Youkai de río

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Ya habían pasado los meses y aun no conseguían fragmentos de la perla de shikon. Siempre salían con tazones de arroz, pagas de monedas o artículos que Miroku terminaba vendiendo a cualquier forastero. Inuyasha sabía que la búsqueda iba hacer difícil, ya que ninguno de ellos tenía la visión de ella. Quería sacarla de sus pensamientos, pero era imposible. Seguía cuestionándose el porqué de su ida sin decir nada. Su suspiro fue ruidoso, lo que llamó la atención de su amigo.

Estos se encontraban al frente de la fogata, esperando que Sango y Shippo salieran de las aguas termales para ellos poder tomar un baño. El monje ponía a cocinar los pescados que minutos antes habían pescado, pero los suspiros del hanyou lo ponían nervioso.

Miroku: ¿Qué sucede Inuyasha? – el mencionado miró a su amigo y por su mirada se notaba preocupado.

Inuyasha: Solo estaba pensando en que llevamos tres años y aún no conseguimos nada. Odio admitirlo, pero la necesitamos – Miroku observó la fogata.

Miroku: No quiero que te enojes, pero creo que Sango tiene un poco de razón. No sabemos por qué ella se fue, pero puede que regrese, y cuando ese momento llegue, debemos afrontarla

Inuyasha: Lo sé

Sonidos se escucharon desde unos arbustos, lo que alarmó a los chicos. Inuyasha tomó a colmillo de acero y se iba acercando a donde creía haber escuchado, lo mismo Miroku, el cual fue dirección opuesta. Pudieron escuchar nuevamente el ruido, pero esta vez aún más lejos. Al momento que tomaron la decisión de seguirlo, Sango, Kirara y Shippo aparecieron.

Shippo: Listo. Ustedes son los próximos – este se sentó cerca de la fogata.

Sango: Excelencia ¿qué sucede? – negó para alejar la preocupación de la chica.

Miroku: Vamos Inuyasha

Tomaron el baño con tranquilidad, aunque de vez en vez el hanyou sentía como si los estuvieran observando o escuchando. Al terminar de vestirse nuevamente el sonido en los arbustos, entonces no le quedaban más dudas. Alguien los estaba espiando. Con rapidez se fueron junto a los demás. Decidieron no decir nada para no preocupar a la chica y dejarla dormir, mientras que ellos hacían guardia.

La noche pasó rápido, ya que no volvieron a escuchar ningún ruido, ni sintieron presencia de algún demonio. Seguían caminando sin rumbo alguno, hasta que escucharon risa. Asumieron que tal vez estaban cerca de alguna otra aldea, pero cuando la maleza dejó de obstruir, vieron a una niña jugando en el borde de un acantilado.

Shippo: ¿Qué hace? – Sango iba a ir, pero Inuyasha la detuvo.

Sango: ¿Qué sucede? Se va a caer si no la sacamos

Inuyasha: Huelo algo – Miroku miraba alrededor, pero solo veía y escuchaba a la niña, que tal vez, no se daba cuenta que estaba en peligro.

Miroku: ¡Niña! – esta lo observó – Hay muchos lugares donde jugar ¿Por qué ahí?

Niña: Porque quiero – el hanyou se sorprendió por la respuesta. "Niña mal educada", pensó.

Sango: Podrías caerte

Niña: Siempre juego aquí, además, si me cayera tengo quien me rescate

Shippo: La muerte tal vez – susurró bajo.

Estos estaban sorprendidos. La niña seguía jugando como si solo se tratara de un precipicio con nubes en el suelo. Inuyasha quería irse lo antes posible, pero Sango y Miroku quería estar al pendiente de la chica por si necesitaba ayuda. Shippo brincó al hombro del hanyou y suspiró.

Shippo: Vamos otro lugar

Inuyasha: Ya quisiera yo

Entonces lo que se temían sucedió. La niña brincó en modo de juego y el terreno cedió. Todo pasó en cámara lenta. Kirara rápidamente fue a atraparla, pero en un abrir y cerrar de ojos una cadena la tenía amarrada por la cintura. Esta reía como si todo fuera un juego, pero al volver donde se encontraba anteriormente jugando abrazó a su salvador. Estaban más que sorprendidos, no esperaban verlo, y menos siendo abrazado por una niña descuidada.

Engañados [Inuyasha]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora