Los nervios y el tartamudeo

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Narra Victoria.

Hoy es el día, el día que llevo planeando durante semanas, nunca imaginé que llegara a pasarme esto. Estoy hecha un manojo de nervios, estoy sudando, y no paro de mirar la hora el móvil.

He llamado a los chicos como 500 veces para asegurarme de que todo está listo, y que no hubiera ningún imprevisto. Todo tiene que salir perfecto, la pedida de mano tiene que salir bien... pero todo esto será si ella dice que sí. Porque si dice lo contrario esto será en vano.

Estoy en la puerta del apartamento esperando a que Alicia salga, para ir a una "Cita" que le dije que tendríamos en el restaurante de Laura.

Pero lo que ella no sabía era que íbamos a la azotea de este, donde ya todo estaba arreglado y decorado con los gustos de Alicia, y un toque especial mío.

Ella apareció por la puerta con un vestido rojo que dejaba ver las definidas curvas de su cuerpo, ese escote en v, y unos tacones negros para la ocasión. Por ya una milésima vez, me hizo parecer pequeña al lado de ella. Alicia lo es todo, lo tiene todo, ella es perfecta.

Mi mandíbula se encontraba en el sótano del edificio, por el asombro de ver a mi novia así. Intente recobrar la compostura aclarando mi garganta y extendiendo mi mano a su dirección.

Mi vestimenta era un esmoquin para ser exactos, negro y blanco, el "Tradicional" por llamarlo alguna forma. Nada que ver con la belleza de Alicia.

Ella soltó una risa y tomó mi mano, y sin decir nada, solo con miradas, sonrisas, y algunas risas más por la situación, ya estábamos metidas en el coche en dirección al restaurante.

- Presiento que hoy será un día especial – dijo Alicia.

Muy muy especial – pensé.

- Yo también lo siento – dije intentando calmar mis nervios y que no se notara que ocultaba algo.

10 minutos de viaje y ya estábamos entrando al restaurante.

- Bueno, ya llegaron. Síganme por favor – he ahí una sonriente Laura, vestida de camarera, con unos pantalones de traje negros a conjunto con el chaleco y una camiseta blanca por dentro, y no olvidemos de la pajarita y la servilleta colgando del brazo.

Laura nos acompañaba, el show acababa de empezar...

Alicia iba camino a la mesa de siempre, en el centro de todo.

- No, no. Esa mesa hoy está reservada, pero podemos ofrecerles la mejor mesa, y exclusiva solo para la pareja – dijo Laura.

Alicia solo me miró confundida y yo me encogí de hombros.

Laura nos llevó a unas escaleras que llevaban a la azotea, Alicia creo que cada vez estaba más confundida. Tome su mano para tranquilizarla he hice que subiera primero.

Alicia, yo y Laura. Ese era el orden de la subida.

Al llegar Alicia se quedó con la boca abierta, y apartó su mano de la mía para llevárselas hasta su cara.

Tenía lágrimas a punto de salir de sus ojos, espero que sea de la emoción, porque yo solo quiero que ella se sienta cómoda y feliz.

Narra Alicia.

Desde que llegamos al restaurante, he notado como Victoria empezaba a temblar, quería preguntarle qué le pasaba, pero decidí callarme. Después todo se volvió muy confuso, primero; ¿Laura que hacía de camarera? Podía notar las miradas de los demás clientes sobre nosotras, todos sonrientes... sí, era raro ver a la dueña trabajando en el restaurante. Segundo; No tenían nuestra mesa de siempre, Laura se encarga de que siempre tengamos esa mesa, pero al parecer hoy tendríamos cambio de planes a última hora.

El intento.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora