Más dudas

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Los días pasaban y aún seguían en la aldea. De vez en cuando Inuyasha y los demás se iban a las aldeas cercanas y dejaban a la anciana a cargo de Suzuka y Kohaku. Estos se la pasaban practicando sus técnicas de ataque, ayudando aldeanos, jugando, e incluso, acompañando a la anciana Kaede al bosque para que nada malo le pasara.

Ese día era uno que todos se encontraban en la aldea ayudando en lo que podían. Miroku e Inuyasha ayudaban en el huerto; Sango, Kohaku y Suzuka practicaban sus técnicas de ataque; Shippo, Kirara y Kaede ayudaban en la aldea. La cabaña estaba en total silencio, por lo que no había ninguna molestia. Se levantaba lentamente del lugar, tambaleando y con dificultad. Notaba la presencia de la gata, pero esta no se movía en absoluto. Con problemas caminó a la entrada de la cabaña y se recostó en el marco de la puerta. La claridad del día evitaba que pudiera observar en donde estaba, pero al irse acostumbrando poco a poco su vista fue mejorando, dejando ver así donde estaba.

Estaba sorprendida ¿Cómo había llegado a ese lugar? Lo último que recordaba era que estaba siendo atacada por un gran youkai y perdiendo la consciencia. Se sintió mareada y colocó su mano en su cabeza. Algo había pasado y no lo sabía. Volvió al futon con lentitud, cuando se sentó acarició la gata, pero no se movía. En tres ocasiones le había pasado algo similar. Desde que se había alejado de Inuyasha y los demás su debilidad fue más grande, a tal grado de necesitar serpientes caza almas para poder mantenerse en pie.

Luego de la traición de Inuyasha se alejó por completo de ellos. Su odio hacia el hanyou se incrementaba por cada minuto de dolor que pasaba. Luego de horas de caminata cayó al suelo inconsciente y desangrándose. Al despertar recordaba estar en un viejo palacio y a Kohaku a su lado. Mucho tiempo después, durante la búsqueda de los fragmentos junto al hermano de la exterminadora encontró a la gata tirada en una cueva. Al inicio se negaba a ir con ella, pero después de varios minutos logró convencerla y llevársela. De igual manera encontró a la pequeña Suzuka, ayudándola. Suspiró alejando esos recuerdos tan pocos agradables, pero se sorprendió al notar a la persona que había entrado.

Kaede: Despertaste – caminó hacia esta y colocó su mano en su frente – No tienes fiebre. Eso es bueno ¿Quieres comer algo?

Kagome: ¿Qué hago aquí?

Kaede: Fueron atacados por un youkai y Kohaku vino a pedir ayuda – Kagome suspiró cansada.

Kagome: Necesito irme – fue a levantarse, pero el mareo volvió, provocando que cayera al futon.

Kaede: Sigues mal, quédate ahí – la chica se acostó nuevamente quedándose dormida rápidamente.

La anciana estaba contenta por verla con ellos nuevamente. Estaba segura que se iría cuando estuviera más recuperada, pero justamente en ese momento debía quedarse en la aldea. No tenían seguro lo que le había ocurrido, pero su condición era inestable. Tomó un paño mojado en agua fría y lo colocó en la frente de la sacerdotisa. No tenía fiebre y sus síntomas anteriores habían desaparecido, pero quería cuidarla. Escuchó pasos entrando a la cabaña y miró. Inuyasha dejaba cultivos frescos a su lado y miraba a Kagome.

Kaede: Gracias – el hanyou asintió – Que no te vean los niños

Salió del lugar, dejando a Inuyasha justamente al lado de Kagome. Este la contemplaba mientras dormía. La anciana Kaede le había advertido que los niños no lo vieran, pero no le importaba eso. Quería dejar saber que no le haría daño y menos tocarla con malas intenciones. Esa segunda provocó un sonrojo en él y sacudió su cabeza ¿en qué estaba pensando? Apenas la había encontrado y ya tenía esos pensamientos tan pervertidos. Suspiró por eso y retiró el paño húmedo de su frente. Se levantó de su lugar para cambiar el agua y buscar más pañuelos limpios.

Engañados [Inuyasha]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora