ACTUALMENTE EN ALGUNA PINTORESCA Y PEQUEÑA CIUDAD DEL REINO UNIDO
SAM
Había pasado casi todo el día desempacando y por fin estaba vaciando la última caja, no quería sentirme como una recién llegada mucho tiempo así que enfoque toda mi energía en hacer que nuestras habitaciones lucieran como si siempre hubiésemos vivido en esta casa. La casa de mi tía Fran, situada convenientemente arriba de su repostería, en la que yo trabajaría de ahora en adelante. Como si pensar en comida le recordara algo a mi cuerpo, mi estómago empezó a gruñir, era hora de visitar a mi tía.
Parada en la parte de arriba de la escalera se podía escuchar el ruido proveniente del local, la voz de la señora que vive a unas cuantas casas y que cada tarde viene a tomar una taza de chocolate y comer un pastelillo; me pregunto cuanto tiempo falta para que finalmente nos diga que padece diabetes. Y ningún otro sonido más. Desde que llegamos me pareció algo curioso, el local de mi tía debe ser el establecimiento de comida más silencioso que jamás haya visto. Esta falta de sonidos es algo extraño para mí, a veces cuando cierro los ojos aun puedo escuchar el acero chocando, el tssss de la carne cuando entra en contacto con el calor, la voz del chef cantando las comandas en medio del servicio de la cena y un poco más allá, en el comedor, los cubiertos cuando tocan el plato, las voces de los comensales que conversan, el vino que cae en la copas, casi puedo oler la mantequilla fundiéndose. Mi estómago gruñe de nuevo y yo vuelvo de golpe a la realidad. Tengo hambre y comer es una de las mejores cosas que tiene la vida.
Mi tía cree firmemente que una taza de chocolate al día es la cura para cualquier mal y mientras estoy sentada aquí tomando una y mirando por la ventana hacia la pequeña pero pintoresca calle creo que podría tener razón. No había sentido esta tranquilidad en mucho tiempo, me gusta. Mi hermano cree que un "cambio de aires", como él lo llama, sería beneficioso para mí así que cuando lo aceptaron en su nuevo trabajo yo vine con él. Esperemos que tenga razón, la última vez que cambie de aires no salió muy bien.
La campana de la puerta suena y casi me causa un infarto, esa chatarra es tan anticuada pero sirve para avisar que alguien entró.
-¡Tía Francia! I'm home!- Grita Axel.
Se acomoda en la silla frente a mí, se le ve entusiasmado.
-Sobrino, deja de decir cosas obvias o más bien de gritarlas- dice mi tía molesta-, interrumpes la delicada paz de mi establecimiento.
En mi mente puedo verla haciendo una floritura con la mano, es que no le gusta que usemos su nombre completo.
-Pero si amas que este aquí- responde él-. A ver ¿Quién me quiere? ¿Quién me quiere?- Se ríe.
-Eres como las nubes de azúcar glass en mi batidora que intentan asfixiarme lentamente-.
Responde mi tía sarcásticamente. Después de eso empieza a cantar una canción lo que significa que ha vuelto a lo suyo y dejado de ponernos atención. Quien diría que la repostería vuelve a las personas tan raras. Axel se mete detrás del mostrador y roba un pastelillo de chocolate.
-¿Qué tal te fue en el trabajo?
Pregunto mientras se acomoda de nuevo en su silla.
-¿Y si me preparas un café mientras te cuento? Esa máquina del infierno me odia-. Dice y rueda los ojos.
Yo me levanto a hacerle el café y él empieza a contarme su día entre mordidas de pastelillo.
-Fue un día bastante bueno,- se detiene para masticar- me asignaron mis primeros casos y ya tengo muchas ideas para trabajar con ellos, son tres niños.
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El Recetario del Amor
Romance"Él está de pie frente a mí, una de sus manos está apoyada en la pared a lado de mi cabeza y la otra en mi cintura, sus ojos no dejan los míos ni por un segundo y casi puedo sentir su aliento acariciando mi piel. Es como si temiera que escape de él...
