Liberado

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Kohaku: Querrá pelear, no la dejen

Ellos más que nadie sabían eso. La chica a pesar de estar herida iba a querer ayudar y tenían que evitarlo. Luego de que este dijera eso se fue junto la chica, los cuales no le despegó la mirada hasta que desaparecieron. Bingo, ya conocía el camino que debía tomar para encontrarse con Kikyo por "accidente". Desde que se había enterado que se encontraba en el lugar quería ir a verla.

Los soldados se pusieron en marcha a prepararse para la batalla. El chico había dicho que iba ser difícil, por lo que estos querían estar preparados. Inuyasha y Miroku volvieron dentro del palacio para ver a la chica. Esta seguía descansando, pero su frente estaba sudada y su respiración pesada. Ambos suspiraron, pero el monje se sentó a su lado colocando así una mano en su frente.

Miroku: Sigue la fiebre – Inuyasha se sentó en su esquina preferida y suspiró por segunda vez.

Inuyasha: No mejorará al menos que nos vayamos – miraba a este – Debemos hacer esto rápido

Shippo: Tal vez terminemos ayudando la aldea y ella aun durmiendo – Kirara chilló.

Miroku: Esperemos eso – miraba a la chica.

La posibilidad que ella se recuperara era de un cero si se quedaban en esa aldea. Tenían que ser rápidos y terminar con la situación de la misma. Tampoco tenían en claro que debían hacer con el youkai, sin mencionar que ahora iban a estar más cerca con Kikyo, lo que alteraría a Inuyasha. El monje suspiró por eso, sabía muy bien que en el momento en el cual el hibrido viera o supiera el paradero de la sacerdotisa iba a encontrarla. Lo podía decir con seguridad ya que siempre era lo mismo, desde que resucitó fue así. Corriendo detrás de ella como un cachorro.

Otro suspiro y tenía la mirada del hibrido. No entendía el porqué de su comportamiento con Kikyo y la rabia con Kagome. Admitía que el engaño fue por culpa de Naraku y no se pudo evitar ya que este hizo sus movimientos muy bien, pero el abandono de Kagome era como si fuera la misma situación. Desapareció como por acto de magia y sin mencionar nada, era como si hubiera sido ¿asesinada? Entonces el hibrido se enojó con un tercer suspiro.

Inuyasha: ¿Qué tienes Miroku? Eres muy molesto con los suspiros – el monje negaba.

Miroku: Solo estaba pensando en algunas cosas

Inuyasha: Pues deja de hacerlo, es molesto – salió del lugar sin decir más.

El pequeño Shippo se sentó y estrujaba sus ojos a la vez que bostezaba por el cansancio. Miroku sonrió por las acciones del chico y acarició su cabeza.

Miroku: Buenos días, Shippo – este sonrió – El desayuno estará en algunos minutos – el pequeño volvió a acostarse – 5 minutos más estarán bien

Su amigo lo frustraba. Sabia el motivo de sus preocupaciones, la principal, la exterminadora; y la última, él. Después de todo sabía que iría a buscar a Kikyo en algún momento. Se detuvo en la entrada del palacio y miraba el camino por donde los chicos habían tomado. Quería ir, pero aun no era momento.

[...]

El atardecer estaba cayendo y no había ningún movimiento del youkai. Muchos soldados habían tomado la tarea de estar en constante vigilamiento. El soldado mal educado había ordenado llevar a la princesa en algún lugar seguro mientras se hacían cargo del youkai. Kohaku y Suzuka se encontraban en las ramas de los árboles para poder tener mejor vista, sin mencionar a Inuyasha que estaba igual. El monje estaba en la cabaña del monstruo colocando más pergaminos, ya que estos se desprenderían del lugar cuando la energía maligna se incremente.

Suzuka: Es obvio que no necesitaremos ayuda de ellos – miraba como el monje colocaba más pergaminos.

Kohaku: Aun así, dejemos que hagan lo que quiera – la chica sonrió.

Engañados [Inuyasha]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora