Ataque

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Shippo: ¡Corre! – Shippo jugueteaba con los niños de la aldea.

Sango se encontraba sentada al frente del palacio mirando como estos brincaban de lado a lado. Miroku e Inuyasha se habían ido con Take a buscar cultivos. Pareciera como si se hubieran mudado a esa aldea. Kirara volaba por el lugar, pero algo en el bosque le llamó la atención. Un celaje de color oscuro se había visto, por lo que la gata vio que su dueña estaba entretenida con los pequeños y decidió ir.

Volaba por encima de los árboles, pero notaba a la perfección el celaje. Era rápido, por lo que decidió descender y correr detrás del mismo. Al notar la presencia de la gata corrió un poco más, pero sin obtener éxito de alejarse. Esa figura oscura se detuvo y se posicionó para atacar, lo que le permitió a Kirara notar lo que era. Un lobo de color oscuro se dejaba ver, sin mencionar que se encontraba en postura de ataque, pero la gata se sentó al frente de este y chillo. El mismo se tranquilizó e imitó a la gata. Ambos mirándose con confusión, hasta que el lobo se esfumó, como si de polvo se tratara.

Kirara se confundió por lo sucedido y miraba su alrededor. Escuchaba como arbustos y hojas se partían mientras se acercaban a ella. Comenzaba a ponerse a la defensiva por si tenía que atacar, pero el aroma que le dio hizo que retrocediera y se sentara sin miedo alguno. De entre unos arbustos salió el responsable de los sonidos y quedara sorprendido por la presencia de la gata. Miraba los alrededores por si veía a la dueña de la misma, pero no vio a nadie. Kirara se acercó a este y comenzó a frotarse en él.

Kohaku: ¿Qué haces aquí Kirara? – miraba el lugar – ¿Dónde está Sango? – Kirara miró hacia la aldea – ¿Y qué haces sola por aquí?

Este sonreía por las cosas que hacia la gata. Terminó siguiendo al chico montaña arriba, encontrándose a una chica jugando con lobos. Los cuales aparecían y desaparecían sin dejar rastro alguno. La chica reía a carcajadas hasta que vio al chico y a la gata.

Chica: ¿Qué hace ella aquí? – Kohaku encogió sus hombros.

Kohaku: Parece que siguió uno de tus lobos y terminamos encontrándonos – la chica se acercó a Kirara y sonrió.

Chica: Eres tan linda – sonreía tiernamente, pero unos gruñidos hicieron que esta mirara – Ustedes también son lindos

Kohaku: No tanto como Kirara – la gata gruñó con aprobación – Hasta ella lo sabe, pero debes irte – miró a Kirara – Sango debe estar buscándote

Chica: Y no queremos que encuentre a su gata favorita con su hermano – sonreía – Hasta luego, Kirara

La mencionada gruñó y salió volando dejando a estos. Kohaku suspiró y la chica sonreía mientras lo miraba. Tenía en claro que deseaba estar con su hermana en esos momentos, pero tenía prohibido ir a esa aldea, a menos que fuera para sellar al demonio. Rió divertida por la situación, pero siguió jugando con sus lobos.

Cuando Kirara llegó a la aldea se detuvo en el techo de alguna cabaña, viendo así a los demás reunidos y mirando los alrededores. Se acercó a estos y la abrazaron. Sango suspiraba de alivio al verla a salvo, pero quería que supieran lo que había visto al pie de esa montaña, algo que iba hacer imposible, ya que ambos chicos se lo prohibieron.

[...]

La noche estaba cayendo y ya se encontraban en el palacio. Kirara y Shippo seguían jugueteando en el futon. Miroku y Sango los veían y reían por las cosas que hacían, y como era de costumbre Inuyasha se sentaba en una esquina. Así pasaron las horas hasta que decidieron descansar. Ya era completamente de noche, tal vez muy tarde, pero Inuyasha estaba alerta, ya que había escuchado ruidos en el palacio. Al inicio escuchó un sonido y luego a alguien hablar, cuando fue a cerciorarse era el soldado mal educado y una curandera. Ya luego oyó otro sonido, pero a nadie hablar o algo parecido.

Engañados [Inuyasha]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora