No me gusta, ya cállate.
Los avellanas ojos de la mujer, enmarcados por una espesa sombra negra, enfocaron al joven que estaba recostado en la puerta de su pequeña oficina, con los brazos cruzados.
─Sólo un poco. ─ Añadió él sonriente por lo que la mujer le acababa de decir, aunque por la seriedad en su rostro, era difícil saber si había sido para bien o para mal.
─Sabía yo que no habrían dos hombres igual de... torpes en el mundo. ─ Dijo con agresividad Verónica, dejando su seriedad a un lado y riendo sarcástica.
Corrección, torpe no, "idiota".
Que considerada, Jajajajaja.
La mujer volteó los ojos sacada de quicio por su "Subconsciente", sonreía liviana.
─Ja ja ja ja, siempre tan graciosa. ─ Marcelo quiso sonreír pero sólo le salió una mueca, odiaba ese defecto de ella, irónicamente, trataba de resaltar los defectos de los demás, y las virtudes de ella.
Esta mujer cree que sigo siendo el mismo imbécil, seguro.
La ejecutiva suspiró, sus risas cesaron y la seriedad reinó en su cara otra vez, mientras se ponía de pie apoyada con las manos en su escritorio y el cuerpo en un reducido grado de inclinación hacia adelante.
─Bueno, Marcelo. ─ Añadió. ─Creo que ya sabes como me gustan las cosas, y si no lo recuerdas, te lo diré. ─Ella daba unas suaves palmadas a una libreta que estaba sobre la mesa, a medida que hablaba. ─ Por favor, deja tu torpeza de lado, tu inmadurez, todo eso que odio de ti. Por lo menos mientras trabajes conmigo.
El hombre la miró con el ceño fruncido y asintió bajo la mirada inquisidora de ella, mientras suspiraba profundamente, sabía que desde ahora su trabajo sería más arduo.
***
Varias horas pasaron, y luego de tener listo su gafete, Marcelo entró a la oficina tranquilamente, sosteniendo la tarjeta en sus manos. Al subir la mirada pudo observar frente a él, a Verónica trabajando en aquel balance que tan desesperada la tenía, el mismo que ella le había pedido que hiciera él, pero hablaron tanto que terminó olvidándolo.
No podía dejar de pensar en lo mismo, en lo cruel que era el destino, en como debería soportar ver al amor de toda su infancia serle indiferente, y regodearse del amor que disfrutaba con otro.
Pero la imagen de esa misma mujer, fue como una revelación divina ante sus ojos, eclipsada por la luz solar que entraba por la inmensa ventana y que lo cegaba por lo brillante que era, el cielo pintado de tonalidades naranjas y rosas lucían de manera celestial, tanta belleza frente a el lo dejó sin palabras y se quedó apreciándola por un momento.
De manera involuntaria una sonrisa abarcó su rostro de oreja a oreja, la plenitud del momento era demasiado placentera y completa, había deseado con toda su alma volver a tener a aquella mujer nuevamente en su camino, así sea sólo para admirarla de lejos.
Porque apesar de la cercanía que ahora por el trabajo deberían compartir, él la sentía demasiado lejana, y era algo a lo que se debía acostumbrar, la distancia de alma que el destino hoy les había impuesto, para siempre.
─Ya tengo la identificación lista. ─ Dijo luego de haber carraspeado un poco, para hacerse notar ante la mujer que tan ocupada se encontraba, con la mirada puesta sobre unos papeles.
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Mi jefa, es una mujer peligrosa.
Mystery / Thriller¿Qué pasa si te reencuentras con la chica protagonista de tu efímero amorío juvenil? Y ahora, viviendo en la piel de tu jefa. Un joven hombre tendrá que soportar en carne propia la personalidad prepotente, déspota, y orgullosa de aquella mujer que e...