56: el espacio entre sus dientes, mi definición de perfección.

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Los dedos de Jinho deshilacharon de una forma casi imprescriptible el edredón.

Ni en un millón de años se habría imaginado estar en medio del cuarto de Hara, sentado a su lado sobre su alfombra y cada uno con un auricular en su oreja.La imagen le hubiera parecido surreal años atrás si se lo hubieran planteado, pero ahora sucedía.Y a diferencia de con el resto de las personas, él ya no se sentía empujado a hablar sin parar para llenar el silencio.Hara no tenía ninguna expectativa con respecto a su persona y estar a su lado era suficiente.Compartir una canción, rozar su hombro con el suyo y estrechar su mano, se sentía como lo más íntimo y a la vez más simple.

El resto veía en él lo que quería ver.Pero Hara...ella lo veía por quién realmente era.

—Y...esta canción también es buena...—Continúa hablando con calma, deslizando sus dedos sobre las teclas de su antiguo walkman mientras la suave melodía de “Put your head on my shoulder”continúa sonando—Es algo vieja...¿pero no es genial? Cuando me compraron este amiguito en una venta de garage vino con el cassette gratis de su anterior dueño y se me hizo la cosa más impresionante.Me lo ofrecieron como si yo fuera a decir que no.—Bufa ligeramente—Sí, claro.Eso no iba a suceder.Fue como encontrar un lingote de oro en medio de un basural.

—¿Te gusta mucho, no?—Jinho la mira con una mezcla de curiosidad y diversión.

Nunca la había visto más emocionada con algo.

Excepto...

Excepto cuando la besaba.

Su sonrisa se ensancha con orgullo ante aquél pensamiento.

—Por supuesto que sí.—Dice Hara como si fuera obvio, ignorante de sus pensamientos.

Entonces sus cálidos ojos chocan con los suyos, cálida miel derretida contra el café.Luego su mirada se desliza de regreso hacía abajo y sus largas pestañas negras rozan la zona de sus pómulos, ocultando sus secretos.

—Me fascinan las cosas con historia.—Murmura tímidamente—Por eso fue que de haber podido adquirir uno nuevo no lo hubiera hecho.—Le muestra cada una de las ligeras rayaduras en el plástico y cada grieta como si fueran algo maravilloso—Alguien lo tuvo consigo hace mucho tiempo y lo acompañó de camino a la escuela, a su trabajo...en momentos banales o importantes.—Sus ojos brillan—Cuenta una historia.Es especial.

A Jinho le encantaron sus palabras y la posibilidad de poder ver el mundo a través de los ojos de Hara le maravilló.Ella lo maravilló, como siempre.Pero aún así no pudo evitar removerse con incomodidad.

A Hara le gustaban las cosas especiales, pero él no se sentía especial en absoluto...

Lo que lo llevaba a recapitular el vergonzoso desastre de hoy.

—Siento que no fuera perfecto.—Murmura de repente.

Hara deja de divagar sobre Paul Anka y lo observa con confusión.

—¿A qué te refieres?

Sus dedos retoman el trabajo con el edredón, nervioso.

—Ya sabes, siempre pensé que la forma en la que conocería a tus padres fuera perfecta...o al menos, bueno...—Sacude su mano frente a su cara—Sin un ojo morado y una bolsa de arvejas congeladas en la cara.

—Lo de tu ojo es culpa de mi hermano.Ni por un segundo te culpes por ello.—Su rostro se llena de enojo al recordar el incidente, pero rápidamente se evapora al ver el gesto compungido del chico—Y no te preocupes por ello...—El rubor toca sus mejillas mientras sus dedos rozan suavemente la zona herida—Es el ojo morado más lindo que ví.—Susurra.

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