Cap. 30: Quentin

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Había pasado los últimos quince minutos estático, con el peso de su cuerpo apoyado sobre su pierna derecha y esperando que el destino hiciera lo suyo.  Esperaba a alguien, a quien ya se conocía por sus múltiples cualidades y por su increíble sensibilidad. Tenía una mano dentro del bolsillo del pantalón y la otra sosteniendo su teléfono, por si algún mensaje importante llegara y no lo tomara por sorpresa. La noche estaba fría, pero a su alrededor el aire se empalidecía al son de su sonrisa que hacía brillar con ella a cada uno de sus blancos dientes. El mundo se veía bastante calmado aquí y ahora.

Si fuera alguno de sus muchos colegas, quizá hubiera estado desarmando un cigarrillo con los dedos, sin embargo, él no era de vicios. Lo motivaba su amor al trabajo y la buena vida lejos de alcohol y drogas. Era un buen chico y tenía muchas aspiraciones a futuro. Era joven, tenía treinta años y sabía de verdad lo que quería para su vida y cómo lograrlo. 

Tenía un título en medicina y una especialidad en psiquiatría. Trabajaba en dos clínicas psiquiátricas para futuramente poder pagar una especialidad mayor, posiblemente en trastorno límite de la personalidad.

Recordar ese momento le robó una sonrisa. Estar allí esperando en el medio de la alborotada ciudad de fin de semana y sin tener mucho que hacer, sólo esperar, lo llevó a pensar en diversas cosas. Entre ellas su vida. Todo lo que pasó durante su niñez y adolescencia. Lo que lo había orillado a volverse quien era hoy en día. Sería fortuito revivir algunos de esos momentos mientras le ganaba tiempo al tiempo, pidiendo que la noche durara para siempre, que todo saliera bien y que fuera sin dudas una experiencia inolvidable.

Flashback:

Era único hijo de dos personas increíbles. Su madre, Susan, era una exitosa médica sin fronteras nacida en Canadá. Había pasado gran parte de su vida ayudando a personas necesitadas y viajando alrededor del mundo con este único fin. En uno de sus recorridos por las regiones más pobres de África conoció a Gregory, quien se convertiría pronto en la luz de sus ojos y compañero fiel de aventuras. Él tenía gran conocimiento de las estructuras, al haber estudiado ingeniería civil. Juntos construyeron una gran clínica en Little Búfalo, Alberta, y ese fue el primer lugar que el pequeño Quentin pudo reconocer como propio.

El creció entre médicos y personas que trabajaban en la gran construcción, cuyos dueños eran sus padres. Desde niño descubrió que quería seguir la profesión de su madre. Siempre tuvo interés en el cuidado de los pacientes, por lo que pasaba sus tardes de verano dando vueltas por el lugar y ayudando a las enfermeras en lo que pudieran llegar a necesitar. Cuando tuvo la edad necesaria comenzó a tomar cursos de primeros auxilios hasta llegar a la universidad donde siguió la carrera de los sueños. Sabiendo que su carrera parecía lucir brillante y percibía grandes augurios de esto.

Aunque no todo en su vida fue perfecto. Nadie de sus familiares o amigos falleció y siempre tuvo lo que quiso, durante el tiempo vivido. Sufría de otra manera, que era igualmente valida. De pequeño había sido siempre uno de lo más inteligentes de su clase y eso le hizo más difícil conocer personas o posibles futuras parejas amorosas. Por lo que pasaba las tardes solo, jugando videojuegos o charlando con su grupo reducido de amigos. Lo positivo para él fue que cuando cumplió veintitrés años y se convirtió en un joven especialista, comenzó a conocer realmente el mundo detrás de las paredes de su habitación.

Fin del Flashback

Dejó de pensar cuando vio a Emily bajar de un auto y saludarlo con la mano. Lo primero que pensó era en lo bien que se veía con el cabello suelto, el cual le enmarcaba el rosto y los labios rosa. Se acercó a ella y la saludó. Charlaron mínimamente de trivialidades para entrar al bar pronto.  Él había reservado una mesa por lo que los pusieron en la mejor ubicación del lugar, todo por causarle una excelente impresión durante la primera cita. Le acerco la silla y le ofreció su abrigo, todo para que ella se sintiera cómoda y viera lo caballeroso que podría ser. Que no se arrepintiera de haber salido con el. 

La música que sonaba era increíble, amenizaba el ambiente de forma espectacular, lo cual sumado a la sonrisa de su cita y el ida y vuelta conversacional volvió la salida todo un éxito. Disfrutaron de unas cervezas y papas fritas para compartir; y disfrutaron la compañía del otro por un par de horas que pasaron como si fueran segundos. Eso era algo que realmente necesitaba en ese momento, dejar de pensar y disfrutar del basto presente.

Tras el segundo vaso ambos comenzaron a relajarse y las ganas de besarla comenzaron a acrecentarse con el paso de los minutos. Comenzó a observarla únicamente como si no hubiera nadie más importante.  Solo en las luces de color y aquellos ojos que hacían que toda su personalidad resaltara entre los demás. El lugar estaba repleto de personas que caminaban por doquier y aun así la única que sus ojos lograban ver era la que estaba al lado de él. No podía evitarlo y a esa altura de la situación tampoco quería hacerlo.

- ¿En qué estás pensando, Quentin?- le pregunto la chica al notarlo callado y él temió que lo hubiera visto sonreírle a la nada como un tonto. 

- En nada, solo estoy disfrutando el paisaje. No puedo evitarlo, tengo el mejor paisaje del mundo frente a mi- respondio el con una media sonrisa viendola directamente a los ojos. 

Ella soltó río y la pudo notar un poco sonrojada,lo que le dio pie a preguntar. 

- Me pareces muy linda y no quiero sobrepasar tus límites por lo que necesito preguntar, ¿tienes novio? -era algo que lo ponía muy nervioso cuestionar, pero se le facilitó gracias al alcohol.

La chica lo miró y tomó un par de segundos para responder.

- No, estoy súper soltera- exclamó estirando los brazos hacia arriba en señal de celebración.

No sé si fue la canción que sonaba en ese minuto, el momento o el destino, pero sus miradas se perdieron una dentro de la otra hasta convertirse en una sola. Quizá ninguno de los dos se dio cuenta de eso ahí, mas, la conexión fue demasiado real como para intentar fingir lo contrario. Por lo que no fue sorpresa para ninguno de los dos que ese beso fuera correspondido y que todas las partes de sus cuerpos se conectaran mutuamente. 

Su amor, pronto convertido en lujuria, llegó hasta el departamento de Quentin donde una tercera cerveza les dio la valentía necesaria para terminar de volverse uno. La ropa ya no era necesaria, por lo que desparramada por el suelo observó como esos dos amantes se amaron locamente incendiándose la piel en el acto. 

.LadyTerca.

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