Al fin estaba regresando a su rutina después de pasar tantos días postrado y eso le aliviaba, el pelinegro estaba seguro que no habría resistido pasar una hora más en aquel lugar blancuzco con olor a productos de limpieza ultra potentes que de milagro no le habían inhibido el olfato.
El reloj de la pared marcaba las 7:30, tenía el suficiente tiempo para tomar algo para el desayuno y dirigirse a su sesión terapéutica. Asomo su cabeza por la ventana para encontrarse con un gato negro y gordo que lo observaba con cara de pocos amigos a quién le ofreció parte de su emparedado de jamón para ser rechazado al instante.
El cielo se pintaba de colores grises con nubes negruzcas, de seguro llovería más tarde y aún así, podía percibir aquel olor grato y cálido, suspiro y se recargo un momento en ventanal para plantar su mirada en el buzón que parecía contener el secreto del universo entre sus paredes metálicas pero toda atención hacia ese objeto fue robada por el espantoso canto proveniente de su vecino, el cual, cantaba sobre cómo el clima no podría arruinar su día. Wonwoo termino su desayuno y decidió escuchar un poco más aquella horrenda canción que ahora incluía en su lírica la goma de mascar.
A regañadientes se arrastró hasta el baño para cepillar sus dientes, le hecho un vistazo a su reflejo en el espejo para descubrir que las esquinas de sus labios se estiraban hacía arriba en una minúscula sonrisa. Nunca se levantaba de tan buen humor pero aquello tenía una explicación a la cual no le quería dar un nombre pero Kim Mingyu sí que había logrado robarle una sonrisa con aquella canción que no dejaba de reproducir en su mente.
Tomo el paraguas y salió de su hogar en busca de su muy querida terapeuta sin embargo, se detuvo ante la figura del moreno que bailaba y cantaba en plena calle mientras reciclaba la basura. Ante los ojos del pelinegro, el alto siempre había sido apuesto, claro, que no lo admitiría en voz alta pero toparselo en la calle con su pijama y cabello revuelto hizo palpitar el corazón de Wonwoo con fuerza. Sentía que sus pies se pegaban en el asfalto y sus ojos se llenaban con la imágen tan desaliñada del moreno que siempre se presentaba bien arreglado pero lo tenía ahí con un incipiente rastro de barba en la mandíbula que de seguro afeitaría al regresar a su morada, con el cabello revuelto y grasoso, pantuflas con cara de perro y un pijama celeste estampado de girasoles. No había ni un rastro del chico varonil y lleno de estilo que solía perturbarlo con su presencia, solo un chico normal que parecía tener el mejor momento de su vida separando el papel del plástico.
Era una imagen preciosa y si antes sus labios hacían el intento de sonreír, ahora, era seguro que estaba sonriendo con todo y dientes, llevo su mano hasta sus labios he intento detener el temblor de sus labios que le rogaban dejar escapar una risilla, no quería que Mingyu lo notara pero aquello fue imposible, a los segundos el moreno volteó en su dirección encajando sus ojos con los del pelinegro que noto como la tez canela del alto comenzaba a llenarse de un sonrojo furioso que le llegaba hasta las orejas.
Mingyu abrió la boca un par de veces y termino saludando al pelinegro con un asentimiento de cabeza para dirigirse hasta la puerta de su casa para refugiarse de los ojos felinos curiosos y divertidos de Wonwoo que lo observaban con tanta intensidad y atención que lograban abrumarlo, estaba hecho un desastre y aún así, Wonwoo se acercó a él con una sonrisa amplia musitando un "buen día Mingyu" y pasar de largo, retomando su camino dejando atrás a un confundido moreno que se debatía entre sentirse feliz o avergonzado.
El camino de Wonwoo consistió en el taradeo constante de su nueva canción favorita creada por el moreno y la visión que había tenido de este mismo. Aún no lograba emparejar aquella imagen tan desaliñada con el Mingyu usual que estaba acostumbrado a ver, su sonrisa crecía más y más al recordar los ojos abiertos y brillantes del altos, la duda que tuvo al momento de saludarlo y como lucía aquel pijama, sin duda alguna solo a Kim Mingyu se le vería bien aquel pijama porque aunque pareciera que estaba diseñado y determinado para una anciana, Kim hacía lucir aquella pieza celeste cómo lo último que había producido Dior y lo estuviera modelando en ese momento en una sesión improvisada.
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The Flower on my Garden •Meanie•
Ficção HistóricaAmor destinado. Una mala broma para la vida de Jeon Wonwoo y bueno, para cualquier persona cómo él. Su vida amorosa fue dictada desde que nació bajo aquella condenada orquídea limitandolo a un futuro solitario sin la posibilidad de amar o ser amado...