La mañana había comenzado. Sango había notado que Inuyasha nunca regresó a la cabaña luego de haber hablado con su hermano. Kohaku había llorado tanto que se quedó dormido con sus ojos hinchados y rojos. Suzuka se había preocupado tanto que al despertarse había hecho un té para el chico, el cual se lo tomó con una sonrisa. Durante la madrugada Kagome recayó a su condición anterior, por lo que se encontraba inconsciente en su futon. Miroku y Shippo habían salido en busca del desaparecido, ya que la única información que ella le había otorgado fue: "Se fue al bosque". Estaba segura que se encontraba bien, pero por la condición que lo había encontrado la noche anterior la preocupaba. Kaede y ella se quedaron en la cabaña por si la sacerdotisa necesitaba algo o los niños.
Suzuka: ¿Puedo ir a jugar? – Sango asintió – Me llevaré a Kirara
Sango: De acuerdo. Tengan cuidado – esta asintió saliendo del lugar.
Kaede: Iré a recoger frutas – Sango asintió.
Miró a su hermano, el cual miraba a la sacerdotisa con tristeza. Entre Inuyasha y él tuvo que haber sucedido algo y ninguno de los dos lo diría. Suspiró rendida ante la idea de preguntarle, pero al notar la mirada confundida de su hermano solo le dedicó una sonrisa.
Kohaku: ¿Qué te sucede?
Sango: Podría saber ¿por qué llegaste llorando anoche? – el chico desvió su mirada – No tienes porque contarme – se levantó caminando a recoger los futones.
Kohaku: Casi le cuento a Inuyasha – la chica se sorprendió – No quiero cometer un error – sus lágrimas amenazaban a salir – Quiero irme con ellas – sintió los brazos de su hermana.
Sango: Cuando llegue ese momento, yo los ayudaré a irse. No quiero que sufras – este asintió con una sonrisa – No le diré a nadie
En el bosque los chicos ya se estaban cansando de buscar. Miroku había buscado por los alrededores más cercanos, mientras que Shippo volaba buscando. Estos suspiraban, no tenían idea de dónde podía estar Inuyasha. Ya rendidos decidieron regresar a la aldea, pero antes de que dieran un paso Shippo recordó un lugar.
Shippo: El pozo – Miroku y este se apresuraron.
Sus pasos eran largos y apurados. ¿Cómo no se les ocurrió ese lugar primero? Aunque se estaban arriesgando ya que el chico no quería saber nada de la sacerdotisa. El monje no recordaba bien el momento exacto que el hanyou comenzó a odiar a la chica. Admitía que se había sentido traicionado cuando los abandonó, pero de igual manera tenía la esperanza de que regresara, algo que tardó, pero sucedió. Al llegar sonrieron. Inuyasha se encontraba sentado en el suelo recostado en el pozo con sus ojos cerrados. Se fueron acercando hasta que el chico abrió sus ojos. Estaban sorprendidos, parecía perdido y agotado por alguna razón.
Shippo: Inuyasha ¿estás bien?
Inuyasha: Hace poco descubrí algunos secretos de Kagome, pero anoche surgieron más dudas sobre ella – los chicos se miraban entre sí – Hirieron de muerte a Kagome. Kohaku y alguien que no conocemos la ayudó a sobrevivir, pero lo que no entiendo... ¿Quién la hirió de esa manera? ¿Y para qué? – Miroku y Shippo estaban sorprendidos ¿de dónde escuchó eso? – Al igual que Kohaku y Suzuka, quiero protegerla y encontrar las respuestas a todas mis preguntas – miró a sus amigos – ¿Me ayudaran? – estos asintieron.
[...]
Lo menos deseado de Inuyasha llegó, la noche. Todos se encontraban en la cabaña cenando. Los dos híbridos suspiraban de enojo por lo que les estaba pasando. Ambos tenían aspecto de humanos. Uno con cabello y ojos negros, mientras que la otra tenía su cabello y ojos de color café. Kohaku miraba curioso al hanyou.
Kohaku: Te pareces a Suzuka
Inuyasha: Ya te lo había contado
Los presentes estaban tranquilos por la manera en que se trataban estos. Pareciera como si nada hubiera ocurrido. Cuando Miroku y Shippo regresaron con Inuyasha; Sango se calmó al verlo. Tanto Kohaku como Inuyasha se sintieron incomodos al volverse a ver, pero tomaron unos minutos para dialogar sobre lo sucedido. El hanyou había quedado en aparentar que nada había ocurrido y esa conversación nunca ocurrió, algo que Kohaku imitó.
Estos siguieron cenando, pero el bostezar de la gata los alertó a todos. Suzuka y Kohaku sonrieron emocionados. La chica había aclarado que si la gata se levantaba era señal que Kagome mejoraría. Sango se acercó lentamente a la criatura.
Sango: ¿Quieres agua? – le acercó un cacharro – Si tienes hambre, hay pescado – la gata observaba a la chica, pero solo se limitó a tomar agua y a comer.
Suzuka: Si gata despertó... – fue interrumpida.
Kohaku: Podremos irnos – todos lo miraron – Así no molestaremos más
Kaede: No molestan – los chicos la miraron – Lo mejor sería que se quedaran por un tiempo más y observar a Kagome
Suzuka: Podemos hacerlo nosotros – la anciana negaba.
Por cada segundo que pasaban en esa aldea era una tortura para Kohaku. Sabía que Suzuka confiaba en ellos plenamente, por lo que estaba seguro que la chica había abierto la boca sobre muchas cosas. La sacerdotisa y él, de tan solo mirar la cabaña, se sentían incomodos. Su hermana le había prometido ayudarlo para que escaparan en silencio y sin que nadie se diera cuenta. Esa noche era la ideal, ya que Inuyasha no tenía sus súper sentidos.
Kohaku: ¿Podemos hablar, hermana? – sin decir nada salieron del lugar.
Los demás siguieron su cena. La niña se encontraba sentada al lado de gata mientras que la mencionada comía lo que le daban. Miroku al terminar su comida fue a limpiar lo que había ensuciado, encontrándose así a Kohaku y Sango hablando justo al lado del pequeño charco que se encontraba. Estos hablaban a lo bajo, como si se contaran un secreto o algo parecido. Este no se quería involucrar en nada, pero al dar la espalda solo escucho cuando la exterminadora dijo: "Bien, pero te extrañaré". ¿De qué hablaba ella? ¿Extrañarlo? No es como si se fuera a ir en ese momento.
El chico miró hacia la cabaña y notó la presencia del monje. Se sorprendió, no quería que nadie se enterrara de lo que iban hacer esa noche, pero al observar que el mismo entraba al hogar se tranquilizó y suspiró. Su hermana lo abrazó con fuerza y sentía como las lágrimas tocaban su hombro.
Kohaku: También te extrañaré – respondió el abrazo – Espero vernos pronto – esta asentía.
[...]
Sango miraba toda la cabaña. La noche aún estaba sobre ellos. Todos dormían, momento perfecto para que su hermano y la chica se fueran de la aldea. Le dolía aceptar que su hermano se alejaría nuevamente de ella, pero debían hacerlo si querían que Kagome se sanara y recuperara. No sabía el porqué de la condición de la misma, pero todo lo hacía para volverlos a ver saludables y en buen estado. Suzuka había creado un lobo, en el cual Kohaku y Sango treparon a Kagome con cuidado. En las manos del chico se encontraba la gata durmiendo. Lentamente se encaminaron a la salida de la cabaña. Cuando estaban en el exterior suspiraron de alivio por la victoria. El exterminador hizo una reverencia hacia su hermana en forma de agradecimiento por la ayuda que le había brindado. Suzuka miraba como estos se abrazaban con fuerza y lágrimas bajaban por el rostro de la mujer.
Sango: Tengan cuidado – estos asintieron y se fueron corriendo – Espero verlos pronto – pensó con lágrimas.
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Engañados [Inuyasha]
FanfictionDesapareció sin dejar rastro. Cada uno de sus amigos se preguntaban ¿porqué tomó la decisión de irse a casa sin consultar con ellos? Muchas veces Inuyasha intentó ir a buscarla, pero por algún motivo el pozo no lo transportaba a la época donde ella...
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