Ella en la aldea

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Iba acercándose a la cabaña mirando el fragmento que llevaba en su mano. Si se alejaba de ella nunca la vería ¿no? Pero si devolvía el fragmento de la perla era como si le estuviera diciendo a esa niña que no se alejaría. Guardó el objeto en su ropa y cuando alzó la mirada, en la puerta de la cabaña se encontraba la exterminadora, la cual lo miraba algo enojada. Entendía el motivo de su coraje, pero aún se sentía confundido con lo que estaba ocurriendo. Se detuvo justamente al frente de la chica.

Sango: Kaede estaba preocupada. Aún hay comida – decía de manera rápida y seria.

Inuyasha: ¿Aceptarías un fragmento de shikon por la lejanía de un amigo? – sabía que era un cambio de tema repentino, pero necesitaba saber la opinión de esta.

Sango: Por supuesto que no – el hanyou suspiró y le entregó el fragmento.

Inuyasha: Pensé en verla, pero la niña me dio eso a cambio de alejarme – entró a la cabaña.

La exterminadora miraba el objeto con confusión. Aun pensaba en la información que le había dado ¿Fue a verla? Sonreía por eso. ¿Le dieron eso por alejarse de ella? Como si fuera posible. Su sonrisa se desvaneció y entró a la cabaña sorprendida. Si le entregaron el fragmento con esa condición y había llegado con él en manos.

Sango: ¡Aceptaste! – todos la miraron.

Inuyasha: Eso ni siquiera fue una pregunta

Sango: Si llegaste con él... – fue interrumpida.

Inuyasha: Lo devolveré. Nunca mencioné que lo acepté

Sango: Aun así, lo tomaste

En vez de molesta se notaba preocupada. Eran amigas desde que se conocieron y alejarse de esa manera era dolorosa para ella. Inuyasha no estaba seguro de qué hacer, pero la respuesta de su amiga lo ayudó a decidir. Le había comunicado a la niña que se alejaría, pero en ese momento lo que quería era salir a buscarla y devolverle el fragmento de la perla. Estaba seguro que si Kagome estuviera en su lugar no lo aceptaría, pero aún estaban las dudas rondando su cabeza ¿serpientes caza almas para qué? Suspiró para evitar pensar en todo eso.

Pidió el fragmento de vuelta, algo que Sango le devolvió con molestia. Lo iba a devolver, pero ¿Cuándo? No tenía idea de dónde se encontraban ellos, ni cuándo podrían encontrarse nuevamente. Este observaba el objeto con detenimiento. Necesitaba tantas respuestas que se volvían un dolor de cabeza de tan solo imaginarlas. ¿Por qué Kohaku y esa niña están con ella? Porque los encontró heridos ¿Por qué esa gata misteriosa andaba a su lado? Porque la encontró herida ¿Por qué utilizaba serpientes caza almas? Porque estaba herida. Sacudió su cabeza, todas las respuestas que se imaginaba eran las mismas, ninguna tenía sentido. Tal vez encontró a los niños heridos y desolados, pero eso no tenía sentido si era Kohaku, ya que este estaba a merced de Naraku. Otra respuesta sin sentido. ¿Y si a la gata la encontró perdida? Probablemente la haya recogido, pero no sin antes cerciorarse de que su dueño estuviera vivo. Estaba muriendo de frustración.

Miroku: ¿Inuyasha? – el mencionado lo miró – ¿Estas bien? Si sigues así tus cabellos serán arrancados de tu cabeza

Shippo: Inuyasha calvo – comenzó a reír.

Inuyasha: Más vale que te calles

Shippo: Sí – desvió su mirada.

[...]

La luna menguante se dejaba ver. Estos la observaban como si fuera a desaparecer para siempre, en efecto, iba a desaparecer una noche, la misma en la que Inuyasha odia existir. Este suspiraba de tan solo mirarla y ver como cada noche se iba perdiendo de vista. Decidió entrar a la cabaña encontrándose con el pequeño zorro jugando con su fuego. Shippo al notar la presencia del hanyou dejó su juego de lado acercándose a este con una sonrisa. Se divertía molestándolo, pero en el momento donde el hibrido se colmaba y decidía darle golpes se arrepentía. Su estilo de vida era ese desde que lo conoció, pero había días en los cuales lograba que el hanyou se abriera con él, claro que esa noche no iba hacer la excepción.

Engañados [Inuyasha]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora