Orihime se quedó frente a la puerta, mientras observaba como aquella mujer se paseaba por la sala.
—Que bonitos sillones —Se sentó dando unos pequeños rebotes —Y muy suaves.
—Sí.
—Y tú comedor, se ve tan pulcro. Se nota que sabes cuidarlo.
—Me gusta tener todo ordenado, y prefiero que así se mantenga.
—No desacomodare nada, lo juro.
—Y también me gustaría que no llenes de humo mi casa.
—No voy a dejar mi cigarro.
—Supuse que sería mucho pedir.
—¿Y luego? ¿No piensas ofrecerle nada a tu madre? ¿Esos fueron los modales que te enseñó Sora?
Orihime caminó a la cocina y puso a calentar agua.
—¿Quieres café o té?
—Café.
Llevó una bandeja con las tazas y la puso en la mesa de centro, se sentó frente a la mujer.
—Aquí tienes.
—Gracias —Dejó la colilla apagada en una servilleta y sorbió de la taza —Muy buen café.
Esperó a que terminaran sus bebidas para abordarla. ¿Qué hacía aquí? ¿Cómo la encontró? ¿Qué buscaba?
—¿Has terminado? —Preguntó impaciente.
—Sí, claro.
—Bien, entonces dime, ¿Qué haces aquí?
—Ya te lo dije, vine a visitar a mi querida hija.
—Ya, después de 15 años vienes a verme. ¿No crees que es un poco tarde?
—Nunca es tardé para remediar las cosas.
—Por supuesto que lo es, tú nunca me quisiste, siempre me maltratabas, y cuando Sora me trajo con él, no dijiste nada, y no hiciste el esfuerzo para recuperarme.
—¿Y si lo hacía, habrías venido conmigo?
—Tal vez sí, te amaba y te necesitaba.
—¿Y ahora? ¿Ya no me amas?
—¡¿Yo qué sé?! Me la he pasado años sin pensar en ti, y cuando apareces, no puedo dejar de recordar el rencor que siento por el daño que nos ocasionaste. No hay más en mí. Soy una mujer adulta, mantengo mi hogar y soy responsable en mi trabajo, ¿qué podría necesitar de ti?
—Mas bien yo te necesito a ti.
—Por supuesto, ¿por qué otra cosa vendrías?
—Es horrible que pienses de esa forma sobre mí.
—Sin embargo, no me has dado motivos para pensar de otra forma. ¿Dónde estabas cuando de pronto tus hijos desaparecieron?
Ella dudó en responder.
—Tu padre y yo celebramos que ya no teníamos que responsabilizarnos de ustedes. Bebimos toda una semana e incluso invité a algunos clientes. Después decidimos mudarnos a París.
—¿Y por qué regresaste?
—Tu padre murió y me quitaron la casa. Regresé a la que teníamos aquí. Cuando eso sucedió, busqué a Sora, eso fue hace ocho años, desde entonces hemos tenido algo de contacto, y me ha ayudado en pagar algunas deudas.
—¿Y viniste con la esperanza de encontrarlo? Qué lástima, ya no volverás a verlo, él... Él falleció hace dos años.
—Lo sé, me habló de su enfermedad.
—¿Ah sí? ¿Y qué tanto te dijo?
—Me habló de todo, sobre cómo iba avanzando la leucemia y como cada día perdía fuerza. También me habló de ti, de como estabas desesperada por conseguir un empleo y ayudarle, tanto que dejaste la Universidad para disminuir gastos.
—¿Y no te paso por la mente venir y ayudarnos?
—En realidad no, yo quería mantenerme apartada, pero...
—¿Pero?
—El imbécil de tu padre se murió dejando un montón de cuentas para pagar, al final, lograron quitarme nuestra casa.
—¿Y esperas que te dé asilo?
—Por lo menos hasta que consiga otro lugar donde vivir.
—Descarada. Lo peor es que no me sorprende que esa sea tu razón de venir. ¿Y qué harás? ¿Seguirás prostituyéndote? ¿Meterás a tus clientes en mi propia cama como lo hacías cuando vivíamos juntos?
¿O será que tendrás la decencia de mantenerlos en la sala?
—Dejé ese negocio.
—Esas si son buenas noticias, al menos no encontraré filas de hombres afuera.
—¿Quieres dejar de hablarme como si fuera una escoria?
—¿Y qué eres, madre? No eres una mujer amable, sincera o respetuosa.
—Vine aquí a mostrar mi mejor faceta para que me aceptes, para que aceptes que yo puedo cambiar, y que me preocupo por ti.
—¿Te preocupas por mí? ¿Y por qué no viniste a verme cuando me la pasé días sin comer o dormir por la muerte de Sora? A pesar de que lo sabías, no te dignaste a asistir al funeral. ¿Sufriste su muerte? ¿Te importó si quiera un poco?
—Claro que me importó.
—¿Y por qué no viniste?
—No me parecía necesario.
—¿No te parecía necesario venir a ver a tu hijo que se moría de leucemia mientras que tú pudiste donarle sangre y aumentar su esperanza de vida? ¿Creíste que él en su lecho de muerte aun podía hacerse cargo de tus cuentas? Eres la peor madre del mundo.
—¿Y qué arreglaría? Sora se iba a morir de todas formas, ¿qué importaba si ocurría unos meses después?
—¡A mí me importaba! ¡No sabes todo lo que hubiera dado por tenerlo conmigo más tiempo! ¡Incluso hubiera dado mi vida!
—Sé que lo amabas, pero, desquitándote conmigo no lograrás traerlo a la vida.
—Tienes razón, a pesar de que eres la culpable de la mayoría de nuestros dolores, la leucemia no fue producto tuyo, lo siento. Pero, eso no significa que mi rencor haya desaparecido.
—Escucha, no pienso quedarme y vivir contigo como si fuéramos las mejores amigas, solo necesito que me des un lugar donde dormir, un lugar que no sea la calle o un bar.
—Tú y yo no podemos estar juntas, pero, tampoco soy un monstruo para echarte. Te daré dos semanas para que arregles ese problema, es suficiente, ¿no?
—Es poco, pero, no voy a exigirte.
—Es lo mejor para las dos. Sígueme, dormirás en mi habitación, ¿te parece bien?
—Sí, al menos, me permites entrar en tu privacidad.
—Es difícil, pero, confió en que no revisaras nada.
La ayudó a acomodar sus maletas, inclusive le ofreció cobijas y sábanas. Ella decidió dormir en la habitación de Sora.
Se sentó en la cama que había compartido con Sora tantas veces viendo películas o contándose secretos.
Esa noche no durmió, había conseguido no llorar, pero, eso no disminuía el dolor que sentía. Se preguntaba que era exactamente lo que ella quería. ¿En verdad quería remediar las cosas? ¿O solo la buscaba para suplir a Sora como su sustento económico?
No se sentía con la valentía de presionarla y sacarla de la casa, pero, sabía que sí no insistía, ella al final terminaría quedándose, cosa que no quería, por mucho que fuera su madre, no quería tenerla cerca, le hacía daño en el pasado, ¿Por qué sería diferente ahora?
Se levantó temprano, muy temprano, se alistó para ir a trabajar, entre más rápido, mejor, y entre menos tiempo de convivencia con su madre, sería bueno para su salud mental.
Salió de su casa diez minutos antes de la 5, la calle estaba solitaria y no había rastro de luz solar, pero, era mejor para mantenerse alejada.
«Espero que Ulquiorra ya haya llegado »Pensó al llegar al recinto.
Tocó tan fuerte como pudo sin obtener respuesta. Decidió sentarse y esperarlo.
Diez minutos después, lo vio llegar en su coche. Él bajó sin notar su presencia, iba algo distraído, caminó hacia la lámina protectora jugando con las llaves, y solo se dio cuenta de su presencia al pisarla.
—¡Auch! ¡Ulquiorra!
Él no se inmutó, y solo la miró con el ceño fruncido.
—¿Qué haces aquí?
—Esperarte.
—Ayer llegaste tarde y hoy llegas antes que yo, ¿tu despertador ha dejado de funcionar?
—Mi despertador sirve de maravilla, solo decidí hacerte una visita matutina.
—Eres extraña.
—Y así es como me pagas, sigue así y ya no seré amable contigo.
—Eso me preocupa mucho —Respondió sarcástico.
—Tú no te ganarás el cielo nunca. En fin, ¿qué hacemos?
—Yo haré mi trabajo, tú no me estorbes y no tendremos problemas.
—Puedo ayudarte en lo que sea.
—Limpia las ventanas.
—Siempre me dices que limpie las ventanas, sé limpiar más cosas, por si no lo sabías. ¿Por qué siempre las ventanas?
—Porque casi no me encargo de ellas. Si te dejo hacer algo que yo hago, no tendrá la misma calidad.
—Apuesto que mi trabajo es mejor que el de este bastardo —Susurró —¡Muy bien! Iré por el limpiador.
—Te escuché a la perfección.
—Y eso es por lo que me voy.
Orihime obedeció y limpió las ventanas, algo molesta, pero, era mejor que no hacer nada.
Ulquiorra la observaba con curiosidad, cuando la encontró afuera del edificio, no lo notó por la oscuridad, pero, al entrar a recepción, miró unas tenues ojeras bajo sus ojos, su piel estaba algo pálida y su semblante se notaba triste. A pesar de que ella lo quisiera ocultar con sus bromas, era evidente su mal estado. Quiso preguntarle sobre aquello que la atormentaba, pero, eso sería extraño, normalmente no se interesaba en ella, así que, sería incómodo para ambos mostrar signos de preocupación, tal vez ella a lo largo del día le contaría sobre su pesadez.
—¡Mierda! —La escuchó gritar sorprendido. Ella a veces soltaba palabrotas, pero, a la hora de enfadarse era decente, y escucharla de esa manera era sorprendentemente extraño.
Se acercó al lugar de donde provenía el grito y la vio sacar el pie de una cubeta. Se quitó la zapatilla y la escurrió sobre el balde.
—Carajo, claro, como me encanta tener los zapatos mojados.
—Hoy vienes más distraída que de costumbre, y también estás muy altanera.
—¿Eh? Perdona, grité sin pensar. Me tomó desprevenida esa cubeta.
—¿Por qué mejor no vas a descansar? Creo que te hace falta, estás de un humor horrible.
—Mira quien habla.
—A eso me refiero. ¿Hace cuánto que no duermes?
—Para tu información, yo duermo demasiado —Si, claro, y esas ojeras eran de adorno.
—Deja ya eso, y ve a secar tu tacón antes de que mojes todo.
—Si, sí. Volveré, tenlo por seguro.
.
.
.
Cada vez sus párpados pesaban más, bostezó nuevamente y se "concentró" en la pantalla. Sentía que sus ojos ardían, pero, no quería sucumbir ante el cansancio, después de todo, ella misma se lo provocó al no dormir en la noche.
Un mensaje de texto llegó a su celular, y para su desagrado, este provenía de su madre:
"Orihime-chan, iré de compras, tomé prestadas tus llaves y un bolso, espero que no te moleste. Besos ♡."
—Ni un día resistió —Susurró. Tenía contemplado que la mujer poco a poco se adueñaría de su hogar, pero, no creyó que lo hiciera tan rápido.
—¿Qué dices? —Preguntó Ulquiorra al no entender sus murmullos.
—Nada importante —Miró una vez más su celular, ¿cómo haría para no inmiscuirse con ella? Recordó a Nelliel. Ella casi no pasaba tiempo en casa, y cuando lo hacía, iba a pasear con algún amigo, o eso le había dicho.
«No volver a casa suena tentador, pero ¿Será seguro?» Lo principal era, ¿dónde podría quedarse? No podía decirles a sus amigos de imprevisto: "Me quedaré a dormir aquí, espero no causar problemas". ¿Un hotel? No tenía dinero suficiente a la mano para pagar una habitación. Por el rabillo del ojo miró la silueta de Ulquiorra, y con él, un rayo de esperanza.
—Ulquiorra —Lo llamó decidida.
—¿Qué?
—¿De casualidad hoy no quieres que cuide a Dan-chan? Tengo toda la tarde libre, incluso puedes no llegar a tu casa, yo me haré cargo de él toda la noche —Ulquiorra frunció el ceño.
—¿Qué?
—¿No me escuchaste?
—Lo hice, pero, lo que dices no tiene ningún sentido para mí.
—Ah, es que bueno... Hoy no quiero llegar a mí casa «Porque mi madre está ahí y no quiero verla» Porque están instalando el nuevo cableado y no tendré luz, y no me gusta estar a oscuras.
—Entiendo. Lo siento, mujer, hoy no tengo planes.
—Pues puedes hacer planes con Dina-san.
—Sabes perfectamente que ella y yo no volveremos a salir.
—Tal vez no como pareja, pero, si como amigos.
—No somos amigos. Y también sería extraño.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Hace días que no hablamos, y desde que terminó de grabar el vídeo nuestro contacto se ha vuelto nulo. Si llamo y le digo que quiero salir con ella, pensará que me atrae y se ilusionara otra vez, y no pienso volver a soportarla en esa fase.
—Bien... Amargado.
Se quedaron callados por algunos minutos, hasta que Orihime se levantó y salió con rapidez de la oficina.
Caminó hacia la oficina de Aizen, tal vez él pudiera ayudarla, después de todo, era un hombre amable.
—Aizen-sama —Lo llamó tocando la puerta.
—Adelante —Ella obedeció —¿Pasa algo, Orihime?
—Quiero pedirle algo.
—Te escucho.
—¿Pu... Puedo quedarme horas extras hoy y tal vez toda la semana?
—¿Horas extras?
—Si, pensaba que podría beneficiarme de alguna manera.
—Lo siento, pero, como Fracción de Ulquiorra, solo puedes servirle a él, mis espadas del turno vespertino ya cuentas con sus respectivas Fracciones, no creo que puedas ayudarles. Podría darte un aumento, pero, tendría que consultarlo con Ulquiorra, Nelliel y mis colegas.
—No necesito un aumento, sino el tiempo, de todas formas, gracias por atenderme.
—Lamento desilusionarte.
Regresó a su oficina desilusionada.
«Tal vez si llegue de sorpresa a casa de Tatsuki »Esa sería su última alternativa, y lamentablemente era la única que tenía.
