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Capítulo 2

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Amanece. Al parecer ni Maggie ni Ben saldrán a ningún lado.

Hoy es día de empacar toda la ropa, ya que en seis días se va. ¿Se encontrarán los jóvenes? ¿Benjamin conseguiría algún día hablarle? ¿Conseguiría verla de nuevo? Se ve en el espejo y se pone a ver su habitación. Pronto estará tan sola... Decide vaciar su armario y empacar la ropa de salir; aún no empaca la ropa de casa, ya que estará en casa el resto de la semana. A veces Ben quisiera tener amigos; pero luego piensa en lo difícil que sería su despedida. Es tan raro tener sólo once años y no tener amigos. Es tan raro fijarse en una niña como Margaret. Es tan raro no poder dejar de pensar en ella. "¿Qué me pasa?"-piensa el niño de once años.

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Maggie empieza empacando sus fotos de cuando era más pequeña. Empaca recuerdos, empaca ilusiones. ¿Va a extrañar a alguien? Sí, a la profesora York y los cuentos sonre su hijo, Benjamin. "¿Cómo será ese niño?"-se cuestiona la joven niña-"¿Me los encontraré en Inglaterra?" Oh, cariño, eso espero. Margaret sigue empacando, luego va con las bufandas, las medias, los calcetines, la ropa interior que no usará en la semana, orejeras y zapatos. Se detiene a ver su habitación. "¿Habrá alguien que me extrañe? ¿Que piense en mí?"-pregunta la niña de once años.

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La casa está en silencio. No se oye ruido extraño, hasta que se rompe la calma en casa.

-¡Ben! ¿Quieres ir al parque?-pregunta el señor York.

-¡No papá! ¡Me quedaré practicando guitarra!

-¡De acuerdo! Pero ven si quieres, que el parque está a cinco cuadras.

-¡Sí papá!-responde Ben-Pero quiero quedarme en casa, pensando en Maggie, aunque no haya una razón concreta-dice entonces en susurro.

-¡Pues, hasta luego!

-¡Hasta luego!

Silencio. Pero no todos son tristes. Ben se acerca a su guitarra, la toma, y se dirige al sótano. Toma la uña de la guitarra, y empieza a tocar una melodía que una vez le escuchó tararear a Margaret.

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Tararea la chica una hermosa melodía que una vez compuso por una tarea en la clase de música a la que su madre no le quería dejar ir. Sonriente se encuentra, cautiva en sus pensamientos y melancólica por la imagen frente a sus ojos marrones y oscuros, aquellos en los que con el sol notas tal color. Lágrimas caen de sus ojos al ver el columpio dañado, casi obsoleto. Llora desconsoladamente porque se siente sola, porque nadie le preguntó si quería irse, porque quiere conocer al niño del que hablaba su profesora, porque extrañará las tardes en las que bajaba la loma para ir al parque y tomar fotos de la gente y los paisajes, porque hechará de menos las puestas de sol con las que componía melodías y canciones alegres, melancólicas, serias, entre otras; y porque añorará los días en los que se ponía a leer bajo el más grande árbol del parque, con audífonos puestos, concentrada en los libros y las lecturas de estos.

Vuelve en sí la sentimental niña, cuando escucha a alguien silbar la melodía compuesta por ella, se levanta, se sacude, y se aproxima a la cerca; pero al llegar, se ha ido ya quien conocía la melodía.

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Benjamin toca la guitarra, componiendo una canción con acordes complicados, con notas especiales, difíciles de llegar a ellas; cuando, repentinamente, escucha unas notas familiares dichas por un silbido reconocido: su padre. ¿Cómo conoce su padre semejante pieza? ¿Ha escuchado, acaso, las veces que ha interpretado la hermosa y suave melodía? Se acerca a la puerta, y al abrirla, se golpea el brazo.

-¡Ah!-chilla Ben de dolor.

-¿Qué ocurre, cariño?-interviene su madre, preocupada.

-Nada importante, que me he golpeado el brazo, pero eso es todo.

Una Historia RealHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora