El concierto era la cosa más emocionante en la que Margaret hubiese estado en toda su vida. Ella lucía muy emocionada, incluso más que su querido acompañante. Maggie pensaba que tal vez no habría jamás un mejor compañero de concierto que Benjamin, tal vez porque era el único con el que había ido a un concierto; tal vez porque a ella le gusta mucho el pecoso. Estar tan cerca de su ídolo es simplemente perfecto. Un guardia de seguridad se encuentra al final de la fila y al principio de la misma, sólo para seguridad del par de adolescentes. Ella grita junto a él, haciendo saber al artista -junto a los demás fans- que están por él y que estaría mejor que se apurara, aunque fuera sólo un poco. Entonces, las luces se apagaron, y Maggs estaba tan emocionada que apretó la mano de su Pecas con todas sus fuerzas; él, instintivamente, apretó la mano de ella, y trató de no saltar de emoción. Su costado en ese momento no dolía, pero tal vez era porque jamás se había sentido tan bien aunque estuviera hecho todo un etcétera. Todo el mundo calló. De repente, una guitarra empezó a sonar y una melena rojiza se asomó por el reflector. Gritos de emoción.
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Estando justo a cinco metros del pelirrojo, Maggs sólo susurraba cosas que Benjamin no puede para nada escuchar. Él trata, aún, de asimilar el echo de de que está ahí, frente a su ídolo y al lado de la única chica que, hasta el momento, realmente le ha gustado. El pelirrojo está hablando con una chica de tal vez dieciséis años, la cual está vestida con muy poca ropa, y, sin dudas, sólo para el artista; cosa que hace a Benjamin estremecerse de algo que no le gusta. Tal vez sólo le tiene pena a esa chica. Tal vez sólo siente pena por ella. Eso es lo que realmente espera. La chica se toma una foto con el pelirrojo, y no es hasta ese momento en el que empieza a darse cuenta de que el chico está acercándose a ellos.
-Hey, guys. How are you?(1)-preguntó el chico, cosa que hizo a Margaret suspirar.
-Can I... Can I hug you, Ed?(2)-preguntó la chica, ya que era lo único que podía pensar en aquel momento.
-Well, Maggie, yes. I think so. I mean, yeah. Of course(3)-respondió el pelirrojo, con una sonrisa amigable. Benjamin se preguntaba cómo era que el pelirrojo se había vuelto tan famoso que Maggie literalmente suspiraba por él.
La chica había soltado a Benjamin York por primera vez en la noche, y había sido para abrazar al chico que la hacía cantar y escribir sobre alguien que no era Benjamin York. Y eso era demasiado. Cuando soltó el abrazo, salieron unas lágrimas rebeldes de sus ojos, que el artista se limitó a quitar mientras sonreía y lanzaba una carcajada suave. Como aquella canción que hacía a Maggie sentirse ligera.
-Oh, c'mon sweetie. Don't cry. You better don't because then Ben'll think that I'm stealing you from him. And we don't want that, do we?(4)-la chica negó, tratando de asimilarlo todo y sonriendo. Ella tomó la mano de Benjamin, haciendo que él se sorprendiera, y luego el artista tomó la otra mano de la chica y la guió a un bus del tour con guitarra en mano libre.
-Ed?-preguntó Ben- What are we gonna do? Just asking.(5)
-Oh, you'll see. I'll make one thing I've never done before. And it's for you, my dears.(6)
A Benjamin le tomó veinte minutos que a lo que el famoso, talentoso y espléndido pelirrojo se refería, era tocar con su guitarra mientras hablaban un rato. El punto era que -y eso lo hacía especial- Margaret, sólo al escuchar las melodías, iba a cantar cada una de las canciones; e iba a obligarlo a él a hacer lo mismo.
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Pasaron dos horas, y no fue hasta ese momento en el que Margaret se dio cuenta de que Ed se le había quedado mirando. La miraba con un destello de diversión en el rostro, y luego se le acercó a susurrarle.
-I recognise love when I see it.(7)
Y ella se quedó callada.
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Benjamin había reído tanto al escuchar la razón de ser de las rimas de Ed, que terminó tan rojo como el cabello del artista bajo un reflector rosa. Margaret sólo reía al escuchar la risa del pelinegro y Ed solamente sonreía mientras dejaba salir unas carcajadas pequeñas.
Había sido la mejor de las noches.
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Una de las ventajas de ser Melanie Crawford en Londres y no Melanie York, era que la podían tomar más en serio. Podía demostrar una fortaleza que no poseía, y soñar más profesional. Por Dios, ese apellido: Crawford. Era algo con lo que te podías regocijar; y, aunque Mel no lo hacía, sí aprovechaba su apellido hasta donde el mismo le dejara. Total, ella tenía un apego enorme al apellido York.
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Dicen que cuando miras a la distancia, a las estrellas, alguien puede estar viéndolas contigo. También dicen que si miras a la distancia, alguien, de donde sea, está viendo en tu dirección. Bueno, Margaret cree eso ciegamente; pero luego está el punto en el que está con su artista favorito, con Benjamin, y están yendo a su casa para descansar. Un artista la está llevando a su casa. Eso sólo la hace querer ver a la distancia e imaginar que alguien la mira de la misma manera en la que ella mira a esas dos personas que se encuentran en el auto con ella. Ver las calles de Londres, a esa hora, aún poblada de gente es... es fantástico. «Mirar el mundo desde otra perspectiva», dice su mente. Pero no está segura de a lo que se refiere.
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Ben se baja de último. Ed se para antes de dejarlo entrar al lugar. El artista mira en los ojos del chico algún signo de entendimiento cuando lo jala hacia un lado, pero el chico es una roca.
-¿Qué haces?-pregunta el chico.
-Mira, no hay tiempo, ¿sí? Maggie es especial. Muy especial. No sé si sabes que tiene el síndrome...
-Del sabio. Lo sé-Benjamin había leído sobre el síndrome más a fondo en la mañana-. Se supone que las personas con el síndrome del sabio sufren de enfermedades mentales, pero no veo que Maggie tenga nada.
-Ben, ya veo que no sabes. No sé si te han dicho, pero me dejaron pasar tiempo con ustedes porque Margaret tiene el síndrome del sabio. Eso, y autismo en grado uno.
...
(1) Hola, chicos. ¿Cómo están?
(2) ¿Puedo...? ¿Puedo abrazarte, Ed?
(3) Bueno, Maggie. Sí. Eso creo. Quiero decir, claro. Por supuesto.
(4) Oh, vamos dulzura. No llores. Mejor no llores porque después Ben pensará que estoy tratando de robarte de él. Y no queremos eso, ¿o sí?
(5) ¿Ed? ¿Qué vamos a hacer? Sólo pregunto.
(6) Oh, vas a ver. Voy a hacer algo que no había hecho antes. Sólo para ustedes, mis queridos.
(7) Reconozco el amor cuando lo veo.
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Una Historia Real
Ficção AdolescenteMargaret Davis es una chica callada, tímida, adorable, linda y extremadamente inteligente. Benjamin York es un chico tierno, simpático y listo. Sus vidas no se cruzan por lo que se llama el destino. Su destino se cruza porque los caminos a los que...