Ulquiorra la miraba curioso, pensaba en si podía hacer algo para animarla, pero, ahora que lo pensaba, ¿Ella le temía tanto a la oscuridad? Debió tener algún accidente de pequeña relacionado a la oscuridad para reaccionar así ante ella, o simplemente era una inmadura.
—Mujer —Susurró deseando que ella no lo escuchara, estaba a punto de cometer una locura.
—¿Pasa algo? —Maldita sea, si lo escuchó y ya no podía arrepentirse.
—Pensaba en que ayer no te di algo por tu cumpleaños... —Apenas pronunció esas palabras y ya parecía una ridiculez. Orihime movió su silla para verlo frente a frente —Y no puedo darte nada porque no sé qué te gusta, pero, puedo invitarte a... —¿Aún era tarde para callar?
—¿Invitarme a? —Lo incitó a continuar arqueando la ceja.
—Pensaba que sería buena idea llevarte a cenar. Aceptaré con gusto cualquier negativa.
Orihime abrió la boca sorprendida, eso ya era demasiado, Ulquiorra la invitaba a salir, ¿era acaso una señal? ¿Pero de que tipo? ¿Buena o mala? Analizó sus gestos, parecía incómodo e irritado, a pesar de que la miraba fijamente, su expresión parecía que la evitaba. Se sonrojó al caer en cuenta que lo miraba como una desquiciada.
—B-bueno, no tendrías por qué darme nada, es muy amable de tu parte... Me... Me gustaría ir —Al menos eso la distraería.
—Pasare por ti.
—¡No! Digo... Yo puedo ir a tu casa.
—Yo te invité.
—Si, ya sé, y teniendo en cuenta que tú mandas al diablo a todos, es algo importante, al menos para mí, por eso prefiero poner un poco de mi parte, iré a tu casa.
—Si así lo prefieres.
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.
.
Salió corriendo en el momento que terminó su turno, y apenas se despidió de Nelliel. Estaba algo impaciente y nerviosa. Quería llegar rápido a casa para tal vez no encontrarse a su madre y no darle explicaciones sobre su salida, y también quería ser puntual con Ulquiorra.
Afortunadamente, Cuando llegó no había nadie aún, así que, se alistó en tiempo récord y salió con rapidez en dirección a casa de Ulquiorra
Al estar frente a la puerta del hombre, sintió que su corazón latía con rapidez. Respiró profundamente sin conseguir estabilizarse.
—¿Qué podría salir mal?
Tocó el timbre y esperó impaciente.
—¿Quién es? —Escuchó la dulce voz de Daniel.
—¡Hola, Dan-chan!
—¡Orihime-chan! —La saludó abrazando sus piernas.
—¿Qué tal, pequeñito? ¿Está papá en casa?
—Si, hacíamos tarea.
—Conoceré a la bestia en acción —Se burló.
—Puedo oírte, mujer —Respondió Ulquiorra desde la sala.
—Es una pequeña broma, querido —Aclaró sarcástica. Entró a la sala y se sentó en el sofá libre.
—Solo terminaremos esto y podremos irnos.
—No tengo prisa, entre más tarde, mejor.
—¿A dónde van a ir? —Preguntó Daniel haciendo planas de caligrafía.
—Al restaurante del centro —Contestó Ulquiorra.
—Yo quiero ir.
—Pero ya hablé con tu abuela para que te cuide.
—Ella lo entenderá.
—No me molesta que vaya, creo que sería divertido.
—Prefiero que esté con su abuela, no me gusta tenerlo en la calle muy tarde.
—Ya sé, cena de adultos —Dijo Daniel irritado. Orihime se sonrojó al malentender las palabras del infante, pero, afortunadamente él aclaró lo que quería decir —Papá tiene muchas cenas de adultos con sus compañeros de trabajo. La última vez que fui a una, terminé peleando con la hija de Starrk.
—Ah, te referías a eso —Susurró aliviada y recuperando su color «Eres una sucia, Orihime»
Ulquiorra le explicaba a Daniel sobre cómo hacer sus planas, incluso tomaba su mano y lo ayudaba a dibujar. Ella los miraba enternecida, a pesar de su semblante serio, podía distinguir cierta calidez en su mirada para su hijo. Después, se quedó embobada viendo lo guapo que se veía cuando él se levantó a tirar la basura del sacapuntas. Él vestía una camisa blanca y unos pantalones negros, llevaba el primer botón desabrochado y su pelo estaba tan alborotado como siempre, debía admitir que tenía buen gusto, o simplemente era que aquello tan sencillo lo lucía por su fibroso cuerpo. Se dio una bofetada al darse cuenta de los pensamientos que empezaba a tener. Ulquiorra y Daniel la miraron confusos.
—¿Por qué? —Preguntaron ambos a la par.
—Estaba quedándome dormida —Respondió aturdida.
—Hmp —Resoplaron ambos.
—Bien, es hora de irnos —Anunció Ulquiorra tomando una pequeña mochila y ayudándole a Daniel a colgársela —Sube al auto.
—Vamos, Orihime-chan —La llamó tomándola de la mano.
—S-sí.
Un rato después, los tres ya estaban comenzando el trayecto, y como Ulquiorra dijo, primero llevarían a Daniel con sus abuelos.
Ella jugaba con el niño, mientras que Ulquiorra a veces miraba por el retrovisor cuando Daniel gritaba o pateaba su asiento, la regaño un par de veces por "ser muy brusca" con Daniel, cosa que el niño negaba Y contestaba que le gustaba jugar con ella, y Orihime se burlaba de Ulquiorra.
Se detuvieron frente una amplia casa, era bastante bonita y con una jardinera bien cuidada.
—Andando.
—Sí, nos vemos más tarde, Orihime-chan.
—Hasta pronto, cariño.
—Tú quédate aquí, enseguida regreso.
Ulquiorra cargó a Daniel y caminó hacia la puerta, de la casa salió una mujer de pelo canoso y visibles arrugas, recibió a Daniel con un fuerte abrazo y saludó a Ulquiorra con un beso en la mejilla. Platicaron por unos minutos, hasta que, por fin, se despidieron.
Ulquiorra regresó al coche y el camino continuó.
—Ahora que lo pienso, recuerdo que no querías que Dan-chan supiera de tus citas, creí que querrías mantener en secreto que saldríamos.
—En primer lugar, esto no es una cita, solo te invité a comer...
«Justamente eso es una cita» Pensó ella entrecerrando los ojos.
—... Y, en segundo lugar, Daniel te ve como una hermana mayor, así que, no le tomó mucha importancia.
—Bien, supongo. ¿Y a dónde me vas a llevar?
—A un restaurante que conozco, la comida es buena y el lugar es tranquilo.
—¿Y de qué lo conoces?
—Mis padres me llevaban cada fin de mes, y a veces llevo a Daniel.
—Así que es un lugar familiar.
—Sí, el ambiente es bastante aceptable para los niños. Controlan la venta de bebidas alcohólicas, así que, no podrás embriagarte; y recientemente abrieron una sala de juegos para niños.
—Parece que te gusta mucho.
—Algo.
—Algo, ¿sí cómo no? Hablas de ese lugar y te ves emocionado.
—Dices puras tonterías.
—Hmm, sí, como tú digas.
Llegaron al restaurante, y tal como él dijo, era un enorme establecimiento y bastante elegante, había unas cuantas mesas en el exterior, protegidas con paraguas negros y decoradas con floreros. Tenía grandes ventanales, y en uno se lograba apreciar la sala de juegos que mencionó Ulquiorra, donde un montón de niños jugaban.
—Buenas noches, Ulquiorra-sama —Saludó una atractiva recepcionista —¿Mesa para cuántos?
—Para dos, por favor.
La recepcionista miró a Orihime y sonrió.
—¿Hoy no viene con Daniel-kun?
—Esta vez se quedó en casa de sus abuelos.
—Así que, decidió venir con su novia.
—No somo novios —Aclararon con rapidez ambos —Somo compañeros de trabajo.
—Ah, por supuesto —Respondió ella sin creerles nada.
—¿Podrías llevarnos a un sitio apartado? Ya sabes, como me gusta —Le pidió Ulquiorra.
—No, yo quiero cenar aquí —Dijo Orihime señalando las mesas del exterior.
—No, yo decido.
—Por favor —Lo comenzó a sacudir. Obviamente él la ignoró.
La recepcionista los condujo al interior del restaurante, con algo de duda por los reproches de Orihime.
—En un momento un mesero los atenderá.
—Gracias —Ella miraba molesta y con los brazos cruzados a Ulquiorra —¿Qué? —Preguntó al verla hacer pucheros.
—Yo quiero cenar afuera.
—Y te vas a quedar queriendo. Te dejaré elegir el vino.
—Grosero.
El mesero se acercó.
—¿Han decidido que ordenar?
—Sí —Contestó ella —Para empezar quiero una crema de champiñones, después un pato a la naranja, una lasaña tradicional, una orden de papas al ajo y como postre pastel de chocolate.
—Es una mujer con un gran apetito —Bromeó el mesero —Al menos eso la mantendrá sana.
—Lo peor de todo es que yo tengo que pagar —Susurró Ulquiorra revisando los precios de cada uno de los pedidos de Orihime —Yo quiero un filete de salmón al carbón y pasta rangú de costilla.
—¿Qué vino les traigo?
—Tinto —Contestó Orihime.
—Yo creo uno más frutal sería adecuado.
—No, yo decido —Contestó de la misma forma en que él lo hizo en la entrada.
—Como quieras.
Esperaron en silencio a que llegaran sus órdenes, no se sentían muy incómodos, puesto que Ulquiorra disfrutaba de la música con los ojos cerrados y Orihime se divertía viendo a los niños jugando.
—Si Dan-chan hubiera venido, yo estaría ahí con él —Dijo señalando la resbaladilla. Él levantó la vista e hizo una mueca de burla.
—No seas ridícula, te echarían a patadas antes de que puedas llegar al primer escalón.
—Tú eres el ridículo, me gusta divertirme, y no creo que me echen.
—Mas te vale no comprobarlo ahora.
—Rétame.
—Te juro que sí te subes ahí, te dejo abandonada.
—No serías la primera persona en abandonarme, así que, no me afectaría.
La tensión comenzó a incrementar con el último comentario de Orihime, y con ello, Ulquiorra comenzó a buscar la forma para disiparla.
—Déjame adivinar, ¿te has subido a más juegos frente a tus amigos y por eso te abandonan?
—No exactamente. Una vez, le tiré encima el almuerzo a un chico que tenía problemas con Kurosaki-kun, Kuchiki-san tuvo que llevárselo a rastras para que no comenzaran a pelear cuando ese chico me reclamó, y yo me quedé ahí, pidiéndole disculpas, incluso me lleve su camisa para lavarla, ese chico era Abarai-kun, ¿quién diría que meses después terminarían siendo amigos?
—Tienes un extraño don para hacer amigos de las formas más extrañas posibles.
—Ya lo creo, ¿sabes cómo me hice amiga de Ishida-kun? —Él negó —Se le cayó una aguja y fue a dar a mi asiento, cuando me piqué el trasero grité: "¿quién demonios dejó una aguja en mi silla?". Ishida-kun levantó la mano y me dijo que era justamente la que le faltaba.
—Y te pasas cosas anormales, ¿por qué alguien llevaría agujas a un lugar?
—A Ishida-kun le gusta la costura, nunca sale de casa sin su costurero. Tengo un montón de anécdotas divertidas y extrañas, tanto que no podría contártelas todas está noche. Pero, me he dado cuenta de que eres muy cercano a Nell-chan, quiero saber, ¿cómo se conocieron? —Ulquiorra dudó en contestar.
—Hace años, ella era de las mejores amigas de... —Se detuvo a analizar mejor sus palabras —... De alguien a quien conocía, nos presentaron cuando ella llegó a la empresa, me agradó y seguimos hablando.
—¿Puedo preguntar de quién era mejor amiga?
—No, no puedes.
—¿Y qué tal de tu banda?
—Es una tontería, me juntaba con unos conocidos de la cuadra y pensamos que sería una buena idea escribir canciones y tocarlas. Pedíamos permiso en algunos bares para que nos dejarán tocar. Nunca tuvo el éxito que esperábamos y tiempo después Aizen-sama me reclutó y todo eso quedó atrás.
—¿Y no has pensado en retomarlo?
—No, hace tiempo dejó de gustarme, y si tocó es por aburrimiento o para complacer a Daniel.
—¿Complacer a Dan-chan?
—Le gusta que le cante o a veces inventa canciones sobre lo que hace y quiere que le acompañe con música.
—Que tierno, muero de ganas por verlo.
Ulquiorra pensó por unos segundos, y enseguida sacó su celular, acercó su silla a la de Orihime y le mostró un vídeo. En él, salía Daniel un poco más pequeño, donde parecía ocurrir una reunión familiar, la mujer que vio cuando dejaron a Daniel; estaba grabando al pequeño mientras aguantaba la risa, Ulquiorra estaba sentado en el piso con una guitarra tocando We are the champions y cantaba en un susurro, Daniel estaba coloreando un libro, mientras cantaba:
"Maestra la odio, y a su tonta tarea,
Nunca más la volveré a hacer, no más ejercicios de plastilina.
Yo no sé leer, sus instrucciones son confusas.
Por eso me rindo, ya no quiero hacer más tarea, compañeros.
Maldita tarea, la odio.
Nunca más haré caso, otra vez.
Maestra se excedió, esto es imposible de hacer, nunca, más nunca, la volveré a hacer, la odio."
Este último verso lo cantó tan molesto que coloreo con rencor al pobre oso, ocasionando la risa de los adultos, y Ulquiorra se golpeaba la frente, le quitó el libro y comenzó a colorear, mientras que Daniel salía corriendo y así, terminando con la grabación.
Orihime sonrió con ternura, verlos tan joviales era satisfactorio, y, incluso se imaginó a ella misma en la escena haciéndole coro a Daniel.
—Se la pasó como diez minutos pidiéndome que le tocara algo porque había inventado una nueva canción, no me esperaba que fuera un himno para la prohibición de tareas.
—Y terminaste haciéndola tú, ¿no?
—Si, porque él se fue corriendo a jugar con el perro de la casa, quiere mucho a ese perro.
—Tú no tienes perros en tu casa.
—No, él vive en casa de sus abuelos, por eso no insistió en venir. Si lo hubiera llevado a casa de mis padres, seguro que se hubiera quejado todo el camino.
