Cap. 22: A las diez en punto

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Daba vueltas en mi cama intentando asimilar la gran noticia que estaba atacando cada resto vigente de mi cordura. Consumiéndome desde dentro hacia fuera, cada vez más rápido. En una constante lucha contra mi propia mente, que me obligaba a contar mi secreto y aun así trataba de mantener la calma. Lo que era demasiado difícil.

Estaba bajo demasiada presión y mis ojos no podían ya soportar el peso de las lágrimas que quería esconder de los demás. Era un momento realmente difícil para mi. Pero me imaginaba que para mi hermana Alisha tampoco lo era todo de color de rosas, estaba atrapada en un lugar desconocido con personas extrañas y algunas que a la mínima provocación podrían volverse agresivas. Seguramente tenia poca idea de lo que debia hacer en esa situacion.

Quizá las marcas en su piel serian eternas y su vieja concepción no lograría sobrevivir ante aquella jungla de cemento y paredes blancas. Era consciente de que por ética yo no podía atenderla, aunque no recordaba tenerla como paciente. Al mismo tiempo sabia que si comenzaba a tratarla diferente que al resto toda la atención se enfocara en ella lo que sería realmente incómodo. No saber cuando regresaras a casa es lo suficiente malo como para sumarle presión médica.

..

Mientras tanto Ginebra estaba disgustada. Por recomendación de su compañero, cuyo nombre prefería no recordar, tomó el primer vuelo hacia Francia y busco por las calles una casa en particular. Donde se suponía vivía una de las dos chicas a quienes estaba buscando con urgencia. No la encontró por ningún lado. Como si la tierra se la hubiese tragado y dejado en cualquier otro lugar del mundo, qué quizá ella desconocía. No lo entendía, ¿dónde podía estar?.

Después de un par de llamadas y un taxi hacia el aeropuerto, que por suerte encontró rápido, compro otro pasaje de avión. Esta vez para una ciudad bastante alejada de donde ella se encontraba. Debía viajar por unas doce horas hasta América del Norte, rogando encontrar a la otra y por fin terminar su tarea. Empezaba a añorar su hogar y esta vida tan veloz estaba empezándole a disgustar.

Un par de horas después y antes de que el dia acabara llego por fin a la ciudad prometida, donde según lo que escucho por ahi sus sueños se cumplirían. Lo único que deseaba era terminar con esta infernal tarea que le estaba quitando tiempo vital de su vida. Esto la llevo a tomar la decisión de descansar por la noche antes de continuar con su tarea. No llegaría a ningún lado con los ojos prácticamente cerrados. Por lo que fue al motel más cercano. Necesitaba una cama y su dinero estaba acabándose rápidamente.

El bus la dejo en la recepción y a cambio de una llave colorida, dejó sobre la mesa sus últimos billetes. Esto la puso en alerta, si todo iba bien mañana mismo podría marcharse a Suecia de nuevo. Pero si eso no sucedía se las vería oscuras.No tenía ningún plan b o as bajo la manga. Ni siquiera dinero o una misera tarjeta de débito de donde extraer un poco. Aunque prefería dejar de pensar en eso. Lo único que necesitaba ahora era calmarse y pensar. Debía jugar las cartas bien, de lo contrario se quedaría sin trabajo, sin casa o sustento y eso era algo que definitivamente no podía sucederle.

Habia dejado de creer en la suerte, por lo que no se fio de esta. Lo mas seguro seria llamarlo. Saco nerviosa el teléfono de su bolsillo delantero y al hacerlo las llaves que aún seguían en su mano se movieron. Marco el número que ya sabía de memoria y espero.

-Hola. ¿Todo está bien? -pregunto una voz ronca detrás de la línea.

-No! Nada lo está. Estoy en medio de Nueva York perdida, por tu culpa. Me quede sin dinero y no sé cómo proseguir en estos casos.

La voz rio.

- ¡No es gracioso, imbécil! Solucióname el problema ahora-exclamo la chica molesta.

- ¡Ey!, no te pases de lista conmigo-la riño.

Ella suspiro, mirando al suelo.

-Para tu suerte. Sabía que esto podía pasarte, por lo que tengo un respaldo-continuo él.

- ¿Ah sí? -pregunto Ginebra.

Mientras la llamada seguía su curso, camino por el pasillo hasta el final. Su habitación estaba allí,la última de la larga hilera. La 109.Deslizo la llave en el cerrojo y esta abrió dejándola frente a un estrecho espacio conformado por una cama, una mesa de luz, un pequeño ropero que se podía apreciar desde lejos y poco más. Sonrió confortándose por el suave crepitado que emitía la estufa. Se adentro aún más y encendió la luz dándose una sorpresa para nada grata.

Un hombre estaba sentado en el sillón frente a la puerta,observándola fijamente. El susto hizo que lanzara el teléfono, que hasta ahora llevaba en su mano, hacia el suelo y gritara.

-Lo...lo siento. ¡Me equivoque de habitación! -se disculpó aun sabiendo que tenía la razón.

- ¿Eres Ginebra verdad? Te vine a buscar en nombre del patrón- acercándose.

- ¿Quién eres y que haces aquí? -pregunto la chica.

-No te asustes muñeca-rozando la cara de la misma con su fría mano. Vine a proveerte lo que necesitas-continuo. Con una sola condición, no le cuentes a nadie de nuestros negocios.

-Ajaja, como si fuera a traicionarlos ahora-se burló ella.

-Bien, porque sabes que con nosotros es mejor que no te metas- contesto el señalando el arma que llevaba en su bolsillo.

Dejo los fajos sobre la cama y desapareció tan misterioso como llego. Ginebra ya estaba acostumbrada a las visitas inesperadas, por lo que ni se inmuto. Solo se acomodó suspirando. No sabía desde cuando su vida se había vuelto así, con tantas ideas y vueltas. Desencuentros y traiciones. Se quitó los zapatos y mientras su cuerpo deslizaba entre las sábanas blancas pensó en lo diferente que era todo ahora. Nada quedaba de su versión más joven, esa aventurera que vivía aislada. Pronto se quedó profundamente dormida.

Al salir el sol ya estaba levantada y con una taza de café entre las manos. Se llevo la pequeña mochila con ropa, dejó en la recepción la llave y ahora estaba desayunando junto al resto de los huéspedes. En un salón conjunto. Llevaba la capucha puesta para que nadie pudiera reconocerla con su extravagante color de cabellera. Se movía silenciosamente. Y si todo salía bien pronto seria millonaria y nunca más tendría que exponer su vida de esa manera.

Levanto su plato de plástico, lo deposito en un cesto de basura y salió hacia la calle. El dia recién estaba comenzando. Seria largo.

El cómo o el cuándo llego no es tan importante. Pero una hora más tarde estaba frente al lugar que había estado buscando hace días. Uno llamando "Hospital Hasten", al llegar se encontró complicidad de finalmente estar frente a su destino. Al mismo tiempo la adrenalina se acumuló en sus miembros inferiores y tuvo el impulso de correr hacia la entrada, buscar a Alisha, tomarla de la solapa de su camisa y obligarla a confesar el paradero de su hermana. Automáticamente supo que eso no sería bueno.

Camino calmada por la vía que estaba bordeaba por pequeños espacios de pasto, deteniéndose en seco frente a la puerta. Antes de entrar la vio sentada en uno de los sillones, conversando animadamente con otra mujer quien estaba de espaldas. No lo podía creer, estaba allí frente a ella. Seis años habian pasaron y se veía bastante similar.

Tomo su teléfono y comenzó a tomarle fotos para enviarlas más tarde. Sin embargo, esa no fue la única sorpresa ya que eventualmente la chica con la cual estaba charlando Ali se dio vuelta. Al principio no se presto demasiada atencion, hasta que segundos despues sus ojos sorprendidos se percataron que se trataba de la mismísima Emily.

- ¡Hoy estoy de suerte!- pensó.

La primera parte del plan estaba terminada. Ahora esperaría a recibir nuevas órdenes al respecto. 

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