—Oh—dije. No podía pensar en algún otro comentario así que me dirige a los reclutas—. Y ustedes, la próxima vez que se atrevan a faltarme al respeto me voy a encargar personalmente de devolverlos a sus manadas y tener una charla con sus respectivos alfas. Que no estén en su casa no significa que no tengan reglas que seguir. Esta es mi casa, mi manada. Que no se les olvide.
Salí del edificio sin mirar atrás ni detenerme. Terminé con la espalda pegada a la pared, respirando con dificultad. Demasiados pensamientos recorrían mi mente. Ahora todo, todo tenía sentido. Tara odiaba que su alge sintiera algo por mi así que coqueteaba con Cole para hacerme sentir lo mismo y la noche que la atacaron en la frontera…Seguramente estaba con Clyde. ¡Por supuesto! Estaban juntos, por eso ella me llamó. Él debió haberla obligado para no tener que traerla el mismo y tener que explicarle a nadie por qué estaba con ella.
—Estúpida, estúpida. ¿Cómo no…?— y en ese momento lo sentí. Era como si me hubieran quitado miles de ladrillos de los hombros. Trataba de respirar pero no podía.
— ¿Belle? ¡Belle!
Sentí el suelo moverse bajo mis pies y no pude hacer nada cuando perdí el balance y comencé a caer. Sentí como alguien me levantaba en el aire y me cargaba, pero podía entender una cosa: mi lazo con Clyde se acababa de romper. Los recuerdos se rompían por la mitad en mi mente, como fotos que Isobella estuviera rompiendo en un enojo. Entonces otra cosa sucedió.
Un sentimiento de euforia me cubrió de pies a cabeza y mi corazón latió más fuerte. También entendía que era esto: era Isobella aceptando al lobo de Cole por completo, sin reparos. Mis ojos se abrieron y yo dejé escapar un sonido extraño que jamás había hecho.
— ¿Mi niña?— Zeva. La persona que me estaba sosteniendo era Zeva.
—Gracias…— dije sin aire.
— ¿De nada?— dijo confusa—. ¿Estás bien?
—Sí. Eso creo. No lo sé. Bájame— me bajó lentamente, pero no me dejó ir—. Estoy bie…No.
Sangre. Sangre. Sangre. Sangre en mis piernas. Mucha, mucha sangre corriendo como una cascada interminable.
—No. No. No— seguí diciendo. Las lágrimas comenzaron a acumularse en mis ojos.
— ¿Belle?— dijo Zeva.
—Necesito ver a Ediel. AHORA.
—Okay, Okay, vamos, vamos.
Zeva me volvió a subir en sus brazos y junto con el movimiento se fue mi conciencia. Lo último que pude ver fue el rostro de mamá congelado en un grito en un lugar que no podía reconocer.
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“Hazlo.”
“No.”
“No te arriesgues, hazlo ahora.”
“Es mejor despierta.”
“Es más peligroso, ya sabes que ha terminado con varios. Es mejor así, solo hazlo.”
“¿Y la otra loba?”
“Eso no importa, hazlo ahora, Viktor. A tu padre se le está colmando la paciencia.”
— ¿Qué…?— dije abriendo los ojos.
Una pared gris, de metal, y unos ojos amarillos fueron mi bienvenida. Fruncí mis cejas mientras trataba de comprender. Un dolor en mi muñeca me hizo gemir. Miré mi mano y me encontré con algo inesperado: cadenas. Cadenas de plata sobre unos moretones que se veían más viejos de lo que deberían ser. Inmediatamente entré en pánico.
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Alges: La Alfa
WerewolfYo: Isobelle Vlad. Soy una chica de diecisiete años con problemas para controlar mi ira y una obsesión con los vampiros y hombres lobo. El: Cole McWilliams. el es un hombre lobo temperamental de diecinueve años que se cree que le pertenezco. Asi qu...