Orihime proceso con rapidez la información, obteniendo un nuevo dato: aquella señora no era su madre, sino, su suegra o ex suegra, entonces había dos posibilidades, la primera era que Ulquiorra era un muy buen yerno, y la segunda era que aún tenía una buena relación con su ex mujer.
—Creí que ellos eran tus padres.
—No, son mis suegros.
«Aún los considera sus suegros»
—Ya veo —Decidió no tocar más el tema, sabía que sí insistía, él no hablaría más.
La comida llegó, y comenzaron a degustarla con tranquilidad... O casi.
—¡Dios mío, esto es delicioso! —Hablaba Orihime saboreando los bocados —¡Y esto también!
Los demás comensales empezaron a mirarla disgustados por el ruido, cosa que ella ignoró.
—Guarda silencio...
—¡Esto es delicioso! —Gritó más enérgica para molestarlo.
—Me largo —Dejó los cubiertos en la mesa y se levantó.
—Ulquiorra, ¡no! —Se burlaba ella sujetándolo del brazo.
—Adiós.
Él se dirigió hacia el mesero que los atendía.
—¿Ocurre algo, señor?
—No, nada, solo quiero pedirle un favor.
—Dígame.
—Cuando lleve el postre a la mujer que cena conmigo, ¿podría darle esto? —Le dio una hoja con un protector —¿Y podría escribir con algo "feliz cumpleaños"?
—Con mucho gusto, estará todo preparado.
—Gracias.
Regresó a su mesa, donde encontró a Orihime devorando su comida, pero, se veía seria.
—Regresaste, ¿eh? —Habló indiferente, pero, su mirada se iluminó al verlo.
—Decidí ser benevolente, solo por hoy, no te acostumbres.
La hora del postre llegó, se acercó el mesero con el pastel de Orihime, y junto a él, un fotógrafo preparaba su cámara.
—¿Podría acercar su silla a la señorita?
—¿Qué? —Ambos estaban confundidos.
—Para la foto.
—¿Foto? —Se miraron tratando de buscar la respuesta en el otro.
—No se sienta avergonzado, solo será una fotografía.
Orihime sonrió con picardía.
—Si, Ulquiorra-kun, no te sientas avergonzado y ven a mi lado —Claramente quería jugarle sucio. Él la miró con los ojos entrecerrados, pero, aun así, accedió.
—Me las vas a pagar —Susurró acomodándose a su lado.
—Muy bien, ahora, pase su brazo sobre los hombros de la chica —Orihime bufó al ver la mueca de desagrado de Ulquiorra.
«Este momento vale oro»
Ella se abrazó a Ulquiorra con el afán de molestarlo, cosa que logró, ya que él trabaja de empujarla sin victoria.
Él mesero se rio de la escena y dejó la bandeja frente a Orihime, ella se inclinó a apreciar el pastel que la esperaba. Él mesero levantó la tapa de la bandeja, revelando un pastel individual de chocolate con fresas, donde estaba escrito con glaseado "feliz cumpleaños". Detrás del pastel, estaba un dibujo de ella con Daniel en brazos, con una flecha señalaba a cada uno y escribía "Orihime-chan y yo"
—Es de parte de Daniel —Le dijo Ulquiorra y ella se sonrojó a más no poder, en ese mismo instante el flash de la cámara los deslumbró.
—Simplemente una hermosa escena —Alabó el camarógrafo. Ambos soltaron un quejido al verse sorprendidos —Le pondré un bonito marco.
—¿Hay oportunidad de repetir la foto? Creo que no tomó mi mejor ángulo.
—No, te ves hermosa, ya lo verás.
—Será mejor que te comas eso, empieza a derretirse —Le dijo Ulquiorra acomodando su silla en su lugar.
—¿Tú no quieres postre?
—No me gustan.
—Si, ya me imaginaba. Buen provecho —Y comenzó a devorar el pastel, sin perder detalle del dibujo que Daniel le hizo.
Se llevó la mano al pecho enternecida.
—Es una ternura, ¡lo adoro!
—Ayer cuando le dije que era tu cumpleaños, se entusiasmó para darte algo.
—Es tan adorable, y tan amable.
—Si ya terminaste, podemos regresar a casa.
—Solo esperemos la fotografía, quiero enseñársela a Nell-chan para que nos burlemos de ti.
—Sigue...
—Nadie más lo sabrá —Ella carcajeó.
Él fotógrafo llegó, entregándole un marco de madera donde reposaba la fotografía, en ella, Ulquiorra miraba con atención a Orihime, mientras que ella estaba sonrojada al ver su pastel.
—Incomodo —Le dijo Ulquiorra.
—Mucho, pero, me veo bien.
Salieron del restaurante satisfechos, y emprendieron el camino para recoger a Daniel, donde Orihime no resistió más el cansancio y se quedó dormida.
Daniel corrió al auto, ansioso de ver a Orihime.
—¡Orihime-chan! —Ella no respondió.
—Guarda silencio, está dormida.
—Jo, ella duerme mucho.
—Al parecer sí. Por cierto, le di tu regalo.
—¿Y qué dijo?
—Le gustó, y lo apreció, demasiado.
—Genial, eso quiere decir que mis dotes artísticos mejoran.
Ulquiorra sonrió ante el comentario, el dibujo no era ninguna obra de arte, pero, tenía demasiado valor por el esfuerzo y cariño que invirtió en él, incluso, se durmió algo tarde tan solo para hacer algo de calidad.
Orihime se despertó al sentir una sacudida. Vio que habían pasado un tope y casi llegaban a su casa.
—¿Eh?
—Veo que despertaste, en unos minutos llegaremos a tu casa.
—¡Hola, Orihime-chan!
—Ho-hola, Dan-chan... ¿Me trajeron? No era necesario.
—Te quedaste dormida, así que, pensé en traerte.
—Bueno, gracias —Respondió aún adormilada.
—Esta mañana dijiste que estaban cambiando el cableado, no veo nada de eso —Comentó él cuando, al entrar a la cuadra de Orihime todas las casas estaban perfectamente iluminadas. Ella se mordió el labio con nerviosismo, recordando la razón principal por la que aceptó a salir con él.
—Se suponía que lo iban a hacer —Obviamente estaba mintiendo —En la mañana llegó un mensaje de aviso en el chat vecinal.
—Creo que te vieron la cara —Respondió poco convencido por su respuesta.
—O tal vez solo se retrasó.
Se estacionaron frente a la casa de Orihime.
—¿Conoces a esa mujer? —Preguntó al ver la mujer sentada frente a la casa de Orihime.
—Mierda... —Susurró Orihime —Gracias por traerme, Ulquiorra. Nos vemos después, Dan-chan. Váyanse antes de que se haga más tarde —Bajó con rapidez del vehículo.
—Orihime-chan, no dijiste que tardarías —Habló la mujer levantándose del suelo, ella cerró los ojos maldiciendo ese momento —¡Oh! ¿Este es tu novio? ¡Qué galán!
—¿Novio? —Preguntó Ulquiorra extrañado, bajando del auto.
—No, claro que no es mi novio, Ulquiorra-sama es mi jefe.
—¿Sama? —¿Desde cuándo ella le hablaba con honoríficos?
—¡Orihime! ¿Sales con tu jefe? Sabía que eras una pequeña zorrita.
Orihime apretó los dientes furiosa, ¿cómo se atrevía a decir eso de ella? ¿No qué había cambiado?
—Cuida tu sucia boca, hay un niño adentro, y ya te he dicho que no salimos... Ulquiorra-sama, será mejor que nos veamos mañana en el trabajo, buenas noches.
Ulquiorra asintió, podía notar el enojo de Orihime. Subió a su auto sin despegar la mirada de ambas mujeres. Orihime tenía una mirada de puro rencor, la otra mujer correspondía con una mirada de cinismo.
«¿Qué pasa?»
Arrancó el coche, y antes de avanzar, vio que Orihime rechazaba el abrazo que la otra mujer quería darle.
Llegó a su propia casa aún con ambas mujeres en la mente, debían ser familiares, ya que se parecían, pero, a simple vista, en carácter eran completamente diferentes.
—Papá, ¿quién era la persona en la casa de Orihime-chan?
—No lo sé, jamás la había visto.
—Creo que tiene problemas, ¿escuchaste la forma en que le hablo a Orihime-chan? Tan grosera y vulgar.
—No pienses en eso, mejor, prepárate porque tú y yo nos daremos un baño
—No quiero —Se acurrucó contra la puerta.
—No te pregunté —Y lo arrastró por todo el pasillo para llevarlo al baño.
Ya ambos en la bañera, Ulquiorra no dejaba de mirar con los ojos entrecerrados a Daniel, que parecía disfrutar muy bien el agua.
«¿Tuve que arrastrarlo por esto?»
Cuando se aseguró que Daniel dejaba de jugar y comenzaba a bañarse, no pudo evitar pensar en Orihime y aquella extraña mujer.
«No conseguiré nada haciendo hipótesis, apuesto que mañana ella terminará contándome sobre eso»
.
.
.
Nuevo capítulo, ¿qué les pareció? Después de tanto por fin podemos empezar con el Ulquihime, ¿qué creen que pase después? Déjenme saber en los comentarios. La imagen de portada es más o menos lo que me imaginé para la foto que les tomaron, sólo ignoren los diálogos xD
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Buscando Mamá
FanficMientras Orihime busca un nuevo trabajo para arreglar su destrozada vida, se encuentra con memorables personajes que la hacen sentir como si hubiera renacido, entre ellos, Ulquiorra Cifer, su amargado compañero, y junto a él, su adorable... ¿Hijo? ¡...
