Capítulo treinta y uno

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Simón me ofreció un café, el cual acepté, me senté en uno de los sofás de la sala y él se sentó frente a mí. Expectante no aparto la mirada de mí, esperando a que me calmara y pudiera pronunciar alguna palabra, pero yo me encontraba como ida, bebiendo mi café con los ojos hinchadísimos de tanto llorar.

- ¿Tienes frio? - pregunto mi mejor amigo para romper el hielo

-Un poco- dije como una niña pequeña a la que le acaban de robar su peluche favorito

Simón se levantó buscando algo con que taparme, hasta que dio con una frazada gris que se encontraba en otro de los sillones, se levantó y se acercó a darme la manta, yo la tome, pero enseguida lo tome del brazo obligándolo a sentarse a mi lado.

-No sé qué hacer, no sé cómo sentirme...- dije recargando mi cabeza en su pecho sollozando

-Tranquila, saldrás de esto, la gente comete errores- me dijo tratando de tranquilizarme mientras acariciaba mi cabeza

-Sí, pero no esa clase de errores- me incorpore para mirarlo- además, tenemos que darle la noticia a mi madre, no sé qué esperar- me lleve las manos a la cara

-Seguramente será difícil, pero nada puede ir peor ¿me entiendes? De aquí en adelante todo ira mejor- me dio un apretón en el hombro, como consolándome

-Eso espero- di un gran suspiro- pero no es todo lo que me tiene de esta forma...- lo miré esperando ver su expresión. Antes de llegar a su casa le mande un mensaje preguntándole si podía ir, contándole todo lo que había pasado y tomando en cuenta que llevábamos días sin hablar, pero lo de Tim seguía siendo un secreto

- ¿Qué pasa? – preguntó preocupado

-Bueno, he estado mintiéndote o más bien haciendo uso de la omisión- reí un poco

Le conté todo a Simón, desde el día de la fiesta hasta lo que había pasado en Nueva York. Al terminar se quedó un instante callado, como pensando en que decir, yo por mi parte tenía mucho miedo, aunque sea lo que sea que me dijese, me lo merecía.

-Perdóname- por fin se atrevió a decir- lamento en verdad haberte hecho pasar por esto sola, se supone que podrías tener confianza en mí, solo que, tienes razón, te amo tanto, eres como una hermana para mí, y cuando mamá murió, no sé, simplemente no quiero volver a perder a alguien, no ahorita... por eso te cuido de más- rio levemente

-Perdóname tú a mí, evidentemente aún estoy aprendiendo a lidiar con mis emociones después de todo lo que paso con Mateo- lo mire y me dio la sensación de que por fin estábamos de vuelta, sin problemas

-Pero bueno, ahora que ya somos mejores amigos de nuevo

- ¿De nuevo? – pregunte haciéndome la ofendida, Simón se echó a reír

- ¿Qué harás en cuanto a lo de Tim?

-No lo sé, era demasiado bueno para ser real ¿sabes?, conocer esa parte de él, me causo una gran tristeza, no sé si pueda confiar en él después de saber todo su pasado

- ¿De qué hablas?, no quiero poner las manos al fuego por alguien que drogo a mi mejor amiga- bromeo- pero _, pequeña, todos tenemos un pasado, en su mayoría con grandes errores que queremos dejar atrás, y no por eso debemos de privarnos de nada, incluso tú has tomado malas decisiones, y eso no cambia que la manera en la que eres ahora sea real, tus errores no te definen __

-Lo sé, pero, creo que será mejor que seamos solo amigos, digo tampoco es como que quiera sacarlo de mi vida definitivamente...

-Como quieras- exclamo mi mejor amigo- ¿Dormimos un poco? –bostezo

-Vamos- sonreí

Simón y yo dormimos plácidamente, como en los viejos tiempos, su cama era tan grande que ni nos enterábamos que estábamos durmiendo juntos. Mi alarma sonó a las 11:00 am, con los ojos hinchados aún me levante, amarre mi cabello en un moño y sin hacer mucho ruido me acerque a Simón

-Me tengo que ir, te amo, gracias por todo- susurre en su oído para después darle un beso en la mejilla, Simón solo asintió y siguió durmiendo

Me dirigí a mi casa con maletas en mano, llegué a los 10 minutos aproximadamente, Simón era prácticamente mi vecino. Al llegar mi madre se encontraba en la cocina, dejé las maletas en donde pude y corrí a abrazarla evitando que mis ojos soltaran una lagrima más.

Deje a mi madre en la cocina preparando el almuerzo, subí acomode un poco mis cosas y me metí a la ducha, al terminar de arreglarme y bajar las escaleras para dirigirme a la cocina me encontré con Erick, este me sonrió y me abrazó, sabíamos lo que se avecinaba, pero esta vez el uno respaldando al otro, nuestro nuevo inicio como una familia de tres integrantes sería diferente, pero para bien.

Sweater WeatherDonde viven las historias. Descúbrelo ahora