60: la caída.

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Todo comienza normal.

El sol brilla igual que siempre, los olores en la estación son los mismos, las personas caminan y charlan con normalidad.

La vida tiene su curso vertiginoso usual.Él y Hara finalmente van a visitar el último lugar en la lista.

Una semana antes Hara había hecho lo imposible: Jinho se levantó por la mañana y se asomó por su ventana para ver el jardín de su abuela lleno de colores.Las flores secas y la tierra agrietada habían sido reemplazadas por brillantes violetas.La sorpresa lo llevó a salir corriendo, sólo para encontrarse a Hara y el resto de sus exhaustos amigos tomando limonada en la cocina con su madre.Todo fue su idea y quizás nunca entendiera la importancia de aquél detalle, pero Jinho esperaba agradecerle con un gesto de la misma magnitud.

El folleto del acuario promete diversión y un buen momento que atesorar por siempre.

Jamás lo ve venir.

Horas después de que su vida se diera vuelta por la tragedia, se culpará entre amargas lágrimas y se dirá que debió haberlo sabido.

Él debió haberlo visto.

Pero él ignora todas las advertencias, cegado por la felicidad de un día común y corriente, por la alegría en el rostro de Hara.

Un rostro más pálido y delgado de lo usual.

Fue estúpido.

Debió haberlo visto...

Cuando los altavoces gimen anunciando la salida del tren, él no puede verlo cuando toma la mano de Hara amorosamente entre las suyas y la impulsa a correr.

—¡Corre!—Le pide entre resoplidos y risas—¡El tren se irá sin nosotros!

Jinho...

Ella no ríe.Quizás intenta decirle...

¿Decirle qué?

Horas después no lo sabrá, ahora está demasiado  ocupado corriendo.Le preocupa que las vacaciones acaben sin cumplir con su lista y arruinar una salida tan importante para Hara.Cuando le regaló los boletos...ella jamás se había visto tan feliz.Los ojos se le llenaron de lágrimas y juró que eran de alegría.

¿Lo habían sido?

Pero está tan preocupado ante la posibilidad de perder el tren debido a que él había llegado tarde a la estación en primer lugar...

Debió haberla escuchado.

El sol se cuela a través de uno de los arreglos en la copula de la vieja estación de trenes y el tiempo parece detenerse cuando la mano de Hara se desliza fuera de la suya.

Incluso antes de voltear escucha aquél horrible sonido que le paraliza el corazón: el inconfundible estruendo seco que produce un cuerpo al estrellarse contra el suelo.

No es un día normal.

Nunca lo fue.

Porque de serlo, Hara se hubiera levantado del suelo y hubieran bromeando acerca de sus largas piernas de jirafa y cómo se le metían en medio siempre.De ser un día normal, ella se enojaría con Jinho por hacerla correr tanto cuando podrían esperar quince minutos más al próximo tren.

Pero no es un día normal.

Hara jamás se mueve de nuevo, ni siquiera cuando la muchedumbre se agolpa a su alrededor y alguien grita por una ambulancia mientras Jinho está paralizado en un bucle que no deja de repetirse en su mente.

Dios, él debió haberlo sabido.



***

Sé que deben estar muy confundidos ahora.

¿Qué pasó? A descubrirlo en la próxima página >>

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