Capítulo: 3. Charoita

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Jiang Cheng y sus discípulos descendieron en medio de un pequeño poblado intermediario de su secta, la Secta Qinghe Nie y la Secta Gusu Lan,  después de haber sobrevolado todo el día sobre sus espadas desde su propia secta. Una vez una vez que las enfundaron, los ojos perspicaces de Sandu Shengshou giraron alrededor del lugar registrando todo el movimiento, lo cual ya venía analizando incluso desde el aire. 

Pudo observar que las pocas personas que quedaban estaban empacando sus pertenencias y llevando a sus familias en carretas jaladas por burros o bueyes con la intención de huir lo más antes posible de la zona, completamente alarmados por la situación.

Jiang Wanyin dedujo que esto había estado pasando desde que la bestia y la energía resentida comenzaron a atacar a las personas en la mina.

Con una solo gesto, ordenó a algunos de los más jóvenes de sus discípulos ayudar a una pareja de ancianos que subían con grandes dificultades sus pertenencias a una carretilla de madera, la cual estaba repleta de paja. Obedeciendo a su líder, dos jóvenes de su formación dieron un paso al frente, asintieron, y se dirigieron hasta los civiles, ayudando a subir el pesado baúl de los ancianos.

Ambos ancianos muy agradecidos por la ayuda extra, quisieron pagarles con frutas, pero fueron rechazados de manera muy cortés.

Cuando los jóvenes pudieron asegurarse que todo estaba listo, y la vieja carreta comenzaba a avanzar, volvieron al lado de su líder, haciendo una reverencia antes de volver a ocupar su lugar en la formación.

Al adentrarse un poco más en el pueblo, se toparon con Nie Huaisang, quien se encontraba supervisando unas carretas que por el estandarte que llevaban se podría adivinar que pertenecían a su secta, las cuales al parecer estaban siendo empleadas con el fin para ayudar a evacuar a los últimos civiles y heridos.

Entre la conmoción de los civiles corriendo y los gritos lejanos de lucha de los cultivadores, Huaisang se veía intranquilo, cansado, hasta parecía olvidar cubrir su rostro con el abanico como generalmente lo hacía. Era una visión bastante extraña para alguien que conocía bien a Su Excelencia, y Jiang Cheng, extrañamente, era uno de esos, pese a ya no ser tan unidos, como lo fueron alguna vez en su juventud.

Al llegar a su lado, volvió a dar la orden a todo el grupo de sus discípulos para que apoyaran a cualquier civil de la zona y luego tomar un descanso hasta volver a ser convocados. Estos jóvenes cultivadores hicieron una breve reverencia y soltaron una frase de entendimiento antes de comenzar a separarse, dejándolo sólo junto Nie-zongzhu, quien seguía tan sumergido en sus pensamientos que no se percató de la presencia del otro líder a sus espaldas.

— Su Excelencia —saludó Jiang Cheng con cortesía fingida, haciendo una reverencia formal y provocando un pequeño susto en Huaisang.

—Jiang-zongzhu —respondió con un ligero asentimiento de su cabeza.

Ambos se quedaron un segundo en silencio después de aquello, donde los ojos claros de Nie Huaisang viajaron un poco a sus alrededores con cautela, cuidando que nadie los estuviera onservando. Cuando se sintió completamente seguro, sin pensarlo dos veces se lanzó a los brazos del líder de Yunmeng Jiang, quien se sorprendió por la acción tan desvergonzada.

—¡Jiang-xiong, no sabes cómo esperaba que vengas pronto! ¡Ya no sabía qué más hacer...! —exclamó con pesar, sintiendo las esquinas de sus ojos picar debido a las lágrimas desesperadas.

El líder de Yunmeng Jiang sólo puso los ojos en blanco, agradeciendo a sus reflejos que no lo dejaron caer de espaldas al suelo cuando el otro homre se lanzó contra él, de lo contrario su cara no hubiera podido ser tan gruesa.

—Compórtate, no te equivoques, no soy Wei Wuxian —masculló con molestia.

—¡Aiya! —se quejó con un ligero puchero, pareciéndose más a ese joven que conoció en los Receso de las Nubes— siempre tan serio... Pero está bien —con cuidado se alejó, acomodando sus túnicas y dando otra ligera mirada hacia sus alrededores antes de volver a tomar toda la actitud de Cultivador Líder —. Como puedes ver, llevaremos a los civiles a la Secta Qinghe Nie para que puedan resguardarse mientras la situación se normalice aquí —Jiang Cheng se cruzó de brazos, prestando atención a sus palabras—. Cuando los carros estén listos para partir, quedarán otros para que puedan asistir a los que están luchando, yo me quedaré aguardándolos, como bien sabes, no soy bueno luchando, así que daré mi apoyo por medio de mis discípulos y sanadores hasta donde pueda.

Small Purple Clouds (XiCheng)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora