundo. Si hay un lugar donde puedes ignorar el sentido común ese era aquel mundo, aquel universo. Estaba en el lugar correcto.
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Cuentos para Daishinkan
Fanfiction¿Te has preguntado de que te enamoras realmente? Te lo diré: te enamoras de la idea de... ¿te has preguntado que es un personaje? Te lo diré: una idea. ¿Te has preguntado si una idea puede amarte?
