Llegue a Chicago después de un par de días en NY, ___ me había citado en una cafetería a lo cual acepté pues sabía que tenía que hacer.
Gracias a mi equipaje iba algo retrasado a nuestra cita pero después de correr media cuadra lo logré, al verla ahí sentada con una café frente a ella las piernas me empezaron a temblar y por primera vez no era por lo hermosa que me parecía.
Me senté frente a ella y ella me regaló una gran sonrisa
-Hola- Me dijo feliz- te extrañe- __ se levantó levemente de su asiento, tomó mi rostro y me dio un beso corto
-Yo a ti- dije sinceramente
-Bueno pues...- dijo felizmente pero no le permite terminar
-Debi decirte algo- intervine
-oh... ok- dijo extrañaba- supongo que iras tu primero entonces- dijo con una risa nerviosa
-___... bueno yo- mire el rostro de __ que tenía el ceño fruncido y ver la preocupación que denotaban sus ojos me hizo tomar valor pues no podía seguir más con este secreto, respire profundamente y dije- Danielle me besó el día de la fiesta
___ se quedó sin decir nada, mirándome, con una mirada que tampoco decía nada, solo estaba ahi, existiendo, lo cual comenzó a causarme desesperacion, ansiedad y nervios.
-Pe- pe-pero me aleje- dije desesperado por obtener algo de ella, acerqué mi mano a la de ella que se encontraba recargada en la mesa y al tocarla la quito de inmediato- no, __
___ tomó su bolso y se levantó de inmediato
-Me voy, Tim- dijo sin mirarme
-No, podemos hablarlo, no te lo dije antes por miedo pero Dylan ...- ella me interrumpió
-¿Dylan?- dijo con una risita sarcástica- asi que esperaste a decirme hasta que Dylan, tu amigo más mentiroso te convenciera... vaya
-__,no...- Me interrumpió nuevamente
-Me Ire a Los Angeles... a una pasantía- Me miro y pude ver sus ojos conteniendo las lágrimas- Son 6 meses, para eso quería hablar contigo, porque creí que podríamos tener algo a distancia, mientras regresaba pero bueno... lo haz hecho más fácil - la mire con los ojos aguados- adiós Timothée
Me quede perplejo pues no daba crédito a lo que pasaba, no solo se estaba yendo de mi vida sino también de la ciudad, aquello hizo que el pego comenzara a molestarme, como si me faltara el aire e inevitablemente las lágrimas comenzaron a rodar.
